México, Avanzada (15/06/2026).- El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) consolida en Bacalar, Quintana Roo, el análisis científico de miles de materiales arqueológicos recuperados durante las obras del Tren Maya, mediante seis laboratorios especializados encargados del registro, clasificación, conservación y estudio de más de 27 mil piezas completas, restos de fauna, materiales líticos y más de 2 millones de tiestos cerámicos.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que el trabajo desarrollado por el INAH en estos espacios demuestra que la protección del patrimonio arqueológico no concluye con la recuperación de los hallazgos, sino que continúa mediante procesos científicos de investigación y conservación.
“Estos espacios permiten transformar el salvamento arqueológico en conocimiento público, fortalecer capacidades científicas en Quintana Roo y ampliar la comprensión de la vida, las tecnologías y las redes de intercambio de los pueblos mayas”, señaló.
Los laboratorios de Lítica, Bioarqueología, Muestras, Materiales Históricos y Misceláneos, Cerámica y Zooarqueología fueron instalados en la sede de la Casa Internacional del Escritor, en Bacalar, tras la adecuación del inmueble por parte del Gobierno de Quintana Roo y la Secretaría de Cultura, a través del INAH.
Uno de los espacios más relevantes es el Laboratorio de Zooarqueología, donde se estudia la relación de los pueblos mayas con su entorno natural, el aprovechamiento de especies animales y el uso ritual, ornamental y utilitario de materiales de origen faunístico. Este laboratorio resguarda más de 14 mil 500 registros integrados por más de 27 mil piezas completas y fragmentos de fauna.
La responsable del área, Marisol Arce Acosta, informó que 84 por ciento de los materiales analizados corresponde a conchas y caracoles utilizados para la elaboración de objetos rituales, votivos y ornamentales, como cuentas, pectorales, pendientes y orejeras.
Asimismo, se han identificado herramientas de uso cotidiano como cuchillos, hachas, punzones y percutores, algunas asociadas con actividades especializadas, entre ellas el procesamiento de pieles y la carpintería.
Entre los hallazgos también destacan huesos de distintas especies, espinas de raya y bagre, dientes de tiburón e incluso restos de megalodón, un tiburón prehistórico, utilizados con fines funcionales y simbólicos.
De acuerdo con la especialista, en Quintana Roo sobresale el uso de objetos elaborados con coral, modificados para actividades como la pesca y la apicultura. Además, el hallazgo de ornamentos confeccionados con conchas provenientes de la costa del Pacífico ha permitido ampliar el conocimiento sobre las rutas de intercambio comercial que conectaban distintas regiones de la península.
Como parte de sus trabajos, el laboratorio también desarrolla bases de datos georreferenciadas, modelos tridimensionales y una Colección Malacológica de Referencia, integrada por especímenes modernos procedentes del Caribe, los golfos de México y de California, así como del Pacífico, concebida como un legado científico para Quintana Roo.
Por su parte, el Laboratorio de Cerámica, coordinado por la arqueóloga Iliana Ancona Aragón, trabaja en la clasificación de más de 2 millones de fragmentos cerámicos recuperados entre Tulum y Escárcega, de los cuales alrededor de 500 mil ya han sido analizados.
Los estudios han permitido reconstruir temporalidades, vínculos regionales y dinámicas de ocupación en la Costa Oriental y el sur de Quintana Roo, además de documentar conexiones con Belice, el Petén y sitios del norte de Yucatán, revelando complejas redes de intercambio entre distintas zonas del mundo maya.
El análisis de los materiales también ha aportado evidencia sobre la continuidad de actividad constructiva y una importante densidad poblacional durante el periodo Clásico Tardío (600-900/1000 d.C.) en regiones del sur de Campeche y Quintana Roo, lo que sugiere que el llamado colapso maya tuvo un impacto menor en algunas zonas de la península.
En tanto, el Laboratorio de Lítica, encabezado por el arqueólogo Aurelio López Corral, avanza en la clasificación de 190 cajas de materiales pétreos. Parte de los estudios se concentra en identificar procesos productivos de talleres de sílex en el sur de Campeche, así como en analizar piezas de obsidiana mediante técnicas especializadas para determinar sus lugares de origen, tanto dentro como fuera del área maya.
La recepción, registro y seguimiento de la cadena de custodia de los materiales recuperados está a cargo del arqueólogo Boris Horacio Vallejo, responsable de garantizar el manejo documentado y la integridad de las piezas durante su canalización hacia los distintos laboratorios.
El INAH señaló que este complejo de laboratorios responde al reto de resguardar, organizar y estudiar el vasto patrimonio arqueológico recuperado durante las obras ferroviarias del Tren Maya, en una labor considerada inédita por el volumen de materiales hallados.