Colima, México, Avanzada (26/01/2026).— Con la voz quebrada, pero firme, Rocío Hernández decidió detener parcialmente el tránsito en la carretera Tecomán–Manzanillo. No lo hizo por provocar, ni por “hacer relajo”, como ella misma aclaró, sino para lo único que hoy le importa: que las autoridades busquen a su hijo, Omar Eliseo Rosales Hernández, desaparecido desde hace 12 días.
Acompañada por transportistas y compañeros de gremio —pues ella también es chofer— Rocío levantó la voz en medio del asfalto para visibilizar una ausencia que la consume. “En mi casa hay una silla vacía”, dijo. “Y a nadie le importa. Todos juzgan, todos hablan, pero nadie está en mis zapatos”.
Durante la protesta, explicó que la interrupción de la circulación fue una medida desesperada ante la falta de respuestas oficiales. Señaló que, a casi dos semanas de la desaparición de su hijo, no se han solicitado cámaras de videovigilancia ni se ha rastreado su teléfono celular. “Todo es procedimiento, que no se puede, que no tienen los medios, que la gobernadora no se los da… entonces, ¿cómo le vamos a hacer?”, cuestionó.
Rocío reconoció la presencia de autoridades en el lugar, pero dejó claro que su exigencia no es castigo ni culpables, sino algo mucho más elemental: “No queremos culpables, queremos a nuestros hijos de regreso”. Advirtió que, de no obtener respuestas concretas, el cierre de la vía se ampliaría como forma de presión. “Ya nos cansamos de que nos traigan vuelta y vuelta, de que nos digan ‘yo le aviso’. Yo dejé de trabajar, porque a mí me interesa mi hijo”.
Entre lágrimas y enojo, habló también del juicio social que enfrentan las familias de personas desaparecidas. “Los demás critican, los demás dicen, pero no están aquí. A mí sí me interesan mis hijos. Yo soy su mamá”. Agradeció el respaldo del grupo de troqueras que la acompañaron, madres trabajadoras que, como ella, viven del volante y hoy sienten el mismo miedo. “No somos animales. Hasta los perritos buscan a sus hijitos. Imagínense yo”.
La protesta también se convirtió en un reclamo colectivo por la inseguridad en las carreteras. Rocío denunció la falta de condiciones mínimas para los transportistas y recordó que son ellos quienes mantienen en movimiento al país. “Sin nosotros, todo se para”, dijo, al tiempo que pidió solidaridad para compartir el mensaje y exigir acciones reales.
Finalmente, su exigencia se amplió más allá de su propio dolor. “No nada más es por mi hijo”, afirmó. “Es por todos los desaparecidos del puerto de Manzanillo”. Rodeada de asfalto, motores detenidos y miradas solidarias, Rocío cerró con la misma súplica que la llevó hasta ahí: “Quiero saber dónde tienen a mi hijo. ¿Cuántos días más tengo que esperar?”.