Como usted recordará, apreciable lector o lectora, hace unas semanas nos sorprendió la noticia de que el poder legislativo había aprobado la propuesta del ejecutivo federal, para que se le entreguen los saldos de las cuentas bancarias inactivas o en aparente abandono de los propietarios, a los seis años de no presentar actividad, con el fin de fortalecer la seguridad pública nacional y distribuir algunos recursos a estados y municipios.
Pues ahora, en medio de la discusión nacional sobre la propuesta de reforma electoral del presidente, de forma rápida y subrepticia, se acaba de aprobar por la mayoría legislativa de los diputados federales, una reforma a la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, que permitirá a la Secretaría de Hacienda poder triangular dinero de los activos financieros al Fondo de Estabilización de Recursos Presupuestarios y de Ingresos de las Entidades, para completar el gasto por la caída de ingresos.
Dicho de otra forma, el gobierno busca fuentes de financiamiento: primero, en las cuentas bancarias que hayan sido olvidadas o que sus dueños ya no estén en condiciones de manejarlas, después, está intentando que a través de triangular recursos, los activos financieros del país resulten una reserva de la cual echar mano para compensar la caída en la recaudación.
¿Y qué son los activos financieros? Aquí viene lo interesante y a la vez de preocupación para los mexicanos en general y los colimenses en particular. Los activos son depósitos, títulos de deuda a favor del gobierno, participaciones de capital en empresas donde participa el Estado, reservas de seguros, rendimientos financieros de inversiones, cuentas por cobrar, sí, pero también se incluyen en este rubro los fondos de ahorro para la vivienda del INFONAVIT y del FOVISSSTE, acciones de las Siefores y Bonos de pensión del ISSSTE, entre otros.
El dictamen que contiene la modificación al artículo 21 bis de la ley mencionada fue cuestionado por toda la oposición, pero la mayoría morenista en la cámara de Diputados logró su aprobación y turno al Senado de la República.
Algunos financieros muy reconocidos a nivel nacional, profesionales que incluso en un primer momento estuvieron con el movimiento de la autollamada 4T, se han manifestado públicamente en contra de tal reforma legal, esperando que en la cámara alta se rechace pues las consideran lesivas para el interés ciudadano. Uno de ellos, Mario Di Costanzo, claramente dijo que “ están tan quebradas las finanzas públicas por las malas decisiones de la 4T, que ya no saben de dónde confiscar dinero. No tienen llenadera” y Simón Levy la calificó como “la peor reforma para los ahorradores y pensionados mexicanos, porque de aprobarse en el Senado, el ahorro de todos se usará cuando los ingresos no alcancen para el gasto público y cuando haya ahorro de deuda, se compensarán”.
Esperamos que la cámara alta pueda hacer algo, porque en la cámara baja la oposición fue arrollada. Lo curioso es que los ciudadanos no nos percatamos de estas acciones, cuando antes cualquier decisión o reforma gubernamental que supusieran errónea o inadecuada, era rechazada ruidosamente en las calles y medios de comunicación, llegando incluso a deformarlas para exacerbar el ánimo ciudadano, como sucedió con las reformas estructurales.
Pero hoy, la que era una oposición ruidosa y muchas veces irracional, es gobierno. Hoy, nos tenemos que preocupar y ocupar de no quedarnos en la complacencia del agua tibia, que cuando reaccionemos nos estará cocinando, como en aquella parábola de las ranas.