Escrito por: Ramiro Cisneros García.
Dedicado al Padre Toño Aguirre, Pastor de la comunidad en que nací, Alcaraces, quien ha dedicado 45 años a servir a los demás como sacerdote en diferentes partes. Es un amigo entrañable y compañero excelente en el trabajo de la Pastoral Juvenil. Con él hubo un respeto muy importante a los dones de cada uno y por eso, nuestra labor, en su momento trascendió.
Aquí comenzamos:
La literatura es una fuente inagotable de sabiduría y de aprendizajes; de conocer formas de pensar y analizar la realidad, de acercarse a temas del pasado remoto y el próximo, a conocer de personajes muy cercanos a mucha gente: Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, de Segismundo, de Don Juan Tenorio y Doña Inés, de La Celestina; Pedro Páramo y Susana San Juan, Anacleto Morones, La Cándida Eréndira. Saber que hubo un militar que esperaba una carta que nunca llegó porque nadie le escribìa. Conocer los sucesos de Fuenteovejuna y lo que se nos narra en la novela El agua envenenada. Admirar La Tierra Pródiga y Al filo del agua. Entender el teatro de Luigi Pirandello o de Samuel Becket o de Elena Garro. Lo maravilloso que es encontrarse con Rousseau, Voltaire y Shakespeare. Adentrarse en la historia, la filosofía, la teología, la antropología, la política, la economía y en los escritores actuales, nos marca y señala posibilidades de realización y opciones de servicio a los demás y, de darle sentido a nuestra vida más alla de la ambición por el dinero, el poder y el aparentar lo que no se es. Sin embargo hay quienes solo leen la hojita parroquial, las revistas de farándula y las notas rojas o amarillas y de esa manera se pierden de lo más por lo menos. Cada quien.
En varias ocasiones he recordado a Erasmo de Rotterdam que dijo: “Si tienes dinero compra un libro, si te sobra, come”. Claro que entiendo que los tiempos actuales estan crìticos y que necesitamos alimentar, nutrir el cuerpo, sin embargo, creo no solamente posible sino necesario, alimentar el espíritu y explotar nuestra racionalidad y nuestra capacidad de imaginar un mundo, una realidad diferentes.
Hace muchos años, más de cuarenta fui a Coalcomán, Michoacán en una avioneta. Llegué, invitado por el Señor Cura a dar un taller acerca de la realidad de nuestro país. Tenía que ver con un trabajo de análisis, sensibilización y concientización. Antes de irme me dijeron, “llévese unos libros para que venda algunos”. Eran libros de editoriales españolas y no muy accesibles para campesinos. Es posible que mis pláticas hayan calado hondo entre algunos asistentes. Al final, uno de ellos, cogió un libro y me dijo: “quiero este libro”…Le advertí que no era barato y él me contestó, “lo quiero”, sacó el dinero y me pagó…me atreví a preguntarle, si sabía leer y me dijo que no. ¿Entonces para qué lo quiere? Me contestó algo que después de tantos años aún recuerdo: “Para olerlo y para que no se me olvide lo que aprendí ahora”. No hubo más remedio… “Para olerlo”… ¡Cuánta profundidad! Fue para mí una lección de sencillez de esas que no se olvidan. Regresé con menos libros.
Hace ya más de quince años, en una reunión en la cárcel, uno de los personajes que allí estábamos en la mesa rectangular, levantó la mano derecha porque quería poner a la consideración de los asistentes un asunto y lo expuso con aire de suficiencia y como quien acababa de hacer un hallazgo de mucha trascendencia y así dijo: Acabamos de recoger este libro y lo levantó para que vieramos la portada y el título… “El conde de Montecristo”. Continuó “Lo recogimos porque en este libro se habla de la fuga de una cárcel… Y… eso podría alentar a quien lo tenía, a evadirse.” El propietario era un español que ya se había quejado conmigo de que le habían decomisado un libro. Además el delito por el que ingresó era menor y ya iba a salir. Levanté la mano, pedí la palabra y expuse mi punto de vista diciendo: ese libro, es un clásico de la literatura universal… El autor fue Alejandro Dumas, el mismo que escribió “Los tres mosqueteros y otros”, y qué, a mi juicio no había razón para decomisarle el libro. Al contrario, debemos alentar la lectura, finalicé.
Recordé el índice de Libros Prohibidos por la iglesia y la casi satanización que hizo un fervoroso panista, defensor de las sanas costumbres, porque le dieron a leer a su hija la novela “Aura” de Carlos Fuentes. También recordé a Vicente Fox quien le cambio de nombre a Jorge Luis Borges. Tuve presente también al Senador colimense, quien confundido y dudoso le cambió la nacionalidad a Gabriel García Márquez. En esa lista pudiera estar el expresidente de la república, ese que dijo que había leído la Biblia.
Volviendo al asunto de la cárcel, sugerí una revisión de la biblioteca para evitar problemas. Al originario de la Madre Patria, le regresaron el libro, mismo que terminó de leer en libertad. Eso creo.
Recientemente escuché una entrevista que le hicieron en Buenos Aires a Arturo Pérez Reverte, escritor español y allí dijo que para él, la novela El Conde de Montecristo era uno de sus libros favoritos. Tiene de todo, añadió. Además, este autor, escribió una novela a la que tituló,”El Club Dumas”. Interesante.
Ahora que escribo me hago esta pregunta de la que no tendré respuesta… ¿Qué pensaría quien presentó el asunto del hallazgo del libro y del decomiso del Conde de Montecristo? Quizá pensaría que las bibliotecas son un arsenal y que deberían ser destruidas. Se los dejo de tarea.
La historia esta llena de persecuciones y agravios a la inteligencia, al pensamiento, al conocimiento y la ciencia. La historia esta llena de canallas, canallitas, inquisidores y toda esa gama de cerrazones dogmatismos, intolerancias y fanatismos Pero también, de grandes pensadores y amantes de la verdad y la reflexión como corrosivos del poder.
No pude dejar de lado lo que decía Erasmo de Rotterdam: “a las siete de la tarde, me relajo, me arreglo y me dispongo a recibir la visita de grandes amigos, es decir, Platón, Agustin de Hipona, Aristóteles”. Es muy posible que nosotros hagamos lo mismo.