Colima, México, Avanzada (13/11/2023).- Afuera, en la explanada del Templo de la Candelaria, unos niños pequeños juegan con un conejo rosa, se ríen con la música que emite el juguete, es de uno de ellos. Dentro del Templo otra niña, Samantha, es despedida con una misa de cuerpo presente luego de que su padre la asesinara el pasado viernes.
El intenso sol de la mañana de este domingo no ahuyentó a casi toda la población del Trapiche que acudió a presentar su respeto a la familia. El templo fue insuficiente para albergar a todos los asistentes que buscaron un espacio en los alrededores del jardín del pueblo. La mayoría de los iban vestidos de blanco, también lo hicieron compañeros de la escuela de Samantha, aunque ellos portaban la playera escolar, un moño negro, un globo y una flor.
Adentro del templo todo era tristeza, llantos y lamentos. Las lágrimas de muchos de los asistentes se confundían con el sudor. La mañana del domingo 12 de noviembre, la temperatura en El Trapiche era de 31 grados a las 11:05 de la mañana cuando inició la celebración eucarística.
Afuera, el rostro de los adultos era serio, de respeto. Los hombres descubrieron su cabeza y dejaron los sombreros y gorras a un lado de donde se encontraban sentados, pero los niños, los más pequeños seguían divertidos, jugando y riendo con un conejo rosa que les hizo más llevadera la espera, hasta que sus padres los abrazaron para llevárselos porque la misa para despedir a Samantha estaba a punto de concluir.
La risa de los más pequeños contrastaba con la tristeza de los más grandes.
– Mami, quiero un globo, decía uno de los niños que hace un momento estaban jugando con el conejo rosa.
-Es para despedir a Samantha, hasta el rato te lo darán. Y sí, la explanada del templo de la Candelaria poco a poco comenzó a llenarse de globos blancos y flores, eran las muestras de cariño para la niña que unos meses atrás celebra la conclusión de su primaria y su ingreso a la secundaria.
A las 11:55 de la mañana, antes de que el sacerdote ofreciera la bendición, una maestra hizo un pase de lista. Los compañeros de Samantha fueron respondiendo presente, pero cuando la profesora pronunció el nombre de la niña asesinada, adolescentes y adultos respondieron tres veces: presente, presente, presente, mientras las lágrimas y el sudor volvían a mezclarse en el rostro de aquellos que seguían impactados por la noticia.
– “No lo puedes creer. Traigo lágrimas porque no hay cómo sacar este dolor. Ella era compañera de mi hija y como padre me caigo de tristeza de pensar en lo que le hicieron a la niña. Vine a comprarme una de esas que sirven para aliviar tantito” dice Ramón, mientras le da un trago a la cerveza y trata de responder la pregunta que ésta reportera le hizo.
-“Uno puede traer problemas con su mujer, pero no recalas con tus hijos. A él –dice Ramón refiriéndose al papá de Samantha- no lo velaron, y fue mejor, ¿porque quién del pueblo iba a ir?, nadie, porque todos estamos dolidos y más los que somos padres, es algo que no hay palabras” cuenta Ramón, mientras le da otro trago a la bebida que compró en la tienda de la esquina del templo.
La misa terminó a las doce con tres minutos. Ramón se retira de la explanada del templo de la Candelaria, ya no están los niños que jugaban con el conejo rosa; la gente del pueblo dejó el espacio para que los compañeros de escuela de Samantha se despidieran de ella. Una voz se escucha y cuando dice tres, los globos blancos volaron por un intenso cielo azul.
Samantha Michelle Ceballos Castillo fue asesinada este viernes por su padre, abatido a balazos más tarde por la policía. El cadáver de la niña fue localizado en el crucero de Chiapa-Ocotillo. Las personas que la conocieron la describieron como una niña tierna, estudiosa, amorosa y tranquila.