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COLIMA

El acoso sexual en la  Ucol

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Columna

El puercoespín

La Universidad de Colima tiene una buena respuesta afirmativa en el caso de las pensiones alimentarias para los hijos de parejas divorciadas que trabajan para la universidad, es más, cuenta con todo un personal encargado de hacer llegar a las madres y los hijos de las parejas separadas, el objetivo es no dejar en el desamparo a los hijos de los académicos y los trabajadores que han decidido disolver el vínculo matrimonial. El que la institución se preocupe por ser congruente y consecuente con los conceptos de seguridad para las madres y los hijos de trabajadores universitarios es digno de ser reconocido.

Un día después de las manifestaciones públicas de las mujeres a nivel nacional, en Colima, un grupo de alumnas del Iuba presentaron una acusación pública de presuntos casos de acoso sexual por parte de maestros de la institución.

En respuesta a ello la universidad contestó con un desplegado público donde fijo postura y definió  el camino para encausar el asunto de las alumnas presuntamente acosadas.

Es importante señalar que desde 2018 la Ucol estableció 16 protocolos de seguridad y protección civil y trabaja en la violencia de género (hostigamiento y acoso sexual).

En los documente precisa lo siguiente: condena la violencia de género; declaro que está fortaleciendo la medidas preventivas; establació una mesa receptora de denuncias en el Iuba; inició una investigación profunda; activó protocolos de apoyo psicológico para las víctimas; se ofreció  acesoría jurídica para que se denuncie ante la Fiscalía General del Estado; además, señala que 72 personas han sido sancionadas por violencia de género de los cuales seis fueron despedidos, precisando que dos profesores dados de baja eran del Iuba.

La Ucol declara que están trabajando para erradicar la violencia de género en la institución y se practica la cero tolerancia del hostigamiento sexual. 

Que bueno que la universidad da una pronta respuesta, no solamente retórica, sino que instrumenta medidas prácticas para atender a las victimas e iniciar los debidos protocolos existentes.

Lo que nosotros debemos preguntarnos es ¿Por qué las jóvenes universitarias no acudieron con su director, dependencia o delegado (a)?

Algo está fallando en las normas, protocolos o directivos. Lo que se puede observar es que no existe confianza de las estudiantes de acudir a las autoridades universitarias. Algo se tiene que revisar.

Por su parte el Instituto Colimense de las Mujeres hizo un llamado a las autoridades universitarias para que atienda las demandas y les garantice a las estudiantes su libre ejercicio de los derechos plenos como mujeres y estudiantes, pues la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia tipifica muy claramente el hostigamiento sexual como un delito.

Lo que llama la atención es que ante el ICM tampoco las estudiantes hicieron una solicitud o denuncia para que se les proporcionara ayuda. No hay ninguna denuncia.

Como puede observarse las estudiantes no confiaron en las autoridades universitarias, pero tampoco acudieron al ICM, es decir, que las jóvenes mujeres no confían ni en sus propias autoridades ni en las nuevas autoridades estatales y eso es grave en sí.

Ojalá que las mujeres del ICM acompañen a las jóvenes universitarias, pues su denuncia pública hecha debe ser suficiente para intervenir. No pueden dejarlas solas.

Por su parte, las autoridades de la universidad tienen una gran área de oportunidad para recuperar la confianza de las jóvenes estudiantes. Existe una coyuntura estatal, nacional e internacional de impulso de la defensa de los derechos de las mujeres. La universidad tiene una enorme oportunidad para recuperar la confianza de las muchachas y los muchachos.

Así como la universidad recupera los recursos para apoyar a los hijos de los matrimonios fallidos poniendo en primer lugar a la familia y, centralmente a los hijos, así debe poner en primer lugar la defensa de la dignidad de las mujeres universitarias con equidad y justicia. Yo no creo que muchos hombres (universitarios) estén muy contentos porque les descuentan, desde recursos humanos, dinero para pagar la pensión  alimentaria de los hijos, pero la institución no está para quedar bien con algunos a contentillo. La universidad es una institución y ejerce su humanismo al proteger a los niños y las mujeres de los matrimonios fallidos.

La universidad, como institución, debe plantearse recuperar la confianza de las mujeres con una postura afirmativa al generar una política institucional donde la cero tolerancia del acoso sexual sea una realidad y se manifiesten en las denuncias que las jóvenes hagan antes sus autoridades inmediatas o se estructuren, administrativamente, instancias donde puedan acudir las jóvenes victimas –en su caso– y las estudiantes, las académicas, investigadoras, administrativas se sientan seguras y protegidas por una institución académica como lo es una institución universitaria.

La universidad puede avanzar dando confianza. La oportunidad está en sus manos y las mujeres universitarias se lo merecen por la lucha de las mujeres que están dando en las calles de todo México. Esa sería una excelente respuesta. La retórica debe ser cosa del pasado, los tiempos lo exigen. La universidad debe y puede, pues tiene instituciones que ya trabajan en ese sentido.

*Imagen tomada de la red social del “Colectivo X La DANZA“.

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