Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.
Malas Compañías
El año que inicia representa una última oportunidad para que el régimen de Morena en Colima defina un legado que lo distinga de sus antecesores priistas y confiera un verdadero sentido de cambio al ejercicio del poder en la entidad. Hasta ahora, esa tarea que parecía impostergable para la transformación está muy lejos de concretarse.
La vida institucional se verá contaminada en 2026 por las definiciones políticas de cara al proceso de 2027, cuando se renueve la gubernatura. Hacia el final de este ejercicio la cúpula gubernamental estará más ocupada en colocar a sus alfiles en posiciones electorales claves que en atender las necesidades apremiantes de la población.
Por lo tanto, durante los primeros meses del año tendríamos que notar un sentido de urgencia en la actuación gubernamental, sobre todo en rubros como la seguridad pública, la salud, el desarrollo económico, la educación, la cultura y otros sectores que registran escasos o nulos avances en el actual sexenio.
En poco más de cuatro años, el gobierno de Morena ha fracasado en la construcción de una nueva realidad institucional. A no ser por los personajes encumbrados en los cargos de primer nivel y los colores que decoran las oficinas, todo lo demás es idéntico a la etapa del prianato.
La nueva casta gobernante ha tratado de construir una vaga idea de transformación a través del asistencialismo, sin embargo el impacto que pudiera representar la entrega directa de apoyos, se diluye en una realidad que ha creado otro tipo de necesidades entre la población.
Más que mochilas, uniformes o computadoras, la sociedad en su conjunto y la niñez en particular, requieren condiciones óptimas de seguridad para desarrollar todas sus capacidades; necesitan un sólido sistema de salud que garantice cobertura y calidad; demandan un contexto en el que la educación, la cultura y el deporte posibiliten la instauración de una sociedad más justa y empática.
Sin embargo muy poco se espera para la recta final del actual gobierno, si ha perdido más de 800 millones de pesos de su presupuesto al entregar el sistema de salud a la Federación. En un área fundamental para la calidad de vida de los colimenses, la administración estatal prefirió renunciar a sus atribuciones y regresar a la centralización que distinguió al periodo priista.
En el tema de seguridad, las autoridades parecen apostar a la manipulación de las cifras antes que al combate real del flagelo de la violencia. Desde la presidencia de la república y en también los estados, se insiste en una sospechosa disminución de las cifras cuando en las calles, la gente enfrenta una realidad diferente.
Lo cierto es que la descomposición es cada vez más evidente; el crimen organizado permea cada vez más estratos de la sociedad y desde las instituciones, al menos en Colima, no existe la intención de modificar la estrategia del dejar-hacer-dejar-pasar que instauraron los gobernadores priistas y que la actual mandataria morenista adoptó como propia.
En esa dejadez oficial se han perdido espacios. La vida en Colima no es mejor que hace cuatro años. Hay más violencia, más tráfico, más ruido, el transporte es más caro y con las mismas deficiencias. Se paga más por servicios igual de malos; los marginados siguen en donde mismo y los privilegiados también. El estatismo es signo de la vida pública colimense.
La educación y la cultura son marginales en un gobierno que apuesta a la superficialidad y a la inmediatez, por encima de la edificación de un proyecto de instrucción pública que proporcione a la niñez y juventud herramientas para romper con los círculos de pobreza e ignorancia que definen a generaciones completas.
Es la última llamada para que el primer gobierno de izquierda en Colima cumpla con lo prometido, la transformación de la entidad. Son estos meses, el plazo perentorio para construir un legado que resulte paradigmático y establezca precedentes claros a los futuros gobernantes.
Si el régimen de Morena apuesta por la inercia, pariente cercana de la incapacidad, renunciará de facto a la oportunidad histórica que le concedió la población en la elección de 2021. Sin cambios sustanciales en las próximas semanas y meses, estaremos ante otro sexenio perdido, uno más.
BREVE HISTORIA PARA CAMILA. Sin mayores aspavientos, este año solo deseo estar cerca y poder compartir la vida con las personas que quiero. Para la princesa deseo que aprenda, que viaje y que extienda sus horizontes. Por supuesto que la felicidad siempre la acompañe y conserve la salud. Para quien esto lee, mi agradecimiento y los mejores deseos en este 2026.