La columna
El puercoespín
Combate versus la corrupción
Renunció Francisco Álvarez de la Paz a la Fiscalía Especializada en el Combate a la Corrupción. Se gastaron 3 millones 648 mil 442 pesos para su funcionamiento; recibió 551 denuncias; elaboró 256 carpetas de investigación; logró procesar dos casos por peculado; obtuvo una sentencia; su efectividad fue de 0.18 por ciento.
En términos simples y llanos es una institución que no sirve para nada. Es costosa y solo sirve de tapadera para los corruptos, es decir, que en los hechos se convierte, paradójicamente, en una promotora de la impunidad. Gracias a ella se logra el binomio perfecto: corrupción-impunidad.
Su combate versus la corrupción es una vacilada muy costosa –más de tres millones y medio anuales—que convierten su existencia en una mala parodia de un teatro surrealista que es muy real, tan real, como su impacto en el presupuesto gubernamental. Donde todos cooperamos para financiar a una mala representación teatral.
La impunidad que produce
El 5 de septiembre de 2018 y, a propuesta del entonces gobernador Ignacio Peralta Sánchez, la mayoría de los diputados de la LVIII legislatura designaron a Francisco Álvarez de la Paz como Fiscal Especializado en el Combate a la Corrupción.
La Historia lo pondrá en la vitrina del absurdo juego de la impunidad en su momento. De las 551 denuncias solo una tenía un valor para la justicia, para lo político y trascendente, la carpeta de Altozano. El fiscal cumplió su cometido y se marchó. Decidió no ejercer la acción penal contra la ex presidenta municipal de Cuauhtémoc y renuncia. Tu trabajo está concluido. Su carpeta era una sola. La carpeta de Altozano. Las restantes 255 carpetas no tienen ningún valor, no le importan ni a él, en particular, ni a la sociedad política colimense, en general. Pero a los ciudadanos sí nos importan, esas, y muchas más por integrar.
Este renuncia no es de esas renuncias que terminan el día que dicen me voy y se van, no. Su renuncia es el principio de un largo proceso de discusión social y político a cerca de la impunidad y la lucha contra la corrupción. Su renuncia será el punto de partida de todas las demás carpetas que se elaboren para combatir la corrupción que viene desde los sexenios de Mario Anguiano e Ignacio Peralta. Cada carpeta contra Mario y Nacho estará marcada por la carpeta de Altozano.
La renuncia de Álvarez de la Paz es el principio de una guerra de los ciudadanos contra los políticos y su endémica persistencia de la corrupción y su hermana bastarda la impunidad.
Álvarez de la Paz hizo su trabajo, y bien, el no ejercer la acción penal contra ningún funcionario importante, es decir, contra los que lo pusieron era precisamente su trabajo. Su trabajo era no procurar justicia.
Él aventó la renuncia a los diputados y estos bien felices. Este pequeño paso teatral nos costó poco más de tres millones de pesos –su puesta en escena—el verdadero costó es el manto de impunidad con el que el fiscal cubrió los actos políticos de la actual gobernadora y del gobernador que fracturó las finanzas del estado.
Dicen que se va el fiscal anticorrupción y los diputados le dicen adiós muertos de la risa. Todos, diputados, fiscal y funcionarios de Nacho e Indira volverán sus rostros para vernos muertos de la risa como si no pasara nada. La impunidad flota en el aire. Los ciudadanos no vamos a cruzarnos de brazos porque todavía falta mucha historia por venir.
El binomio perfecto
Francisco Álvarez de la Paz solo puso al descubierto la terrible imagen de los políticos contemporáneas que juegan a ser enemigos, a ser distintos, pero que en fondo ambos se cubren con el manto del binomio perfecto: corrupción-impunidad.
El gobierno de Nacho y el de Indira tienen algo que los une muy fuertemente: no se sabe dónde termina el primero y donde inicia el segundo, son lo mismo, son el binomio perfecto: corrupción-impunidad.