Malas Compañías
Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.
Luego del nombramiento de Rosa María Bayardo como virtual candidata de Morena a la gubernatura (aunque la simulación le otorgue un membrete diferente, mismo que nadie entiende para qué sirve más allá de hacer campaña anticipada), ese instituto político entró en una vorágine de errores, excesos y extravíos que muestran la verdadera dimensión de sus líderes y principales figuras.
El 25 de agosto, la alcaldesa de Manzanillo con licencia fue declarada Coordinadora de la Defensa de la Transformación en Colima, un eufemismo que le permite hacer campaña desde un año antes de la elección del próximo año, cuando se renovarán la gubernatura, el Congreso del Estado y las 10 alcaldías de la entidad.
Ese acto debía convertirse en una muestra de fortaleza y unidad, un paradigma de lo que deberían ser los procesos internos partidistas en los tiempos de la Cuarta Transformación, una ocasión para renovar los postulados del lopezobradorismo y del movimiento que ahora encabeza Claudia Sheinbaum.
Sin embargo, no sucedió así. En términos políticos fue un desastre, una vulgar imposición que divide y genera afrentas entre los aliados, además de que agravia a esos sectores de la sociedad que todavía esperaban un rompimiento con las viajas prácticas en el ejercicio del poder.
Numerosos son los hechos que muestran un profundo extravío de los principales cuadros morenistas, la tendencia al exceso y la arrogancia, la preferencia ineludible por la opacidad y sobre todo, el desprecio por las maneras democráticas que paradójicamente afirman defender.
El primero de ellos es la desaparición de la supuesta encuesta que ganó Rosa María Bayardo. La dirigencia nacional, la estatal y la propia virtual candidata se han negado sistemáticamente a mostrar esos hipotéticos resultados, ¿cuál es la razón de ocultar el documento?. Un ejercicio lógico y sin tendencias indica que, si nadie es capaz de mostrar esos números, se debe a que simplemente no existen.
Luego, en su afán de apuntalar y magnificar la imposición de Rosa Bayardo, la cúpula de Morena en la entidad organizó un evento con sus acólitos. Tal cónclave solo mostró dos cosas: la pobreza de los cuadros morenistas, quienes, a no ser por la nómina gubernamental y el acceso a los privilegios, tienen una escasa influencia entre los colimenses.
Pero también quedó clara la sumisión de personajes que representan a instituciones que incluso en los tiempos más oscuros del priismo mantenían cierta independencia, o al menos no actuaban con tal desvergüenza para plegarse al poder en turno.
Así, desfilaron para besar la mano de la virtual candidata de Morena, el presidente de la Comisión de Derechos Humanos, así como varios magistrados del Tribunal Superior de Justicia y de Disciplina Judicial, cuando se supone que estos, electos por el voto popular, serían independientes y sin intereses partidistas (no como los del prianismo).
No faltaron toda suerte de funcionarios y personajes que hicieron del evento una galería de la incapacidad, la negligencia y la estulticia en el desempeño de la función pública. Es decir que antes que una celebración, la reunión se convirtió en una ofensiva tertulia de la misma clase política que ha sido incapaz de sacar a Colima del atraso en que se encuentra desde hace por lo menos tres lustros.
Por su fuera poco, desde el nombramiento de Rosa Bayardo, la cúpula morenista se ha dedicado a menospreciar a sus aliados del Partido del Trabajo y del Partido Verde, efectivamente parásitos del sistema de partidos, pero útiles al momento de buscar los votos de los desencantados, los indecisos y los despistados.
Antes que una operación política que zanje distancias y elimine desacuerdos, los morenistas actúan con soberbia. Se sienten ganadores desde ahora, se rodean de una excesiva seguridad y hasta deciden qué periodistas tienen el derecho de ingresar a sus eventos y cuáles se quedan afuera, en una modalidad de censura que ni los priistas utilizaron en sus tiempos de poder absoluto.
Con todos los errores cometidos en menos de dos semanas, el nombramiento de Rosa Bayardo se diluyó, naufragó entre la impericia propia y los excesos de sus correligionarios. Nadie entre los suyos tuvo el oficio político para aprovechar el momento y fortalecer su virtual candidatura. Tampoco quiere decir que perderá la elección, solamente confirma el hecho de que ella y la cúpula morenista que la rodea carecen de la estatura para el crítico momento que atraviesa Colima.
NOTAS SUELTAS. Si los morenistas no dan una, sus opositores están por las mismas. No se conoce, por ejemplo, en qué anda el alcalde Riult Rivera, pues la ciudad de Colima está abandonada, las calles sin una tristeza, no hay alumbrado en las calles campean la maleza y la basura. No se entiende cómo pretende la gubernatura, si evidentemente no ha podido con el municipio capitalino, con él aplicaría plenamente la frase “salir de Guatemala para entrar a Guatepior”.