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COLIMA

Buenos días, solo para los privilegiados

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Malas Compañías

Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

Los integrantes de la casta dorada conformada por políticos y gobernantes viven una realidad muy diferente a la que padecen miles de colimenses todos los días. La vida no es igual para quienes disfrutan de las canonjías, el boato y los reflectores que acompañan al ejercicio del poder. Para ellas y ellos, todos los días son buenos días.

No es así para quienes de manera cotidiana deben enfrentarse a las múltiples expresiones de la violencia y la inseguridad, como los homicidios, las extorsiones, los robos, las amenazas y la pérdida de condiciones de bienestar frente a la operación, cada vez más generalizada, de la delincuencia.

Tal parece que la realidad en Colima transcurre por cauces separados, uno para el régimen de Morena y otro para el resto de la población. En el primero, campean la bonanza, el desarrollo y la buena onda que se transmite en redes sociales; mientras que en el otro, se advierte un abandono total de las instituciones en temas fundamentales como la salud, la seguridad y la educación.

En esa última versión de la realidad, resulta evidente que el gobierno y sus representantes han claudicado frente a las organizaciones criminales, dejando a su suerte a los colimenses. Pretenden las autoridades que ignorando las víctimas, los hechos y los reclamos, se perderán entre las brumas de la desmemoria.

Como parte de ese ritual de indiferencia permanente que se administra desde el Poder Ejecutivo, la gobernadora Indira Vizcaíno Silva puede afirmar que el anterior fue un fin de semana muy productivo, cuando una mujer de 72 años fue asesinada a balazos; un hombre sufrió un atentado mortal fuera de una sucursal bancaria y dos cuerpos fueron localizados dentro de una camioneta calcinada.

La disociación en el discurso de la mandataria no es un desliz, sino una forma de ejercer la gobernanza. Se pretende suprimir, a través de la superficialidad y el optimismo sin fundamento la circunstancia de violencia extrema y abandono que enfrenta la entidad.

La Estadística de Defunciones Registradas (EDR) en 2024, publicada recientemente por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), confirma los alcances del desastre en materia de seguridad. Señalan las cifras oficiales que en Colima se registraron 906 homicidios el año pasado.

El mismo documento precisa que 6 mil 032 personas fallecieron en la entidad durante 2024, es decir que del total de muertes, el 15 por ciento fueron provocadas por asesinatos, en su mayoría impunes, pues la gran cantidad de los casos quedan sin explicación, sin responsables, sin castigo.

Refiere el INEGI que durante el año pasado, Colima tuvo la mayor tasa de asesinatos en todo el país, con 123.2 víctimas por cada 100 mil habitantes; también revela que entre los hombres, los homicidios son la primera causa de muerte, por encima de las enfermedades del corazón y la diabetes.

Desde su inicio en noviembre de 2021, el régimen morenista carece de una estrategia específica para recuperar la seguridad del estado, dicha inacción ha permitido el empoderamiento de las células delincuenciales, quienes sin oposición controlan de facto cada vez más rubros de la cotidianidad en Colima.

La presencia gubernamental en el tema de la seguridad es inexistente; los esfuerzos de las instituciones locales se enfocan a otros rubros, no se sabe con exactitud a cuáles, pero está claro que la recuperación de los espacios públicos y de la tranquilidad no son un objetivo de la clase gobernante.

Tal obligación se traslada, fallidamente, al gobierno federal, pues si bien la presente administración realiza mayores esfuerzos que sus predecesores, tampoco se advierte un esfuerzo real desde las corporaciones civiles y militares que en Colima, son más conocidas por sus escándalos que por su efectividad.

Negar la realidad o sustituirla con panoramas artificiales no desaparecerá el contexto adverso que padece la entidad. La negligencia gubernamental, extendida ya durante varios sexenios, tiene a Colima entre los estados más violentos y atrasados de todo el país, es decir que la ineptitud oficial sí tiene consecuencias.

BREVE HISTORIA PARA CAMILA. Luego de dos meses, la princesa por fin regresará a Colima. Fue su primera experiencia en solitario, su primer empleo y la primera vez que viaja sin sus padres. Seguramente regresará transformada en una adulta, aunque para mí siempre será la moconeta. Como siempre, estaré orgulloso de ella, pues es poseedora de aquel verano invencible que encontramos en los momentos de oscuridad. Bienvenida princesa.

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