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CULTURA

Hallazgo arqueológico en cueva de Guerrero revela brazaletes y discos prehispánicos

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Guerrero, México, Avanzada (13/05/2025).- Un sorprendente hallazgo arqueológico ocurrió en el otoño de 2023 en la cueva de Tlayócoc, ubicada en la sierra de Guerrero, cuando la espeleóloga rusa Yekaterina Katiya Pavlova y el joven guía local Adrián Beltrán Dimas descubrieron un conjunto de piezas prehispánicas en una sala subterránea a la que accedieron a través de un pasaje sumergido y hasta entonces desconocido.

La escena parecía cuidadosamente dispuesta: dos brazaletes de concha grabados fueron hallados sobre estalagmitas, acompañados por otro brazalete y una concha de caracol gigante. También se encontraron discos de piedra negra —uno completo y varios fragmentados— que remiten a los espejos de pirita usados en tiempos antiguos.

Tras el descubrimiento, las autoridades ejidales y el comité de vigilancia de Carrizal de Bravo resguardaron los objetos para evitar su saqueo. En marzo de 2024, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) acudió al sitio a solicitud de la comunidad para realizar el registro formal de los materiales e inspeccionar la cueva.

Los arqueólogos Cuauhtémoc Reyes Álvarez y Miguel Pérez Negrete, junto con la historiadora Guillermina Valente Ramírez, fueron guiados de nuevo por Adrián Beltrán hasta el sitio del hallazgo. Ahí identificaron un total de 14 piezas arqueológicas: tres brazaletes de concha, un fragmento de pulsera, una concha de caracol gigante (posiblemente de la especie Strombus), un trozo de madera quemada y ocho discos de piedra, de los cuales dos están completos.

Los especialistas encontraron indicios de intervención humana en las estalagmitas, modificadas en tiempos prehispánicos para hacerlas más esféricas. También observaron símbolos grabados en los brazaletes, como rostros de perfil, líneas en zigzag, círculos y formas en “S” conocidas como xonecuilli, ligadas a la cosmovisión mesoamericana.

De acuerdo con los arqueólogos, las piezas datan del periodo Posclásico (950-1521 d.C.) y podrían haber sido colocadas por los tlacotepehuas, un grupo indígena ya extinto. Además, algunas de las piezas presentan similitudes con objetos encontrados en otros sitios del estado de Guerrero y hasta en la región de la Huasteca, lo que sugiere posibles redes de contacto y comercio.

La visita del INAH marcó el inicio de una campaña en Carrizal de Bravo para fomentar la conservación del patrimonio biocultural. Por primera vez, investigadores del instituto han trabajado en esta remota comunidad de la sierra, situada a 2,397 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Leonardo Bravo.

La espeleóloga Yekaterina Pavlova compartió con el INAH su registro fotográfico y cartografía del sitio, lo que permitió complementar la documentación arqueológica. Las piezas permanecen bajo resguardo de las autoridades comunitarias y su conservación será evaluada por el área de Restauración del Centro INAH Guerrero.

“Este hallazgo ofrece pistas valiosas sobre las creencias, prácticas rituales y relaciones culturales de los antiguos habitantes de la región”, afirmó el arqueólogo Miguel Pérez, mientras que su colega Cuauhtémoc Reyes subrayó el simbolismo del lugar: “Es un espacio sagrado, posiblemente asociado con el inframundo y la fertilidad”.

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