Columna
El puercoespín
La oposición haciendo lo que mejor sabe hacer, es decir, publicidad, difamar, engañar, agredir, mentir, entre otras cosas, con un solo objetivo, lograr la confusión y, eventualmente, contener las acciones del Gobierno de México, es muy buena, pero para debatir y plantear opciones alternativas no es su fuerte, siempre o casi siempre fracasa.
La campaña contra el Tren Maya lanzada con el soporte de la popularidad de famosos cantantes y actores cómicos, principalmente, y bajo el nombre Selvame del Tren, arrancó con mucha fuerza y prometiendo incrustarse en la narrativa nacional, sin embargo, pronto se vino abajo por su falta de solidez argumentativa y política, pero sobretodo porque quienes protagonizaban la campaña resultaron mera escenografía humana.
Cuando el presidente de la Republica los invita a Palacio Nacional para debatir, cara a cara, resultó que más de uno tenía compromisos más importantes que atender. Eugenio Derbez tenía un compromiso cinematográfico y Rubén Albarrán, de Café Tacuba, declinó porque se dijo no ser especialista.
La campaña bajo el numeral Selvamedeltren resultó una campaña de cartón porque el apoyo al proyecto del gobierno federal tiene mucha fuerza y gran consenso entre la población mexicana.
Los cómicos y cantantes tenían cosas más importantes que hacer que defender la selva. Sus compromisos profesionales resultaron más importantes que salvar a la selva de un perverso tren de carga y pasajeros.
Los ambientalistas y activistas de segundo y tercer niveles se dieron cita afuera de Palacio Nacional para gritar sus consignas y terminar en un lamentable vociferío con megáfono en mano, a mitad de la acera, cuando eso había iniciado en los principales medios y en la mismísima mañanera. La gente que pasaba por el lugar terminó gritándoles: “¡Por qué no le dicen nada a Xcaret, esos sí dañan el ambiente?”; “¡Activistas de farándula!”; “¡Ahora que el pueblo recibe un poquito de lo que otros se roban, se ponen de pedo”. Consignó La jornada.
Allí en la acera de la plaza del Zócal, el debate que inició la oposición con gran despliegue mediático, termina en la calle en todos los sentidos.
Ese es el problema de la oposición, su carencia de argumentos y programa. Está en la calle, en todos los sentidos, sin brújula y comportándose como actores que son, pero sin la gracia ni el talento que dicen desempeñar en un escenario.
La oposición nuevamente en su mejor papel, el de escapista. La oposición perdió una excelente oportunidad de entablar un debate de primer nivel, pues su debate era nada más ni nada menos que con la Presidencia de México, el interlocutor más alto.
Dejaron ir la oportunidad de debatir con lo mejor que pueden ofrecer y, en ese lance, perdieron nuevamente, pues demostraron que no tienen nada que ofrecer y su condición se redujo al desplante de un cómico que decide ir al set cinematográfico y los problemas de la tierra atenderlos más tarde.
Ese es el tamaño de la oposición y ese es su nivel intelectual.
La conclusión es que los personajes que usa la derecha para promover sus posturas políticas son monos de cartón.
Un mono de cartón no puede dar una pelea políticos.
La anterior escaramuza demuestra que la política dejó de ser una disputa entre la oposición y Morena y la arena política se traslada, por el momento, hacia los confines internos de Morena. Toda la vida política en los próximos meses, y quizá años, será al interior de Morena y su interacción con los ciudadanos en sus diversas formas, donde las redes juegan un papel preponderante.
Espina uno.- Viridiana regresará a casa porque su madre ya la encontró y, a pesar de los esfuerzos de los políticos por aprisionarla en su laberinto de burocracia, indolencia y ausencia de corazón a la madre de Viridiana no la pararán y terminará llevándola a casa porque ya la encontró y su regreso a casa será el triunfo de una madre que nunca abandona a un hijo. Los desalmados fracasarán.