El cerebro, con más de cien mil millones de neuronas, no solo controla funciones vitales como respirar o dormir, también tiene la capacidad de adaptarse y transformarse a lo largo de la vida gracias a la plasticidad cerebral, fenómeno que permite aprender, recordar y hasta reinventarse.
Ciudad de México, Avanzada (20/08/2025).- El cerebro humano es uno de los órganos más complejos y fascinantes del cuerpo. No solo regula funciones vitales como respirar, dormir o sentir hambre, también es el centro de las emociones, el pensamiento, el lenguaje y la toma de decisiones, lo que lo convierte en la pieza clave que nos conecta con el mundo y define quiénes somos.
De acuerdo con especialistas de Ciencia UNAM, este órgano está formado por cerca de cien mil millones de neuronas que se comunican entre sí mediante la sinapsis, es decir, impulsos eléctricos que permiten transmitir información a gran velocidad. Gracias a este proceso, el cerebro decide y ordena desde las acciones más simples, como parpadear, hasta las más complejas, como aprender un idioma o recordar experiencias pasadas.
La doctora Marie Bedos, de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Juriquilla de la UNAM, explica que estas conexiones neuronales no son permanentes. El cerebro cuenta con la capacidad de reorganizarse y generar nuevas redes en función de las experiencias adquiridas, fenómeno conocido como plasticidad cerebral.
Existen dos tipos principales: la plasticidad funcional, que se manifiesta cuando el cerebro se adapta ante la pérdida de una parte del cuerpo, y la plasticidad estructural, que permite reforzar, modificar o eliminar redes neuronales para generar nuevos aprendizajes o recuerdos.
Este proceso también se observa en actividades cotidianas. Aprender a tocar un instrumento, cambiar de domicilio o practicar un nuevo idioma son ejemplos que obligan al cerebro a crear y fortalecer circuitos neuronales. Sin embargo, cuando estas conexiones dejan de utilizarse, se debilitan y pueden desaparecer, lo que explica el olvido.
La especialista señala que mantener el cerebro activo es fundamental para conservar estas redes. Ejercicios como leer, resolver crucigramas, realizar actividad física o explorar nuevos lugares son estímulos que favorecen la plasticidad cerebral y ayudan a preservar la memoria y el aprendizaje.
Así, la ciencia confirma que nuestro cerebro no es un órgano estático, sino una estructura en constante cambio, capaz de adaptarse a las circunstancias y de reinventarse a lo largo de toda la vida.