Columna
El puercoespín
La votación por la revocación de mandato será un ejercicio que más allá del simple precedente generará y vendrá a suplir las posturas golpistas que estamos muy acostumbrados a usar contra los gobierno mediocres y antipopulares, ante la falta de mecanismos para removerlos; sin embargo, para la derecha mexicana resultó un enigma que no pudo resolver porque no entiende, porque rechaza, porque la enferman los métodos de participación ciudadana.
Tan grande es su confusión que terminó enredándose en sus propios vicios, miedos, ignorancia y la falta de propuesta política.
En las redes se puede leer un texto que describe de cuerpo entero la confusión de las derechas que en consecuencia ha construido un nudo gordiano que los ata a sus limitantes, la derecha es, actualmente, la confusión perfecta. Su postura frente a la revocación de mandato se sintetiza en el siguiente texto: “Queremos que se vaya, pero no queremos que nos pregunten si queremos que se vaya, para seguir diciendo que queremos que se vaya.” Más confuso no podría ser.
Una fotografía instantánea
Independientemente de que la revocación de mandato aportará un precedente invaluable a la democracia, si vemos más allá de este ejercicio, que es trascendental porque México será otro a partir de este ejercicio y porque modificará los escenarios de futuras elecciones, consultas y participaciones ciudadanas. Cambiará a los que se oponen, pero también cambiará a quienes lo promueven.
Pero también la revocación de mandato, coyunturalmente, será un parámetro para medir las condiciones en que se encuentras las fuerzas políticas, sobre todo, a los gobiernos locales de Morena.
El ejercicio de la revocación de mandato rebasa a los partidos políticos y traslada la disputa política a la sociedad y esto parece ser que nadie quiere ver.
Cuando la oposición la califa de farsa de Estado está evadiendo erróneamente expresarse en uno u otra sentido, argumentado parcialidad y ventaja de Morena, por ocupar los espacios mayoritarios del Estado mexicano. Su miopía política, producto de enfrentar una consulta perdida, olvida ver el ejercicio estratégicamente y se concentra en lo táctico. Desde ese momento está doblemente perdida porque subestima que en algún momento ellos estarán de nuevo en el poder y les podrá ser útil el mecanismo. Hoy los desprecia porque precisamente no ven en el futuro inmediato ventaja y expresan su odio a la participación ciudadana, así de emocionales se han plantado y mucho les costará su errática postura. Perderán hoy y perderán en el futuro mediato, pero en el largo plazo entenderán su valor.
La foto de Morena
La revocación de mandato, dicho sea de paso, será el nivel de control y de consensos que tienen los gobiernos locales de Morena. Su alto o bajo nivel de consensos que tengan en sus entidades será el valor y el peso que tendrán en las decisiones de Morena en las próximas elecciones de 2024 que renovarán la Presidencia de la República y el Congreso de la Unión.
Los gobernadores morenistas que entreguen buenas cuentas con votaciones copiosas y favorables a Amlo ocuparán los lugares principales del partido y lógicamente los que obtenga resultados muy bajos en las votaciones (votaciones bajas y votos a favor ínfimos) del próximo domingo pasarán a ocupar los últimos vagones del tren de Morena.
Lo que la sociedad política estará pendiente de observar el próximo domingo será: nivel de participación ciudadana y votación favorable al presidente. En el entendido que gobernador que mayor cantidad de gente saque a votar, o dicho de otra manera, que la capacidad de movilizar mayoritariamente a los ciudadanos a favor de Amlo tendrá mayores posibilidades de proyectarse políticamente.
La revocación de mandato será, en muchos sentidos, un parámetro muy fiel de las aspiraciones e intenciones de los ciudadanos.
Si un gobierno local está bien calificado expresará en la movilización del domingo esta buena calificación y también lo contrario.
En síntesis el domingo es claro que: la oposición se perdió en su laberinto de indefiniciones; los gobiernos locales de Morena entrarán en la carrera de la sucesión presidencial con el capital político que registren en las casillas de sus estados.
El INE, verdadero enemigo del Gobierno de México, optó por convertirse en el jugador opositor al gobierno y ya perdió, desde antes de los resultados, pues hace mucho tiempo que dejó su papel de árbitro y pasó a ocupar el puesto de la oposición y éste también anda perdido en sus confusas posturas que reflejan, diáfanamente, su perdida lenta, pero consistente del poder político.
La votación en Colima será tan grande como aprobación tiene el gobierno de Indira, es decir, muy pobre. Indira le hará mucha sombra a Amlo. Es claro que su capital político está en números rojos. Yo considero que habrá muy poca participación, pero la escaza participación será muy favorable al presidente, lo que significa que Indira es ya un lastre para Morena y para el presidente.