Autor: Sergio Escareño.
En Colima, la cultura parece ocupar un lugar secundario en la agenda gubernamental. Aunque recientemente se han realizado acciones para mejorar las instalaciones del Complejo Cultural, como trabajos de pintura y limpieza, el abandono en el que se encuentran los talleres, museos y el teatro evidencia la falta de un programa integral para la difusión de la cultura en el estado.
Un caso positivo es el regreso de los trabajadores de artes a sus instalaciones originales, tras haber sido desplazados injustificadamente al Palacio de Gobierno. Este retorno no se dio por iniciativa de las autoridades, sino gracias a la presión ejercida por artistas, medios de comunicación y el público en general. Las instalaciones del teatro nunca presentaron daños que justificaran el traslado, lo que subraya la improvisación con la que se toman decisiones en el sector cultural.
Sin embargo, los problemas persisten. La Banda de Música del Estado enfrenta un panorama desalentador debido a la indiferencia del subsecretario de Cultura, quien ha retrasado de manera injustificada la convocatoria para elegir a su nuevo director. La primera convocatoria interna fue diseñada con requisitos restrictivos que favorecían a un candidato específico, lo que desató la oposición del sindicato. Aunque una nueva convocatoria fue anunciada en octubre, hasta ahora no se ha avanzado ni siquiera con la primera evaluación.
Esta situación refleja una constante en la gestión cultural actual: la preferencia por acomodar a recomendados en puestos clave, en detrimento de la transparencia y el compromiso con el desarrollo del sector. Ejemplos similares pueden encontrarse en otras dependencias, donde los cargos parecen ser otorgados más por lealtades personales que por capacidades.
A esto se suma una preocupante práctica de intimidación hacia los trabajadores del sector cultural. Las amenazas y represalias se están convirtiendo en una estrategia recurrente para acallar las críticas y evitar filtraciones de información sobre el mal manejo de las instituciones. Este ambiente hostil no solo afecta la moral de quienes laboran en el ámbito cultural, sino que también obstaculiza el desarrollo de proyectos que podrían beneficiar a la sociedad colimense.
Es imperativo que la gobernadora cumpla con las promesas de renovar su gabinete y coloque a personas comprometidas con la cultura y la sociedad en los puestos de decisión. Colima necesita un liderazgo que entienda que el arte y la cultura no son meros adornos, sino pilares fundamentales para el desarrollo integral de su comunidad. La indiferencia y los intereses particulares no tienen cabida en un estado que busca prosperar a través de su riqueza cultural.