Contrapesos en el Arte
Autor: Sergio Escareño.
El inicio de este año ha sido un recordatorio doloroso de cómo la cultura en Colima sigue siendo relegada a un segundo plano, víctima de promesas incumplidas y decisiones que parecen ir en dirección contraria al progreso. Por más que se “ordeñe la vaca”, los resultados no llegan, y el panorama para las artes y la cultura sigue siendo desolador.
El compromiso de renovar más de 900 butacas en los espacios culturales se ha quedado en palabras; hasta el momento, ni una sola ha sido reparada. Museos permanecen cerrados, talleres de disciplinas artísticas y culturales sufren de una preocupante baja audiencia, y las instalaciones de la Casa de la Cultura apenas reciben una “manita de gato”. Todo esto mientras proyectos emblemáticos, como el Xoloitzcuintle —que costó más de 16 millones de pesos—, son desmantelados sin explicación alguna.
Las esculturas públicas y teatros están en abandono, y los eventos culturales parecen depender exclusivamente de programas federales como el PACMyC y el PECDA, perpetuando una mecánica obsoleta que limita el alcance y la promoción de las artes.
A esto se suma el descontento por la falta de transparencia en la entrega del Premio Estatal Gastronómico, otorgado dos años consecutivos al mismo individuo, Alan de Casa Pascual, cuya cercanía con la gobernadora levanta suspicacias. Las reglas para este tipo de reconocimientos son claras, pero todo indica que se han ignorado, dejando a otros talentos fuera de la competencia.
Peor aún, un inmueble que fue donado para convertirse en el Palacio de las Artes se utiliza ahora como oficinas administrativas. Mientras tanto, espacios en la Casa de la Cultura, diseñados para fomentar la creación artística, están abandonados y acumulando basura.
Por si esto fuera poco, el ambiente al interior de la dependencia encargada de la cultura es tóxico y lleno de amenazas, me consta. El reciente evento con directores de cultura municipales dejó en evidencia una exclusión selectiva de ciertos funcionarios, lo que alimenta aún más las dudas sobre la imparcialidad y profesionalismo en la gestión cultural del estado.
Señora gobernadora, ¿hasta cuándo tomará en serio la crisis que atraviesa la cultura en Colima? Las artes no son un lujo, son un pilar fundamental para el desarrollo de una sociedad. La falta de visión, planeación y compromiso amenaza con ahogar el talento local y desperdiciar los espacios que, con esfuerzo, se habían consolidado para su promoción.
Es momento de pasar de las promesas a las acciones concretas, de devolver a la cultura el lugar que merece y de garantizar que los recursos se utilicen de manera transparente y efectiva. Colima y su gente lo exigen.
Es cuanto.
*En la fotografía el subsecretario de Cultura, Emiliano Zizumbo Quintanilla.