Columna
El puercoespín
La tragedia diaria
La guerra en las calles de Colima nace en los pasillos de la Fiscalía del estado y la Secretaría de Seguridad Pública. No es una guerra marginal ni entre marginales, pues se origina, dirige y opera desde los espacios del gobierno, en particular de los órganos de seguridad del Estado.
En los comunicados son perfectamente explícitos los miembros del crimen organizado al hablar de los vínculos entre el Gobiernos del estado y ellos, como el publicado por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que sostiene: “Dense cuenta, pueblo, como matan a policías y ministerios públicos y estos mandos se la pasan encubriendo a sus cómplices como ya ha quedado manifiesto en videos y fotografías.
El supuesto hallazgo del joven Juan Carlos Torres Angulo en el Alpuyequito es el claro ejemplo de cómo torturan y golpean a los jóvenes de Colima los policías al servicio de estos mandos corruptos.
Señora gobernadora Indira Vizcaíno es momento que nos deje poner orden a nosotros y acabar con la violencia en este estado para que las y los colimenses vuelvan a vivir La Paz (sic) que tenían hace 15 años.”
La violencia que está ocurriendo en Colima no es una guerra al margen del gobierno del estado, todo lo contrario, pues el fiscal, el director y coordinador de Investigaciones, el secretario de Seguridad Pública y el coordinador de Mandos Mixtos, según el CJNG, están involucrados. Es una guerra donde estos son primeros actores, por sus acciones y sus omisiones, es decir, por sus vínculos y sus actos contra uno y otro de los cárteles que operan en el estado de Colima.
La respuesta del cártel Independiente fue muy similar y dice así: “Gobernadora, Indira Vizcaíno, general Tonathiu Velazco (sic), capitán Vicente Andrade: no hagan pactos con las jaliscas son muy traicioneras.”
Si alguien está empoderado en Colima estos son los cárteles del tráfico de drogas que se asumen como los que mandan y solo reconocen en el Gobierno del estado un interlocutor más en la disputa por la hegemonía territorial.
Por otro lado, surgió un nuevo actor que son los Policías Buenos que le dan legitimidad a los comunicados de los cárteles y confirman que la disputa es real y que son los cárteles quienes verdaderamente mandan y siguen operando sin alterar la inercia de su vida criminal. Confirman la penetración de la Fiscalía, de la Secretaría de Seguridad y de las Policías Municipales, así como de la inquebrantable vida corrupta en el Cereso a pesar de la intervención y presencia de la Marina Armada de México.
Los Policías Buenos termina su texto de forma impecable: “Y de la gobernadora Indira Vizcaíno, mejor ni hablamos, porque ella vive en una burbuja, en un país de las maravillas, donde para ella todo está bien y nada la importa, es una mujer soberbia, indolente y corrupta. Seguiremos atentos e informando.”
El remate del texto de los Policías Buenos es insuperable para describir la forma de ejercer la investidura gubernamental de Indi.
Las caricaturas y la política
Ellas se asumen como dibujos animados (Rosi, Viri e Indi) y se creen poseedoras de simpatía, poder e ingenio que por su propia fuerza crea empatía y bonos políticos entre la sociedad, pero no, lo que realmente está sucediendo es todo lo contrario. Yo sostuve a los seis meses de iniciado su gobierno que se estaban convirtiendo en una caricatura política y ellas mismas, en los hechos, decidieron como un pícaro chiste hecho carne, y de enorme ingenio, asumirse como una caricatura de verdad. La idea, a toro pasado, de sus asesores de hacer el símil de súperpoderosas con empoderadas resultó más patético que el error cometido. A estas alturas no sabemos los colimenses quiénes resultan más patético si estas mujeres que se dicen políticas o sus asesores que pretendieron hacer un chiste de su “empoderamiento” político.
Entonces resulta su posición más patética, pues estas mujeres ni son súperpoderosas, como las caricaturas, ni están empoderadas porque el crimen organizado las desplazó del poder o nunca las dejó llegar. Están en la nómina del gobierno, pero no ejercen ningún poder político, salvo el de firmar y el que le reconocen los otros poderes formales que les tienen que reconocer por obligación constitucional que, no es cosa menor, pero que ellas están reduciendo a una tragicomedia que solo se podrá ver en sus justas dimensiones cuando abandonen el poder, que reitero, no ejercen porque no tienen los hilos conductores para operarlo y porque los poderes fácticos y el crimen organizado son los operadores del poder real en Colima como se puede observar.
Los empoderados son los poderes fácticos y el crimen organizado; ellas son las Chicas Súperpoderosas de la ciudad de Saltadilla. Se convirtieron en caricatura porque no saben hacer otra cosa, la realidad de Colima nunca la entendieron.
Ni empoderadas ni súperpoderosas, simples adolescentes convertidas en caricaturas por decisión propia.