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COLIMA

¿Por qué la derecha no entiende a Amlo? Porque Amlo es un político, es un revolucionario

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Columna

El puercoespín 

Preámbulo  

En la víspera de que León  Troski saliera rumbo a México éste fue limitado en sus derechos políticos y prácticamente invitado a retirarse de Noruega por las presiones del gobierno de Stalin. En la novela El hombre que amaba los perros deLeonardo Padura se recrea –ficticia y magistralmente– la escena que pudo haberse dado entre Tryge Lie y León Troski.

Padura escribe textualmente: “Aunque Liev Davídovich (Troski) sintió como la irá lo desbordaba, consiguió calmarse y le preguntó al ministro si en las mañanas, cuando se afeitaba  frente al espejo, no le daba vergüenza mirarse a la cara. Un vapor rojizo cubrió el rostro de Lie, que esperó unos segundos antes de reprocharle su ingratitud al acogido: como político que era, debía de saber las exigencias que muchas veces imponía la política. Pero la aclaración del otro fue inmediata: Lie era un político; él un revolucionario…” (el subrayado es mío).

Troski salió de Noruega y vino a México y el resto es historia.

Troski podía comportarse como él quería, sin ser grosero, incluso, contra un gobierno que le había brindado asilo político porque, antes que político, era un revolucionario, él junto con Lenin y Stalin habían consumado la segunda revolución más portentosa del siglo XX: La Revolución de Octubre; la primera fue la Revolución Méxicana. 

Conociendo a Amlo

López  Obrador no ha podido ser descifrado por la oposición de derecha en México y como consecuencia no ha podido contrarrestar las acciones políticas del presidente de México, pero curiosamente, sus mismos compañeros políticos, los militantes de Morena y grandes cantidades que convergen en el movimiento de la Cuarta Transformación tampoco saben definirlo.

Quizá una gran cantidad de obradoristas (4T) intuyen su identidad y consecuentemente lo apoyan, aparentemente, solo como un acto de fe. Perciben en él no solo un voluntarista sino un líder que va más allá y es capaz de conducir a las transformaciones que el país necesita hoy.

López Obrador es un líder revolucionario y es un político. Obrador tiene la dualidad de los hombres dispuestos a transformar encabezando acciones que transforman y reconfiguran a un  país.

Amlo es revolucionario cuando dispuso que el presupuesto fuera diseñado con base en prioridad de los pobres, es decir, replanteando un Estado de bienestar; es revolucionario cuando sin pedir permiso defiende una Reforma Eléctrica -y pone en jaque a las empresas extranjeras depredadoras–, además propone una estrategia energética que supone el dominio del Estado mexicano sobre los recursos energéticos; es revolucionario cuando se planta, intransigentemente, frente al poderío de los Estados Unidos reivindicando nuestra soberanía y nuestro derecho a decidir, –para la derecha mexicana esto es un sacrilegio– y la derecha está viendo como los Estados Unidos así sea un presidente rupturista y autoritario como Donal Trump o un burócrata como Joe Baiden se topan con la firmeza de un  presidente que asume el poder político soberano frente a los acomplejados, como lo son los derechistas y conservadores, que no conciben otra política exterior que la del entreguismo y la sumisión.

Amlo es un político cuando enfrenta con las formas de la tolerancia y la negociación a los órganos autónomos que son los últimos baluartes que sustituyeron las políticas de bienestar por las políticas del saqueo; es un político cuando trata a los gobernadores, algunos ladrones y criminales, como García Cabeza de Vaca o más ponderados como los de Jalisco y Querétaro, pero no menos partidarios del saqueo y la destrucción del Estado de bienestar; es político en la forma que tolera los insultos, las calumnias y las malas formas de la prensa mexicana que parece haber estallado de ira contra un leviatán que les roba el oxígeno mismo; es político con su propias gobernadores partidarios que han demostrado ser ineficientes e incapaces de asumir un proyecto de nación que está en disputa.

El éxito de Amlo consiste en saberse manejar con verdadera maestría, es decir, cuándo comportarse como un revolucionario y cuándo ser un político, él escoge los campos de batalla y las formas de enfrentar al enemigo. Hasta parece que aplica la máxima gramsciana que reza: análisis concreto de la situación concreta y actuar en consecuencia. 

La oposición no sabe cuándo está operando una u otra opción, no sabe, o no quiere saber, cuando debe combatir cada tipo de acciones y comportamientos del presidente. La derecha no reconoce cuando se trata de acciones  de gran calado que definen la estructura del Estado y, por tanto, es revolucionaria y cuando se trata de una acción política de menor calado en la que ellos incluso pueden incidir y salir del autoaislamiento y marginación de la toma de decisiones.

Al automarginarse la derecha queda automáticamente lejos de influir y políticamente evidencia su falta de proyecto. Solo repite su fórmula de descalificación y actualiza los discursos e insultos en los medios propagandísticos y en las redes sociales, el resultado siempre es el mismo: amplio apoyo al presidente y estancamiento e inmovilización de la base de derecha.

Si la derecha leyera más racionalmente y menos con la emoción las acciones del presidente tendríamos una disputa política en México de alto nivel, pero no, la derecha se escapa por la tangente. 

La paradoja 

Lamentablemente los partidarios del presidente, y actualmente controladores del partido Morena, tampoco quieren leerlo correctamente y acusan un analfabetismo político providencial.

Los gobiernos locales, emanados de Morena, muy convenientemente leen las acciones del presidente como un político y le niegan su carácter revolucionario, muy convenientemente para ellos evadir esta faceta del presidente.

Los gobiernos locales de Morena ven en el presidente un político normal, tradicional y apegado al librito. Uno puede observar a los gobernadores ignorar las acciones revolucionarias del presidente y, en el mejor de los caso,  las ven como algo muy lejos que solo tiene que ver como asuntos del ámbitos federal que en anda nos afectan.

El Gobierno de Colima emanado de Morena, como en casi todo el país, continúan con las prácticas de instalar en los puestos públicos a ineptos, a los parientes y a los amigos arraigando la corrupción por la vía de su  nepotismo más prístino. Ignoran o pretenden ignorar que el pueblo está mandatando la erradicación de la corrupción. Los gobiernos locales continúan con sus prácticas corruptas como si nada estuviera pasando en el país. Leen en las acciones del presidente que tienen permiso para seguir robando. Quieren su respaldo político, pero no quieren transformar sus estados que es su tarea particular y principal. Desentienden las tareas que propone el presidente y se sienten cómodos en la ineptitud y en su nepotismo que seculariza la corrupción.

No entienden al presidente político ni al presidente revolucionario. Sienten que el no ser regañados en público –como antes lo hacían los presidentes magnánimos– es una tácita forma de permitir la corrupción. Error, la historia los pondrá en su lugar.

Al presidente, en su modo político, ha sido permisivo con la corrupción de sus correligionarios, pero la base obradorista pondrá en su lugar a quien sea necesario cuando tenga, en su momento,  sus instrumentos directos de participación política.

Mientras el presidente está impulsando métodos revolucionarios para que la sociedad los use en su momento como son  la consulta popular y la revocación de mandato, los gobernadores de Morena –en su mayoría– están combatiendo estos métodos creyendo que nadie les demandará su proceder. La realidad sugiere todo lo contrario.

La corrupción y los instrumentos políticos de los ciudadanos como la consulta popular y la revocación de mandato llegaron para ser usados y los políticos que hoy acompañan a Amlo serán derrotados por el amplio movimiento llamado Cuarta Transformación. 

Coincidencias históricas 

León Toski dio su lucha y realizó su periplo de exilio cuando la sociedad europea debatía el ascenso del fascismo y la discusión y lucha político-militar se dio en la Guerra Civil Española y las consecuencias ya las sabemos. Lo cierto es que los capitalistas apoyaron a los fascistas creyendo que contendrían a los comunistas triunfantes de la Revolución de Octubre de Lenin. Y, según Troski, los comunistas no hicieron lo suficiente para aplastar a los fascistas antes de ganar el gobierno de Alemania.

Yo tengo una visión más literaria que histórica, pero estoy cierto que las novelas como Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway; Inés y la alegría de Almuneda Grandes; El mundo entre costuras de María Dueñas; y El hombre que amaba los perros nos da una visión muy humana y cruel del ascenso del fascismo al poder.

Amlo está sobrellevando su gobierno en un contexto de poscrisis sanitaria marcada por el Covid-19 y el ascenso de los neofascistas de la Otan y de Ucrania que metieron en una crisis de energéticos que, apenas comienza, y la movilización de Europa está empezando a adquirir tintes impredecibles.

Por ello es importante saber entender cómo es nuestro presidente: yo sostengo que es un hombre revolucionario y es un político de allí que, tanto conservadores como morenistas, sean incapaces de comprenderlo. El movimiento obradorista, sin embargo, lo intuye y lee perfectamente. 

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