Ciudad de México, Avanzada (25/07/2026).- Aunque suele pensarse que los dinosaurios desaparecieron por completo tras la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años, la evidencia científica apunta a una realidad distinta: las aves modernas no solo descienden de estos antiguos reptiles, sino que forman parte de su mismo linaje evolutivo y representan a los únicos dinosaurios que lograron sobrevivir hasta nuestros días.
Así lo explicó Ulices Adolfo Carrillo, encargado de la sala Evolución, Vida y Tiempo de Universum, Museo de las Ciencias de la UNAM, en entrevista para UNAM Global, donde destacó que desde los pequeños colibríes hasta las águilas pertenecen al grupo de los dinosaurios avianos, resultado de un proceso evolutivo que comenzó hace más de 150 millones de años.
El especialista señaló que muchas aves aún conservan rasgos heredados de sus ancestros, como huesos neumáticos, plumas y garras. Incluso algunos comportamientos permanecen vigentes. Un ejemplo es el colibrí, que pese a su reducido tamaño defiende agresivamente su territorio, o los guajolotes, conocidos por su comportamiento intimidante cuando se sienten amenazados.
La permanencia de este linaje estuvo ligada a uno de los episodios más devastadores de la historia del planeta. Hace aproximadamente 66 millones de años, el impacto de un asteroide desencadenó incendios, cambios extremos de temperatura y una enorme nube de partículas que bloqueó la luz solar. A ello se sumó una intensa actividad volcánica que incrementó la presencia de gases en la atmósfera.
La disminución de la luz afectó la fotosíntesis y provocó el colapso de la vegetación. Sin alimento suficiente, los dinosaurios herbívoros desaparecieron y, posteriormente, también lo hicieron los grandes depredadores, incapaces de encontrar las cantidades de alimento que requerían para sobrevivir.
En contraste, los organismos de menor tamaño tuvieron mayores posibilidades de resistir. Muchos se refugiaron en madrigueras subterráneas, donde encontraron alimento en raíces y pequeños animales mientras las condiciones ambientales mejoraban. Entre esos sobrevivientes estaban los ancestros de las aves actuales.
Sin embargo, el dominio de los dinosaurios no terminó de inmediato. Millones de años después surgieron aves gigantes, tanto voladoras como terrestres. Entre ellas destacó Pelagornis chilensis, cuya envergadura rondaba los seis metros, así como las llamadas “aves del terror”, representadas por especies como Kelenken guillermoi, un formidable depredador que cazaba pequeños mamíferos.
La relación entre aves y dinosaurios comenzó a consolidarse científicamente en 1861 con el descubrimiento del fósil de Archaeopteryx. Este ejemplar presentaba una combinación de características propias de ambos grupos: poseía dientes y garras similares a los de los dinosaurios, pero también plumas y una fúrcula, conocida popularmente como el “hueso de la suerte”, rasgo característico de las aves.
Las investigaciones posteriores demostraron que Archaeopteryx pertenecía al grupo de los terópodos, el mismo al que pertenecía el Tyrannosaurus rex. Con el paso del tiempo también se identificaron otros dinosaurios emplumados, como Aurornis, considerado uno de los representantes más antiguos del linaje aviar.
Los especialistas indican que las primeras plumas no evolucionaron exclusivamente para volar. En distintas especies cumplieron funciones relacionadas con la regulación de la temperatura corporal, el camuflaje, el cortejo y el planeo. Más adelante aparecieron adaptaciones anatómicas, como el hueso carpal semilunar, que permitió una mayor movilidad de la muñeca y favoreció la transformación gradual de las extremidades anteriores en alas funcionales.
Especies como Microraptor y Anchiornis, que incluso desarrollaron plumas en las patas traseras, representan etapas fundamentales en la evolución del vuelo y ayudan a comprender cómo surgieron las aves modernas.
Para los investigadores, la desaparición de gigantes como el Tyrannosaurus rex no significó el fin de los dinosaurios. A través de millones de años de evolución y adaptación, uno de sus linajes logró sobrevivir y diversificarse hasta convertirse en las más de 11 mil especies de aves que hoy habitan el planeta, convirtiéndolas en los únicos dinosaurios que siguen vivos.