México es el tercer país con más emigrantes en el mundo; Silvia Giorguli advierte que criminalizar la movilidad humana y cerrar vías legales puede producir efectos contrarios a los buscados
Colima, México, Avanzada (03/10/2026).- Las políticas de criminalización, cierre de fronteras y endurecimiento de los controles migratorios no necesariamente reducen la migración y, en algunos casos, pueden provocar el efecto contrario: aumentar la permanencia de los migrantes, impulsar rutas más peligrosas o incrementar la población en condición irregular.
Así lo planteó Silvia Elena Giorguli Saucedo, especialista en demografía y migración, durante el X Encuentro Libertad por el Saber, dedicado a las migraciones y organizado por El Colegio Nacional, donde expuso que existe un desfase entre la manera en que han cambiado los movimientos migratorios y las políticas utilizadas por los gobiernos para enfrentarlos.
Giorguli sostuvo que las respuestas institucionales suelen ser reactivas, con poca planeación y sin una visión integral de mediano y largo plazo, escenario que facilita la criminalización de los migrantes y el establecimiento de medidas cada vez más restrictivas.
Uno de los ejemplos expuestos fue precisamente México.
La especialista recordó que Estados Unidos endureció sus políticas migratorias desde la década de los ochenta, con la reforma migratoria de 1986, y posteriormente reforzó muros, vigilancia fronteriza y gasto destinado al control migratorio durante los años noventa.
Sin embargo, ese periodo coincidió con el mayor crecimiento de la población mexicana radicada en Estados Unidos.
Giorguli retomó los estudios del especialista Douglas Massey para explicar que las restricciones terminaron cerrando, sobre todo, la posibilidad de regresar a México. Los flujos continuaron, pero quienes ya habían cruzado permanecieron en Estados Unidos; posteriormente se consolidaron comunidades y procesos de reunificación familiar.
“Las políticas restrictivas cerraron la puerta, pero la de regreso a México”, sintetizó al explicar el fenómeno.
La especialista señaló que la población mexicana en Estados Unidos dejó de crecer posteriormente, pero vinculó ese cambio principalmente con la Gran Recesión, las deportaciones durante el gobierno de Barack Obama y la transformación demográfica experimentada por México.
México, tercer país con más emigrantes
Durante su exposición, Giorguli señaló que México es actualmente el tercer país con mayor número de emigrantes en el mundo y que alrededor del 9 por ciento de su población vive fuera del territorio nacional.
El fenómeno, sin embargo, forma parte de una realidad mundial mucho más amplia.
De acuerdo con las cifras presentadas en el encuentro, alrededor de 304 millones de personas viven actualmente en un país distinto de aquel donde nacieron, equivalentes a aproximadamente 3.7 por ciento de la población mundial.
Aunque el número prácticamente se duplicó respecto de los 150 millones contabilizados en 1990, el porcentaje respecto de la población mundial se ha mantenido durante las últimas décadas entre 2.9 y menos de 4 por ciento.
Es decir, alrededor del 96 por ciento de la población mundial continúa viviendo en el país donde nació.
Giorguli utilizó esas cifras para cuestionar expresiones como “oleadas” o “crisis migratoria” y la percepción de que existe una cantidad desproporcionada de migrantes.
También rechazó, con base en la evidencia revisada durante su exposición, las generalizaciones que presentan a los migrantes como una amenaza para las identidades nacionales, responsables de mantener bajos los salarios o una carga para el gasto público y los programas sociales.
Restricciones pueden empujar hacia la irregularidad
Otro de los casos presentados fue Cuba.
Giorguli explicó que durante años el número de cubanos indocumentados fue reducido debido al trato migratorio preferencial y a la existencia de canales legales para ingresar a Estados Unidos.
A partir de 2021 comenzaron a imponerse restricciones y, de acuerdo con los datos expuestos, el resultado no fue una reducción de la migración cubana, sino un incremento de la migración irregular.
La cifra pasó de menos de 5 mil personas en 2019 a 475 mil en 2023, mientras los migrantes comenzaron a utilizar rutas terrestres más largas y peligrosas.
El tercer ejemplo fue Venezuela.
En 2015 había menos de un millón de venezolanos viviendo fuera de su país; nueve años después la cifra se aproximaba a ocho millones, equivalente al 29 por ciento de la población venezolana.
En ese caso, explicó Giorguli, las restricciones migratorias tienen un peso menor frente a las condiciones políticas y económicas que impulsaron el éxodo. Además, Estados Unidos ni siquiera constituye el principal destino: Colombia ocupa el primer lugar, seguida por Perú.
La mayoría de los migrantes en EU está documentada
La exposición también cuestionó otra percepción frecuente en el debate estadounidense: que la mayoría de los extranjeros que viven en ese país se encuentra de manera irregular.
De los más de 50 millones de migrantes residentes en Estados Unidos, 73 por ciento cuenta con documentación: 46 por ciento son ciudadanos naturalizados, 23 por ciento residentes permanentes y otro porcentaje corresponde a residentes temporales, trabajadores con visa, visitantes o estudiantes.
Dentro del grupo restante existen, además, personas que mantienen procedimientos legales abiertos, entre ellos solicitantes de asilo, beneficiarios de protección humanitaria, del Estatus de Protección Temporal (TPS), de DACA o personas liberadas en la frontera mientras se resuelve su situación.
Giorguli destacó además la dimensión humana de las políticas migratorias: alrededor de cinco millones de menores viven con padres indocumentados y 30 por ciento de la población indocumentada —principalmente del grupo estimado en ocho millones de personas— llegó a Estados Unidos hace más de 18 años.
“Migrar es una forma de aprender”
El X Encuentro Libertad por el Saber fue inaugurado en El Colegio Nacional con la participación, entre otros especialistas, de Julia Carabias Lillo, Silvia Giorguli, Antonio Lazcano Araujo y el subsecretario de Educación Superior, Ricardo Villanueva Lomelí.
Durante la inauguración, Villanueva sostuvo que la historia del conocimiento humano está estrechamente vinculada con los desplazamientos de las personas y cuestionó el resurgimiento de barreras y discursos xenófobos.
“La movilidad de ideas, lenguas y personas no es una amenaza: es una oportunidad para volvernos más humanos. Migrar, en el fondo, es una forma de aprender”, afirmó.
En el mismo encuentro, el demógrafo e historiador italiano Massimo Livi Bacci advirtió que las migraciones contemporáneas están condicionadas por factores ambientales, económicos y de violencia, además de normas que determinan quién puede desplazarse entre países.
Para el especialista, muchas de esas normas resultan injustas, perjudican a los propios migrantes y limitan los efectos positivos que puede generar la movilidad humana.
Giorguli cerró su intervención planteando la necesidad de construir para el continente americano una gestión migratoria “humana, ordenada, segura y regular”, sustentada en evidencia y no únicamente en percepciones o discursos políticos.