Columna
El puercoespín
Mientras a nivel nacional la percepción de la población de inseguridad va a la baja en Colima sucede lo contrario porque lo sentimos y lo vivimos a diario.
Paralelo a la angustia por la inseguridad los colimenses padecemos la ausencia de autoridad, sobre todo en la zona metropolita, donde las presidentas municipales de Colima y Villa de álvarez parece que no quieren darse cuenta ni importarles las vidas y las preocupaciones de sus habitantes en materia de seguridad.
El estado de Colima tiene el primer lugar en homicidios dolosos y es la capital del estado la que se convirtió en el epicentro de la inseguridad del toda la entidad federativa al concentrarse en ella el 37 % de los homicidios dolosos. El 86 % de los habitantes de la ciudad Colima se sienten inseguros porque sencillamente salen a la calle y se encuentran con balaceras, han escuchado balazos en su barrio y el patrullaje de la Guardia Nacional, la Marina y el Ejercito ya forman parte del paisaje. Los muertos y embolsados también están integrados en la cotidianeidad de los medios y las redes sociales; sin embargo, y a pesar todo esto, la sociedad política sigue en campaña como si nada pasara. No se da por enterada de los sentimientos, las percepciones y sobre la cuota de víctimas que la sociedad está poniendo como pago en esta emergencia delincuencial.
La gobernadora sigue en sus comportamientos infantiles y sus maneras lingüísticas dialectales de evadirse de la realidad y le importan muy poco la seguridad de los colimenses; las presidentas municipales de Villa de álvarez y Colima parecen no darse cuenta tampoco que en sus localidades es donde se están librando los peores actos de violencia urbana. No ven, no oyen, no les importa porque lo importante para ellas es su imagen y el próximo puesto político.
La gobernadora, Tey Gutiérrez Andrade y Margarita Moreno no son tan enemigas cuando de esconder los problemas se trata. Su unidad tiene como mortero sólido la complicidad para esconder la realidad que padecemos los ciudadanos. Ninguna se quiere hacer responsable de lo que está pasando. Sus vidas, aparte del fuerte dispositivo de seguridad con los que cuentan, parecen no haber tenido cambios significativos, siguen instaladas en la frivolidad y el valemadrismo. Siguen pensando en el próximo puesto y siguen actuando como si estuvieran en campaña.
Los medios de comunicación siguen impulsado la narrativa de un país caótico, pero los ciudadanos tenemos una percepción distinta a los medio, es más, tenemos una percepción distinta que evoluciona en sentido contrario a lo que pretenden los medios. Tenemos inseguridad, es cierto, pero los medios están pensando en sus intereses metálicos y mandando al carajo a la nación. Tarde comprenderán que son prescindibles.
Colima tiene una tendencia distinta porque los eventos criminales de alto impacto son una realidad que da sustento a la percepción ciudadana de que existe inseguridad en el estado.
La regidora de Morena en el Ayuntamiento de Colima llamó la atención a la presidenta municipal para que haga algo para contener la violencia que se registra en el municipio de Colima. Su postura es entendible, que le reclame a la presidenta municipal es correcto, pues ese es su papel como primera minoría. La postura de la regidora es positiva al convocar a los actores políticos a tomar posturas y tomar decisiones e instrumentar acciones.
El ejemplo de la regidora morenista –Gisela Méndez– debería de emularse por los diputados del Congreso del estado para hacerle un llamado a la gobernadora y a los miembros del Secretariado de Seguridad Pública para que rinda cuentas y asuman su responsabilidad frente al desastre de seguridad que estamos viviendo los ciudadanos.
Independientemente de los partidos políticos urge oír la voz de los políticos en materia de seguridad y urge verlos rindiendo cuentas a los funcionarios responsables de esa área frente a las instituciones correspondientes y de cara a los ciudadanos.
Ya basta de estarse haciendo patos y esconderse cuando su voz y presencia públicas es urgente y necesaria para tranquilizar a los ciudadanos y se inyecte seguridad y confianza a la población que tanto la necesita.
Sin embargo, la politiquería es lo que domina a toda la sociedad política colimense que cada vez se ve más chiquita, inepta e inutil, que cada vez la estamos entendiendo como un mal necesario frente al no surgimiento de una nueva sociedad política o ente público que la sustituya.
Gisela Méndez tiene razón en un asunto fundamental: Indira Vizcaíno debe rendir cuentas a los ciudadanos; la presidenta municipal de Colima Margarita Moreno debe de dejarse de cosas triviales y proponer cosas que sirvan a mejorar la seguridad pública; Tey Gutiérrez Andrade debe de dejarse de ser una presidenta muerta de hambre –por aquello de las fotomultas– y poner atención en la seguridad pública y empezar asumir su papel de primera línea de contención de la delincuencia. Basta ya de selfis, glamur y estupideces. Los ciudadanos precisamos acciones en seguridad pública que frenen este frenesí de violencia e incertidumbre. Los funcionarios deben de concentrarse en lo importante y urgente, lo demás debe de hacerse como siempre se ha hecho.
Los políticos deben de dejarse de evadir el asunto y comenzar a proponer cosas y sobre todo hacer cosas a favor de los ciudadanos.
Los colores de los partidos políticos, ahora, nos importan muy poco.
Cuándo se van hacer responsables de lo importante y urgente: la seguridad.
Quieren mandar, quieren el dinero, quieren reconocimiento social, quieren la foto política, pero no quieren hacer su chamba.
No quieren trabajar, quieren seguir cobrando altos sueldos, quieren imponer a sus inútiles amigos y parientes en los puestos públicos bien pagados, quieren a su partido a sus pies, pero son incapaces de brindar confianza y tranquilidad a la población.
La pregunta es ¿Quién asumirá la responsabilidad del desastre de la seguridad en la Zona Metropolitana de Colima?
Eso lo quiero yo saber. Quién se hace responsable.
*En la fotografía, la presidenta municipal de Villa de Álvarez, Esther Gutiérrez.