Avanzada (02/06/2026).— En lo que representa un hito para la neurobiología internacional, investigadores de la Universidad de Salamanca (USAL) lograron identificar un “interruptor molecular” indispensable para el desarrollo e interconexión de los circuitos cerebrales. El hallazgo revela que el mal funcionamiento de este mecanismo está directamente ligado al origen de trastornos severos del neurodesarrollo como el autismo y la esquizofrenia.
El estudio, liderado por el científico Rubén Deogracias en el Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCYL), fue publicado por la prestigiada revista internacional Molecular Psychiatry, abriendo una ventana inédita para la creación de futuras terapias médicas.
La investigación se centró en descifrar el papel de la proteína MSK1, la cual actúa como un director de orquesta durante la etapa de maduración cerebral. La función primordial de esta molécula es ordenar a las neuronas que se ramifiquen y generen conexiones (sinapsis) estables, permitiendo que la información se transmita de forma limpia y eficiente.
Al emplear modelos avanzados de laboratorio, el equipo de científicos descubrió que la ausencia o desactivación de la proteína MSK1 altera de forma drástica una región profunda del cerebro denominada núcleo estriado. Sin este “interruptor”, las neuronas pierden su complejidad estructural —volviéndose más simples y aisladas—, lo que provoca una reducción notoria en el volumen de dicha área cerebral.
Además del daño físico en la estructura neuronal, los investigadores comprobaron que el fallo de la MSK1 desequilibra por completo los sistemas de comunicación química celular, afectando de manera prioritaria a la dopamina, un neurotransmisor crucial para la regulación del comportamiento, la motivación y los movimientos.
Clínicamente, los sujetos de estudio que carecían de esta proteína desarrollaron alteraciones conductuales y cognitivas que coinciden con los patrones observados en pacientes con Trastorno del Espectro Autista (TEA), esquizofrenia y el síndrome de Rett.
Hasta el día de hoy, la medicina aborda el autismo y la esquizofrenia mediante tratamientos paliativos dirigidos a controlar los síntomas conductuales, debido a que se desconocían las causas biológicas exactas de su origen.
Con el descubrimiento de la USAL, la proteína MSK1 se posiciona como una diana terapéutica clave. De acuerdo con las conclusiones del estudio, este avance permitirá a la industria biomédica concentrar esfuerzos en el diseño de fármacos específicos capaces de modular o reactivar artificialmente este interruptor molecular, corrigiendo las fallas de conexión neuronal antes de que los trastornos se consoliden. Asimismo, los expertos anticipan que el hallazgo arrojará luz para entender otras patologías neurodegenerativas vinculadas al núcleo estriado, tales como el Párkinson y la enfermedad de Huntington.