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COLIMA

El puerto se queda con las ganancias; Colima, con la contaminación y una laguna en riesgo

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La ampliación portuaria amenaza manglares, pesca y producción de sal en la Laguna de Cuyutlán. Aunque la MIA todavía se encuentra bajo análisis de la Semarnat, el documento reconoce 74 impactos ambientales. Los habitantes que protestaron ante Claudia Sheinbaum no fueron atendidos.

Colima, México, Avanzada (08/09/2026).— Desde hace años, Manzanillo paga un precio alto por albergar el puerto más importante del país. Las ganancias y la recaudación aduanera se concentran en la Federación, mientras en Colima permanecen las carreteras colapsadas, las filas interminables de tráileres, la contaminación, el deterioro de las vialidades y una ciudad que todos los días pierde espacio ante patios de contenedores, vías ferroviarias y zonas industriales.

Ahora, el costo puede incluir la transformación definitiva de la Laguna de Cuyutlán, debido a que la ampliación del Puerto de Manzanillo se desarrollaría sobre alrededor de mil 880 hectáreas del Vaso II. El proyecto contempla cinco terminales de contenedores, dragados de gran escala, canales para buques, plataformas, ferrocarriles, vialidades y zonas administrativas, de acuerdo con la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) presentada por la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) Manzanillo, la cual permanece bajo análisis de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Hasta el momento no existe un resolutivo definitivo que permita afirmar que el nuevo puerto cuenta con autorización ambiental. A pesar de ello, las preocupaciones de pescadores, salineros, ambientalistas y habitantes no se basan en rumores, pues están contenidas en la propia MIA de 2026, registrada con la clave 06CL2026H0009.

El estudio identifica 74 impactos ambientales. El proyecto afectaría alrededor de 53 hectáreas de vegetación natural, aunque las superficies desglosadas en el documento requieren aclaración: 21.87 hectáreas corresponderían a manglar y 33.79 hectáreas a selva baja caducifolia. Ante ello, ambientalistas han sostenido, en diversas entrevistas y protestas, que el manglar protege a las comunidades contra inundaciones y tormentas, evita la erosión, filtra contaminantes y sirve como refugio y zona de reproducción para peces, aves, crustáceos y cocodrilos.

Otra afectación grave se relaciona con la circulación del agua. Los dragados removerán sedimentos del fondo y aumentarán la turbidez; además, las plataformas portuarias podrían reducir entre 30 y 40 por ciento el intercambio de las mareas si las medidas propuestas no funcionan adecuadamente.

Los ambientalistas también advierten que el Vaso II está conectado con los otros tres vasos de la Laguna de Cuyutlán. Por ello, cualquier modificación puede extenderse hacia los Vasos III y IV, reconocidos internacionalmente como humedales Ramsar.

No es la única preocupación. Los pescadores dependen de la calidad del agua y de las áreas donde se reproducen peces y crustáceos. Si aumenta la salinidad, disminuye el oxígeno o desaparece el manglar, también se reducen sus posibilidades de trabajar.

Los salineros, por su parte, necesitan que la laguna conserve su equilibrio para continuar con la producción artesanal de sal, actividad que forma parte de la historia y la identidad de Colima desde hace más de cinco siglos. Ambos sectores temen que la ampliación portuaria destruya las condiciones que sostienen sus actividades.

La MIA propone un programa de reconversión laboral para aproximadamente 300 personas y plantea que el 60 por ciento de los empleos no especializados sea ocupado por habitantes de la zona. Sin embargo, los afectados sostienen que no están pidiendo dejar de ser pescadores o salineros para convertirse en trabajadores eventuales del puerto. Por el contrario, exigen conservar la laguna y mantener las actividades que aprendieron de sus familias.

Estas problemáticas buscaron exponerlas el sábado 5 de septiembre, cuando alrededor de 300 pescadores, salineros, ambientalistas y ciudadanos acudieron al evento encabezado por Claudia Sheinbaum en la Unidad Deportiva Morelos.

Llevaron pancartas, mantas y un megáfono para protestar contra la ampliación portuaria y solicitar la protección de la Laguna de Cuyutlán. La presidenta ofreció escucharlos al terminar el acto y les pidió guardar silencio mientras presentaba los resultados de su segundo año de gobierno.

Sin embargo, conforme continuaron las protestas, la presidenta los llamó “irrespetuosos” y sugirió que eran “infiltrados del PRIAN”. Cuando terminó el evento, se retiró sin atenderlos.

Este lunes, durante la conferencia matutina, la mandataria confirmó que decidió no recibirlos porque mantuvieron la protesta con el megáfono. “Consideré que, si seguían hablando, pues ya tampoco al final los iba a atender, porque es un asunto de respeto mutuo”, explicó.

Desde el fin de semana, la protesta fue reducida a una confrontación política, aunque el expediente ambiental confirma que existen riesgos para el manglar, el agua, la fauna y las actividades productivas.

La Semarnat todavía debe decidir si autoriza el proyecto y, en su caso, bajo qué condiciones. Mientras tanto, el gobierno federal continúa presentando la ampliación como una obra estratégica para el país.

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