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CULTURA

Tlaltecuhtli: el monumental rostro de la Tierra que emergió bajo el Templo Mayor

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El monolito mexica, hallado el 2 de octubre de 2006, es considerado la escultura más grande de su tipo descubierta hasta ahora y conserva vestigios de los colores con los que fue concebida.

Ciudad de México, Avanzada (03/10/2026).- El 2 de octubre de 2006, la arqueología mexicana sumó uno de sus descubrimientos más importantes de las últimas décadas. En pleno corazón de lo que alguna vez fue Tenochtitlan, bajo las estructuras del Templo Mayor, investigadores localizaron el enorme monolito de Tlaltecuhtli, una de las representaciones más imponentes de la cosmovisión mexica.

El hallazgo fue realizado por especialistas del Programa de Arqueología Urbana (PAU), quienes encontraron la escultura fragmentada en cuatro partes. Tallada en piedra volcánica, la pieza mide aproximadamente cuatro metros por lado y pesa más de 12 toneladas, dimensiones que la convierten en el monumento escultórico mexica de mayores proporciones conocido hasta ahora.

La representación muestra a Tlaltecuhtli en una postura asociada con el parto, con las extremidades flexionadas, garras extendidas, el cabello desordenado y la lengua proyectada hacia el exterior. En la pieza también se conservaron restos de pigmentos, evidencia de que originalmente estuvo cubierta con colores que resaltaban sus distintos elementos.

La figura representa una concepción compleja de la Tierra: al mismo tiempo que simboliza la fuerza que da origen a la vida, encarna también su carácter devorador. Su vínculo con la muerte y el destino de las almas se relaciona con la idea del inframundo y con el ciclo permanente de destrucción y renacimiento presente en la cosmovisión mexica.

Los arqueólogos también identificaron en la zona de la cabeza rastros de cabello relacionados con una ofrenda humana, elemento que reforzó la interpretación ritual del monumento. Por sus características y ubicación, se ha planteado que el monolito pudo haber señalado el acceso a una tumba de carácter real y simbolizado la entrada al inframundo.

Más allá de sus dimensiones, el descubrimiento permitió conocer nuevos aspectos del pensamiento religioso y funerario de los mexicas, así como la importancia que concedían a la tierra dentro de su concepción del universo.

A dos décadas de su descubrimiento, Tlaltecuhtli continúa siendo una de las piezas más relevantes del patrimonio arqueológico mexicano y puede apreciarse en el Museo y Zona Arqueológica del Templo Mayor, en Seminario 8, Centro Histórico de la Ciudad de México.

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