Durante una obra en el barrio de Coghlan, obreros encontraron restos humanos enterrados en una vivienda que fue habitada por Gustavo Cerati a comienzos de los 2000. El hallazgo encendió una investigación judicial que intenta esclarecer si se trata de un crimen o de restos de valor histórico.
Buenos Aires, Avanzada (09/06/2025).- Un descubrimiento inesperado durante una obra de demolición en el barrio porteño de Coghlan encendió las alarmas de las autoridades y despertado el interés público. Mientras un grupo de obreros realizaba tareas de excavación en un terreno ubicado en avenida Congreso al 3700, los trabajadores se toparon con lo que serían restos humanos, lo que derivó en la intervención inmediata de la Policía de la Ciudad y peritos forenses.
El episodio ocurrió el pasado 20 de mayo, aunque recién trascendió en los últimos días. Según fuentes oficiales, durante los trabajos de remoción de escombros y tierra, parte de una pared colapsó y dejó al descubierto fragmentos óseos. En el lugar también fueron hallados objetos personales como relojes, aunque aún no se determinó si tienen relación directa con el cuerpo.
El caso quedó a cargo del fiscal nacional en lo criminal y correccional Martín López Perrando, quien ordenó pruebas periciales para establecer la antigüedad de los restos. Los primeros análisis forenses apuntan a que los huesos corresponderían a una persona joven, posiblemente menor de 30 años, enterrada en la década de 1990. Sin embargo, no se descarta que los restos sean de una época aún más antigua.
Lo que suma un tinte peculiar al hallazgo es la historia del inmueble. En esa misma casa vivió el músico Gustavo Cerati entre 2001 y 2003. Durante ese período, el líder de Soda Stereo solía recibir visitas de figuras icónicas del rock argentino como Charly García, Fito Páez, Hilda Lizarazu y Luis Alberto Spinetta. El inmueble, una casona de dos plantas, era propiedad de la artista plástica Marina Olmi, hermana del actor Boy Olmi.
Pero la historia del predio va más allá del ámbito musical. Antes de convertirse en una vivienda particular, el lugar habría sido sede de un geriátrico, un establo e incluso una capilla, conocida como Iglesia Santa María. Esta multiplicidad de usos a lo largo del tiempo abrió nuevas hipótesis para los investigadores, quienes no descartan que los restos tengan un valor histórico o religioso. De confirmarse esta posibilidad, el caso podría pasar a la órbita de la Justicia Federal.
La actual propietaria del terreno, quien adquirió la propiedad hace más de 30 años junto a su entonces esposo, relató que la compraron al hijo de una mujer alemana llamada Olga Schuddekopf, lo que podría aportar elementos para la reconstrucción de la historia del sitio.
Mientras avanzan los estudios antropológicos y criminalísticos, el terreno se convirtió en una intersección insólita entre el arte, la memoria y el misterio. En el lugar donde alguna vez resonaron las melodías de Cerati, hoy se investiga una historia enterrada que aún no termina de revelarse.