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COLIMA

¿Cuánto estamos dispuestos a pagar?

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Columna
El puercoespín 

Lo de Indira no es gobernar, no sabe. Hasta los presidentes municipales están siendo pastoreados por otros actores y no por el gobierno del estado. 

Eso está muy claro,  no se trata de rectificar el camino porque el gobierno de Indira no va a cambiar, ni escuchará ni entenderá que debe cambiar su rumbo. No están en su diccionario las palabras escuchar y rectificar

El gobierno del estado no marca la agenda de la actividad política estatal, aun cuando no existe en la oposición un actor relevante y con autoridad moral para hacerlo. 

En estos tres meses del Congreso en manos de Morena y próximos a cumplir cien días en el Ejecutivo ya dieron muestras que no saben gobernar, no tienen capacidad para hacerlo. El gobierno del estado es un barco a la deriva. Su único sustento es el capital político que les transfiere el gobierno federal.

La gobernabilidad, en concreto, la tenemos porque somos una sociedad madura y porque el gobierno federal, a través de sus programas sociales, le inyecta una gran dosis de certidumbre y confianza, sin el gobierno federal de Andrés Manuel López Obrador el gobierno del estado no es nada, no existe.

Entonces la pregunta clave que debemos hacernos como sociedad es la siguiente: ¿cuánto estamos dispuestos a pagar como sociedad por tolerar un gobierno desastroso?

Desde finales del siglo XX y principios del siglo XXI hemos venido soportando gobiernos nefastos, autoritarios y ladrones. Fernando Moreno, Silverio Cavazos, Mario Anguiano y Nacho Peralto se encargaron de destruir sistemáticamente los asuntos de la cosa pública colimense. Han sido autoritarios, demagogos, frívolos y ladrones. El último gobierno, el de Nacho Peralto, fue la síntesis de los anteriores y por ello se produjo un colapso de las finanzas públicas y volvió inviable el ejercicio de la administración pública de allí que el gobierno federal haya tenido que entrar al rescate de la administración gubernamental estatal que, dicho sea de paso, ha puesto en peligro a los ciudadanos porque la inseguridad se ha disparado y la economía local –principalmente la terciaria–, es decir, la dedicada a los servicio se ha visto seriamente lastimada.

La sociedad secularmente no ha tenido instrumentos para enfrentar a los malos gobiernos. Solamente las elecciones constitucionales de cada tres años nos brindan la posibilidad de pasarles factura a estos sinvergüenzas profesionales. 

Es bien sabido que las elecciones no bastan para que los ciudadanos expresen su sentir. Que es urgente ampliar los esquemas democráticos para que los ciudadanos  podamos expresarnos y marcar el rumbo de la sociedad.

La democracia participativa es un instrumento válido que los colimenses debemos considerar muy en serio, principalmente en sus dos formas básicas: la consulta popular  y la revocación de mandato.

A nivel federal ya participamos en una consulta y los colimenses votamos mayoritariamente a favor que se enjuicie a los ex presidentes. A pesar de la oposición de los partido políticos, del INE y los grupos fácticos  –beneficiaros del poder autoritario– la consulta fue un éxito y la voluntad ciudadana se expresó.

Ahora debemos hacer posible la revocación de mandato a nivel federal para que se extienda a nivel local y a la brevedad posible poder ejercer este derecho.

La sociedad colimense insultó hasta el cansancio a Nacho Peralta y Viridiana Valencia lo acribilló a insultos en el muro de las mentadas de madre del Congreso, pero no le tocó, –ni le tocará– en lo más mínimo, ni su libertad ni su patrimonio. Nada ha promovido para que se haga justicia. El gobierno actual ni quiere ni está dispuesto a hacer nada porque el gobierno de Nacho es su origen y su destino.

Lo mínimo a lo que está obligado el Congreso de Colima es brindarnos, a los ciudadanos, la reglamentación de la figura de la revocación de mandato para que colimenses la podamos usar en el momento que sea necesario.

El pueblo pone y el pueblo quita, dicen los morenistas, también lo dice el presidente y lo decimos todos cuando se respeta el voto popular.

Indira no sabe gobernar y sus partidarios lo saben. Y tan es así que no han salido a defenderla. Los que votaron por ella –argumentando que no le daban un cheque en blanco– tampoco han salido a defenderla, por una sencilla razón, porque no tiene elementos para defenderla y  porque no ha hecho nada relevante o digno de ser destacado.

No es defendible la entrega de unos galones de cloro en una escuela para desinfectar las aulas, por ejemplo. Pero, sobre todo, no es defendible la corrupción que significa el Patrullagate, una historia que apenas se inicia su redacción.

De cualquier manera, que sus partidarios no salgan a defenderla es de valorarse, eso significa que les da vergüenza defender lo indefendible. Y eso es muy bueno.

Morena está ausente, porque lo desmantelaron y lo dejaron en huesos desde antes de la elección. Morena no sirve ni para echar porras. 

Los medios dicen que es un problema de comunicación, no. El problema de Indira no es de comunicación es un problema del qué hacer. No sabe qué hacer ni ha hecho nada.

Cuánto tiempo estamos dispuestos a darle para que se vayan. Un año, dos años, tres años o seis años. El tiempo que estemos dispuestos a darle será directamente proporcional a lo que estemos dispuestos a pagar como sociedad, pues cada día que pasen al frente  del gobierno estos ineptos será un  costo que se irá acumulando a la cuenta fiscal del pueblo de Colima.

Regular la revocación de mandato en Colima es urgente y necesario porque se pondría en manos de los colimenses un instrumento para relevar en un tiempo prudente a un gobierno ineficiente como el actual.

El gobierno de Nacho, el monumento a la corrupción y la impunidad,  nos salió carísimo. Cuánto estamos dispuestos a pagar por la ineptitud de Indira y su gobierno. Debemos de demostrar que algo aprendimos del desastroso gobierno de Nacho y que eso no nos debe volver a pasar. 

Estamos a tiempo, la revocación de mandato debe reglamentarse y el pueblo de Colima debe decidir si se organiza y toma cartas en el asunto o si deja que corra el tiempo y volvemos a sufrir un nuevo colapso financiero que  pondría en jaque la viabilidad de un estado ordenado, como el que hasta hoy tenemos, y los poderes fácticos, donde el crimen organizado lidera, tomen el control directo de las instituciones estatales.

Camellones llenos de basura, inseguridad rampante, servicios públicos deficientes, gobierno estatal técnicamente cerrado, gobiernos municipales a la deriva –excepto Manzanillo– es lo que tenemos aquí.

La llave de la solución la tiene el Congreso y éste debe reglamentar la revocación de mandato, de lo contrario, en pocos meses, estaremos  todos los ciudadanos colimenses llorando nuestras desgracias y lanzando insultos en el Facebook y en el Twitter y tronándonos los dedos para que termine el sexenio y poder relevar a la inepta que quiso y no pudo gobernar un pequeño y bello estado.

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