Columna
El puercoespín
El apócope de Colima (Coli) usado como prefijo para nombrar las cosas en forma de dialecto que, pretendió ser simpático, pero resultó anticlimático en un Colima marcado por las balaceras y la incertidumbre, producto de la inseguridad Pública, es ya la marca de un gobierno estigmatizado por el fracaso, un fracaso muy temprano.
En Colima todos conocimos de las costumbres etílicas de Gustavo Vázquez Montes. Silverio y él llegaban a las fiestas particulares y al palenque de la Feria de Colima hasta atrás en su euforia étilica; el Silverato estuvo marcado por sus frivolidades como el futbol, el gusto por las mujeres y su placer por el exceso de alcohol, todos sabían que abandonaba sus responsabilidades públicas para atender sus debilidades humanas. Mario Anguiano bebía y cabalgaba montando sus caballos finos como orgullo de su triunfo sobre la pobreza que lo marcó en su infancia y reía con la gente y se reía de la gente. Nacho Peralta gustaba de beber, en secreto, con sus más íntimos amigos en Casa de Gobierno, con la mala suerte de que una de sus fiestas íntimas terminó en tragedia. Todo Colima se enteró, gracias a Esteban Meneses, que en una de sus orgías, organizada por su fenecido secretario de Turismo, todo se salió de control y la fiesta con un scort internacional, traído desde Miami, y efebos colimenses terminó con la muerte de uno de los jóvenes, que por cierto no se ha esclarecido, y la muerte del joven sigue impune.
La vida desordenada de nuestros gobernantes son cosas conocidas por todo el pueblo. Y no sabemos si los actores políticos llevan su vida privada desordenada a la vida pública o derivada de su vida pública se desordenan sus vidas privadas. No sabemos qué cosa contamina a la otra lo único cierto es que los últimos gobernantes, de 30 años atrás, a la fecha, los gobernadores han llevado vidas de escándalo y abuso.
Lo otro verdaderamente cierto es que los colimenses estamos hartos de los exceso de los gobernadores: no más un Silverio Cavazos; a la basura Mario Anguiano; a la cárcel Nacho Peralta, porque han sido abusivos, descarados y corruptos.
Sin embargo, la ineptitud y los excesos se resisten a abandonar las vidas de los gobernantes en turno.
Hoy estamos padeciendo un gobierno que actúa en la misma línea que los anteriores.
La forma dialectal de hablar de lndira, de llamar a las cosas con el apócope de Colima (coli) anteponiéndolo en forma de prefijo al nombrar las cosas, como colimucheches, no es otra cosa que el reconocimiento que su gobierno inútil cada vez se hace más chiquito y se está refugiando en su zona de confort y único espacio exitoso: el sistema de becas (de creación federal).
El rosario del fracaso es extenso: inseguridad galopante; finanzas rotas y sin visos de solución; problema labora latente; un malestar social incubándose en la SEP; el malestar de los damnificados del sismo del 19 de septiembre lo está cocinando a fuego lento Viridiana Valencia; el Congreso peor que una carpa de arrabal; crisis en el Poder Judicial; el IEE en quiebra financiera; la Fiscalía Anticorrupción en proceso de desmantelamiento; la impunidad galopando y Nacho y Carlos riendo de locura; y para rematar cero obra pública.
Nada le resulta, no hace nada y lo poco que intenta le resulta fallido.
Por lo tanto no lo le queda de otra que refugiarse en el único espacio exitoso, las becas federales, la zona de confort que les brinda el Gobierno de México.
Allí con sus 100 trabajadores juega a ser un gobierno de bachilleres. Juega con su enfermedad endémica, el infantilismo agudo que padece. Y allí juega a que todo está bien. Todo va bien, repiten entre ellos. Somos unos colichingones, dice la gobernadora muy orgullosamente a grito abierto. Allí en esa zona de confort donde todo le aplauden y nadie la contradice. En esa zona de confort donde se declara colichingona y colichingones a sus asistentes, no es sino una forma más de reírse de sus gobernados, de los cuales siente una incomprensión injusta hacia su gobierno de bachilleres.
Clemente Orozco pintó en un muro del Palacio de Bellas Artes su mural Catarsis donde aparece en la parte inferior del primer plano tres hetairas, y la tercera de ellas, mira al espectador riéndose de él, para Orozco representaba al gobierno corrupto y decadente riéndose de sus gobernados, del pueblo.
Fernando Moreno se rio de los colimenses al haber puesto en la procuraduría a un criminal que permitió la infiltracion de las instituciones policiacas y, desde entonces, los criminales y los policías se confunden y no sabemos quiénes son policías y cuáles criminales, esa es su herencia hilarante.
Silverio Cavazos se rio de los colimenses por su grotesco acoso a las mujeres y su vida desordenada de alcohol y futbol. También en su gobierno desató la corrupción al tope.
Mario Anguiano se ríe y nos insulta cuando cabalga con sus caros caballos frisones que valen una fortuna y solo su exhibición pública es un insulto a la población.
Nacho Peralta quebró al gobierno y todavía se pasea sin que sea tocado por la justicia porque el pacto de impunidad es muy fuerte. El vino, los excesos y la corrupción son carcajadas que retumban por toda la calle Madero.
Indira es heredera de esos ejemplos para el olvido.
Indira inventa un dialecto porque se sabe distante de la gente. Su lenguaje dialectal es el instrumento de comunicación con sus partidarios en petit comité, es un lenguaje críptico y simple a la vez que solo disfrutan sus cómplices.
Es una forma de reírse de la gente porque se siente “incomprendida”.
Su lenguaje dialectal es un éxito entre ellos –sus amiguis– porque para la sociedad es un insulto. Es una forma de reírse de la gente.
Sus partidarios le festejan y dicen cosas como: ¡Feliz colisábado para el coliequipazo! ¡Les mando muchos coliabrazos!
Los colimenses ofendidos le contestan: “Colibalazos: coliejecutados 773; colimujeres ejecutadas 87; colifemicidios 18; coliembolsados 100; colidesaparecidos 595; colimenores ejecutados 17”
La gente nuevamente le tiene que recordar que no es un debate frívolo e inútil como el del vestido, la gente le dice no es el vestido, no es el lenguaje dialectal, son las acciones de tu gobierno lo que está en disputa.
Mario Anguiano en la cúspide de su poder nos resetó a los colimenses una frase lapidaria que repetía al suspender clases en todo el estado cuando un puñado de nubes amenazantes se asomaban en el territorio colimense. Bastaba eso para que el gobernador suspendíera clases y decía: “Si alguien los quiere, hijos de la chingada, soy yo.”
Así Indira nos resetó sus palabras lapidarias que define a su gobierno ensimismado “somos colichingones”. Que bien puede traducirse de la siguiente manera: somos lo máximo y ustedes los colimenses me importan muy poco.
Indira es la perfecta heredera de Fernando, Silverio, Mario y Nacho. Somos colichingones, es y será, su frase lapidaria. Somos colichingones es ya la consigna de un gobierno aislado y cada vez más pequeño, lejos de la gente.
El colilenguaje es el dialecto del fracaso de un gobierno muy joven y cándido en todos sentidos.