Columna
El puercoespín
El gobierno de Colima está atrapado entre aumentar los impuestos –básicamente dejar de subsidiar la tenencia— o solicitar un crédito para cubrir sus pasivos atrasados y financiar su gasto corriente. Esa es el dilema que se plantea.
La comparsa de diputados que, se ofrecen al mejor postor, están explorando la vía del endeudamiento.
En 1975 Jack Nicholson protagonizó una película llamada Atrapado sin salida que originalmente lleva el nombre de One flew over de cuckoo’s nest. El argumento relata la vida de un preso sumamente agresivo que es llevado a un psiquiátrico porque en la prisión su comportamiento violento es insoportable. En la cárcel no lo soportaron por violento y en el psiquiátrico no tenía vida. Es un delincuente atrapado en su vida existencial sin opciones humanas. La cárcel y el psiquiátrico no son opciones humanas. Vive atrapado sin salida. El final es trágico, pero muy humano.
En Colima, el gobierno está inmovilizado desde antes de iniciar su gestión. Padece el síndrome de la inacción. Primero lanzó las opciones de mejorar su eficiencia recaudatoria de impuestos; aplicar un programa de austeridad muy agresivo; y finalmente, aumentar los recursos propios. Esta última opción debe traducirse como cobrar la tenencia que, los anteriores gobiernos, habían dejado en suspenso y bajo la modalidad de subsidio que se usaba como un medio para obligar al pago de los demás impuestos y servicios.
El fantasma del cobro de la tenencia sigue flotando en el ambiente, pues el nuevo gobierno todavía no decide qué va hacer. Tiene todo en suspenso –esperemos que tome la decisión antes de terminar el sexenio–.
Mientras tanto el grupo parlamentario del Partido Verde Ecologista de México, integrado por la diputada Sandra Patricia Ceballos y el diputado Roberto Chapula de la Mora, hicieron una propuesta para que la gobernadora Indira Vizcaíno Silva, solicite a la brevedad un crédito emergente que permita solucionar la falta de pago a los trabajadores al servicio de Gobierno del estado, pensionados y jubilados y maestros. Tanta generosidad no puede ser verdad.
Los verdes están pidiendo iniciar de nuevo el proceso de endeudamiento. Pondrán por delante que no se les ha pagado a los burócratas, que los maestros no han recibido pago, que los jubilados están sufriendo, que tienen que cubrir los pasivos a los proveedores. Prometerán que vigilarán el pago oportuno de los créditos. Se comprometerán a constituir comisiones de vigilancia y fiscalización, como siempre se han comprometido, pero terminarán tan solo ofreciendo excusas cuando vengan los quebrantos financieros.
Son los mismos de siempre, prometiendo las soluciones de siempre. Pero no olvidemos que Patricia Ceballos llegó a ese puesto como una negociación de su marido con el partido Verde después de haber traicionado a Movimiento Ciudadano y de haber realizado jugosos negocios con Pedro Peralta –primo preferido de Nacho Peralta–. Negocios que están financiando, con recursos de anteriores préstamos, bajo la figura de negocios público-privado y todavía se atreven a proponer que se pida un prestamo nuevamente.
Con esta propuesta son dos las vías que se han exploran para salir de la crisis financiera por la que atraviesa el gobierno estatal.
La primera fue la vía de cobrar la tenencia y ahora la ruta del endeudamiento.
Ambas vías son infames, sobre todo, cuando el gobierno las lanza a la opinión sin proponer medidas que garanticen el uso honrado de los recursos, sin ofrecer mecanismos de control efectivos más allá del otorgamiento de un voto de confianza. Además lo hacen diputados impresentables y los de Morena no se atreven a hacerlo porque saben que más préstamos significa endeudar el futuro de nuestros hijos. Ellos los dijeron, todos debemos 15 mil pesos en promedio.
La gobernadora de Baja California, María del Pilar ávila, ya endeudó a su estado por dos mil millones de pesos. Y Colima está explorando esa ruta conocida por todos.
La verdad es que no existen vías fáciles, cualesquiera de ellas, implica sacrificios y actos de confianza. Por ello resulta insultante que dos diputados, una, pareja de un ex presidente municipal que no administró precisamente en forma honrada los recursos y, el otro, Roberto Chapula, francamente impresentable para solicitar y fiscalizar créditos.
Podrán decir que la esposa no tiene nada que ver políticamente con las acciones del marido, pero la forma de llegar a la curul lo dice todo.
El actual gobierno no está haciendo política para convencernos de una opción viable. Tal parece que tomarán una decisión y la impondrán como algo inevitable.
El bajo perfil del gabinete estatal es ampliamente manifiesto. Lupita Solís llegó a su oficina y en una entrevista banquetera a Archivo Digital Colima demostró que todavía no lee la Ley Orgánica del Gobierno del Estado de Colima. Esperemos que algún día la lea, mientras tanto, el tiempo se agota y, el gobierno, tendrá que presentar ante el Congreso el proyecto de presupuesto estatal del próximo año y allí tendrán que plasmar su propuesta de solución a los diputados.
Los ciudadanos no queremos ni impuestos ni créditos que significan volver empezar el círculo vicioso de endeudamiento y crisis. El modelo está agotado. El problema es sistémico y la gobernadora no esboza ningún plan mínimo para enfrentar la crisis.
El presidente viene la próxima semana y san Andrés parece ser la solución. Nuestro estado-pueblito solo espera milagros. Los milagros no existen y la crisis tendrán un costo y alguien la va a pagar, y todo indica, que seremos nosotros los ciudadanos.
El gobierno en funciones no muestra nada. No dice nada. Se están reservado, pero para cuándo.
Tienen cinco días en el cargo, oficialmente, no se les está pidiendo las soluciones ya, sino que digan cómo le van hacer, pero ya, porque tal parece que no saben cómo hacerle.
Lupita Solís apenas está preparando una agenda para reunirse con la sociedad política y yo intuyo que no está operando en Congreso –según lo declarado a Archivo Digital Colima–. No sabe, qué vienen hacer los 300 marinos que llegarán próximamente a Colima. Si la secretaria General de Gobierno no está enterada de esas dos principales cosas, quién sí está enterado. Los silencios a veces son muy elocuentes.
Deuda o impuestos no son opción, y menos, sin mecanismo que nos garanticen que los recursos serán usados correctamente y nos renueven la confianza en el gobierno.
El gobierno está atrapado y sin salida. San Andrés parece ser la solución de un gabinete que apenas está preparando sus agendas, haciendo sus diagnósticos y preparando auditorias que tardarán un año –según un miembro del gabinete— y quizá, ya para entonces, nuestra paciencia este convertida en otra cosa.