Columna
El puercoespín
Eliminación de las fronteras
El juicio que se está llevando a cabo en la Nueva York, independientemente del fallo al que llegue el jurado, a los mexicanos nos está trayendo enseñanzas que están llegando a amplios sectores de la sociedad. Dichas enseñanzas, en buena medida, son confirmaciones de lo que ya se conocía, verdaderos secretos a voces en muchos casos y también fragmentos de un gran rompecabezas en otros.
De cualquier forma los mexicanos estamos armando un gran rompecabezas o mejor dicho estamos documentando un gran mapa conceptual que ya estaba en el imaginario colectivo.
Intuíamos que los narcotraficantes financiaban y financian a los políticos, pero no se contaba con pruebas ni narrativas tan específicas. Ahora sabemos, y no tenemos dudas, que los políticos eran financiados por los narcotraficantes para luego obtener favores o concesiones ya instalados los primeros en el poder.
Visto de esta manera, significaba que teníamos bien claro que eran los políticos los que mandaban y los delincuentes solo eran beneficiarios de los políticos que tenían el control.
Luego los narcotraficantes pasaron a ordenar a ciertos niveles de gobierno, municipal primero, y luego escalaron hacia niveles estatales. Su influencia era ya no de simples financiadores sino que parte de sus miembros ocupaban carteras municipales o estatales, principalmente directores de seguridad, en los casos municipales y procuradores o fiscales en los casos estatales, así como diputaciones, ahí está el ejemplo de la chapodiputada. Fueron escalando y sencillamente impusieron presidentes municipales y luego ellos mismos se postularon para presidentes municipales, ejemplos hay de a montón; luego, pusieron gobernadores y después ellos mismos ocuparon las gubernaturas, ahí están los casos de Mario Villanueva Madrid en Quinta Roo y Francisco Cabeza de Vaco en Tamaulipas.
El haber llegado a la penetración de los gobiernos estatales fue el inicio de la eliminación de las fronteras entre los políticos y los criminales, no se sabía donde terminaba el área de acción de los políticos y donde empezaba el de los narcos, las fronteras se esfumaron. Se entrelazan y confunden políticos-narcos, narco-políticos.
Como organizaciones
Desde el 2000 hacia adelante fue evidente la penetración de la narco a los partido como lo evidenció el Partido Acción Nacional que dan testimonio de ello los trabajos periodísticos de Anabel Hernández y Jesús Lemus. Los funcionarios públicos de las administraciones de Fox y Calderón entrelazaron las acciones del gobierno con las acciones del partido convirtiéndolo en un partido visiblemente penetrado por los criminales. Del 2012 en adelante el PRI también dio muestras de coparticipar de financiamientos de los criminales, se puso en evidencia las relaciones con el crimen, pactada desde la llegada de los neoliberales al poder en 1982. El sexenio de Peña y el crimen organizado cohabitaron.
Partidos, gobierno y criminales no definían fronteras se entrelazaban y se entrelazan y no se sabe hasta dónde llega cada ámbito de competencia, están fundidos.
Lo que deseamos muchos
El proceso que se le lleva a García Luna en Nueva York podría documentar lo que todo México presume que Felipe Calderón Hinojosa no fue un simple presidente que entabló relaciones directas con los criminales ni que solamente fue sobornado para poder operar en total impunidad sino que fue parte activa de la vida criminal del país, es decir, un capo más de la mafia.
Son muchos los trabajos periodísticos y los periodistas que hablan de la relación de los Ejecutivo federal con los criminales –Jesús Lemus, Anabel Hernández, José Reveles, entre otros–. Si salen a la luz pública documentos escritos, testimoniales, videos o grabaciones auditivas la vida en México en lo general y lo político en lo particular, no serán lo mismo.
Los partidos políticos sencillamente tendrán que perder su registro, estoy hablando del PRI y del PAN, pues su presencia legal en la vida nacional sería insostenible y deseable su desaparición por el bien del país.
El crimen organizado ya ocupó espacios de la administración federal y se presume que impuso a García Luna en la Secretaría de Seguridad Pública, de comprobarse esto último, estaríamos ante una inevitable participación del Ejecutivo Federal en el negocio de las drogas, es decir, de la participación directa y protagónica de un presidente en el negocio del narcotráfico, lo que para muchos mexicanos no sería una novedad, lo novedoso para todos es que estaríamos ante la documentación de los hechos por primera vez, es decir, que el Prian convirtió a México en un narco-Estado.