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COLIMA

La Salada: atrapados 14 horas entre el tráfico y el calor

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Colima, México, Avanzada (04/09/2026).- A las ocho de la noche del miércoles, algunos trabajadores de la educación salieron de Manzanillo rumbo a Colima después de terminar su jornada laboral; el viaje, que normalmente requiere alrededor de una hora y media, terminó para algunos cerca de las cuatro de la mañana del jueves, después de permanecer durante horas dentro de un autobús atrapado entre cientos de vehículos que prácticamente dejaron de avanzar sobre la carretera Colima-Manzanillo.

No fueron los únicos que padecieron la situación y el silencio oficial: también los conductores de tráileres permanecieron varados durante horas dentro de sus unidades, bajo temperaturas que en la zona costera pueden resultar extremas, sin lugares adecuados para conseguir agua o alimentos y, en determinados puntos de la carretera, sin una posibilidad sencilla de descender para utilizar un sanitario. Para algunos transportistas consultados, la espera superó las 14 horas.

Lo ocurrido el miércoles 2 de septiembre no terminó con la llegada del amanecer, pues el jueves 3 la escena volvió a repetirse: filas kilométricas de automóviles, autobuses y tráileres, vehículos detenidos durante horas y una carretera estratégica para la economía de Colima convertida nuevamente en un enorme estacionamiento.

El colapso fue documentado públicamente por distintos medios de comunicación y automovilistas.

AVANZADA reportó el jueves que, por segundo día consecutivo, la autopista estaba congestionada en dirección Tecomán-Colima y que conductores denunciaban esperas superiores a una hora para avanzar apenas unos metros y tiempos acumulados de más de diez horas para atravesar el tramo Tecomán-Los Asmoles.

Mientras cientos de personas permanecían atrapadas, el portal habilitado por el Gobierno de Colima para orientar a los usuarios mostraba, la noche del jueves, tiempos estimados de una hora con 58 minutos por La Salada para viajar de Manzanillo a Colima; dos horas con 10 minutos por Tamala; dos horas con 18 minutos por Madrid, y dos horas con 27 minutos por El Coyote. La realidad sobre el asfalto era distinta para quienes quedaron atrapados.

Cuando los automovilistas intentaron escapar del congestionamiento, encontraron que las llamadas rutas alternas tampoco estaban preparadas para absorber el flujo de una de las carreteras más importantes del occidente del país.

Una de ellas es Rincón de López-Madrid. El jueves, en pleno colapso carretero, el propio Ayuntamiento de Armería pidió no utilizarla debido al incremento del nivel del río Armería y advirtió que las condiciones de la vía no eran adecuadas para el tránsito vehicular, ante el riesgo de accidentes o de que los automóviles quedaran atascados.

Otra posibilidad es abandonar la autopista y buscar el camino que atraviesa comunidades de Coquimatlán y conecta con la zona de Jala; durante la temporada de lluvias, sin embargo, las condiciones de estos caminos pueden complicarse por deslaves, escurrimientos y deterioro de la superficie, por lo que tampoco representan una alternativa capaz de recibir de manera segura y permanente el volumen vehicular de la autopista.

Está también El Coyote, en Tecomán. Pero esa carretera arrastra, desde antes de la actual crisis, denuncias por su deterioro: usuarios han reportado baches, vegetación que reduce la visibilidad y tramos donde el pavimento está severamente dañado. Desde noviembre de 2025, automovilistas habían solicitado su rehabilitación, precisamente porque cada cierre de la autopista incrementaba el tránsito y, con ello, el riesgo de accidentes.

En agosto pasado, cuando El Coyote comenzó a recibir nuevamente una cantidad considerable de vehículos debido a los problemas de La Salada, la Dirección de Vialidad de Tecomán tuvo que colocar vigilancia para impedir el ingreso de tráileres y tortons y recomendar a los automovilistas reducir la velocidad ante las condiciones de la ruta y el incremento del flujo vehicular.

Así, durante miércoles y jueves, quienes intentaban viajar entre Manzanillo, Tecomán y Colima enfrentaron una especie de embudo sin una salida segura: congestionamiento en La Salada y rutas alternas saturadas, deterioradas o incluso desaconsejadas por las propias autoridades.

Semanas antes, trabajadores que utilizan diariamente esta carretera ya habían advertido sobre las consecuencias de los cierres y congestionamientos. La diputada Betzaida Pinzón señaló públicamente que maestros y personal de salud habían comenzado a viajar con comida, agua y sus teléfonos cargados porque desconocían cuánto tiempo podían permanecer varados; también pidió señalización, vigilancia y orientación para quienes utilizan las vías alternas.

La propia secretaria de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad, Marisol Neri León, había reconocido el problema. El 13 de agosto anunció que serían habilitados dos carriles adicionales en La Salada para agilizar el tránsito y sostuvo que existía coordinación con la Guardia Nacional, la Policía Estatal y autoridades municipales para apoyar el flujo vehicular en las rutas alternas. Incluso aseguró entonces que la vía Caleras-Madrid-Coquimatlán se encontraba en buenas condiciones.

Tres semanas después, la carretera volvió a colapsar.

Hasta este viernes, el Gobierno estatal no había difundido una explicación pública detallada sobre qué provocó específicamente los congestionamientos extraordinarios del miércoles y jueves, por qué cientos de usuarios permanecieron atrapados durante tantas horas, qué falló en la operación vial o qué responsabilidades corresponden a las autoridades y empresas involucradas en los trabajos.

En cambio, el jueves la Seidum difundió un nuevo comunicado: anunció que este sábado 5, domingo 6 y lunes 7 de septiembre, La Salada volverá a tener cierres totales de medianoche a las cinco de la mañana, como parte de los trabajos para modernizar el Corredor Logístico Colima-Manzanillo. Durante esas horas, el transporte pesado no podrá circular y los vehículos ligeros deberán utilizar nuevamente la carretera libre y las rutas alternas.

Es decir, después de dos días de caos, la respuesta pública conocida no fue explicar qué había ocurrido, sino anunciar nuevos cierres y volver a pedir a los ciudadanos que planeen sus viajes, consulten las rutas alternas y consideren tiempo adicional.

La ampliación de La Salada forma parte del Corredor Logístico Carretero y en ella participan autoridades estatales y federales, además de la concesionaria Pinfra. Apenas el 11 de agosto, la gobernadora Indira Vizcaíno Silva, funcionarios de la SICT, Guardia Nacional y representantes de la empresa se reunieron con cámaras empresariales para informar sobre los avances y anunciaron que la ampliación de cuatro a seis carriles estaría terminada para el inicio del periodo vacacional de diciembre.

Pero para quienes quedaron atrapados esta semana, la carretera se convirtió en algo mucho más elemental que una fecha o un compromiso: se convirtió en la incertidumbre sobre cómo llegar a casa de forma segura.

*Imagen ilustrativa.

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