Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.
Malas Compañías
El deterioro de los ecosistemas, el extractivismo desmedido por parte de grandes empresas internacionales, la contaminación cada vez mayor en los centros urbanos, el cambio de uso de suelo indiscriminado por el crecimiento demográfico y la explotación agrícola provocan ya considerables modificaciones en el clima de la entidad.
No habrá que esperar décadas para padecer las consecuencias del cambio climático en Colima, sus efectos ya se dejan sentir con el acelerado incremento de la temperatura y la desaparición de breves intervalos de lluvia fuera de temporada, sobre todo en los meses de diciembre y enero.
La Comisión Nacional del Agua (Conagua) reporta que en el mes de enero, Colima registró la temperatura máxima promedio más alta de todo el país, con 31.7 grados centígrados; en tanto que para el mes de febrero tal indicador de temperatura se ubicó en 32.6 grados, únicamente superado por Guerrero.
Además, la dependencia federal consigna en su monitoreo de las condiciones climáticas, que durante los meses de marzo y abril, en Colima, Jalisco, Nayarit y Sinaloa no se presentó un solo milímetro de lluvia, lo que ha provocado la disminución significativa de cuerpos de agua y presas de almacenamiento.
La modificación paulatina de los patrones de temperatura y lluvia es irreversible, según los escenarios probables diseñados por instituciones y dependencias gubernamentales; la acción del hombre sobre la naturaleza tiene ya un impacto que genera sus primeras señales en nuestra vida cotidiana.
La situación actual evolucionará hasta transformar el entorno y por tanto las dinámicas de relación con el ambiente, pues se proyecta que el cambio climático provoque un incremento de alrededor de 30 centímetros en el nivel del mar en los próximos 25 años, así como de un aumento de 2 grados centígrados en la temperatura promedio del estado.
El Diagnóstico Climático del Estado de Colima, elaborado en 2024 por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), así como el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), precisa que en 25 años se alteró el 25 por ciento de la cobertura vegetal del estado para su uso en cultivos y/o pastoreo.
Añaden esas instituciones que el indiscriminado cambio del uso del suelo es la principal amenaza para los ecosistemas locales. Ejemplifican que entre 1993 y 2019, el nivel del mar aumentó 4.2 centímetros en la zona costera de la entidad, y para los próximos 25 años se esperan otros 34 centímetros.
Las proyecciones para fin de este siglo establecen que el nivel del mar se habrá elevado un metro, lo que afectaría la zona circundante a la Laguna de Cuyutlán, además de los asentamientos humanos en Cuyutlán, El Paraíso y en las riberas del Río Armería.
En cuanto a la temperatura, el documento elaborado por la Semarnat proyecta que en los próximos 15 años la temperatura promedio de la entidad aumentará por lo menos 1 grado centígrado y hasta 2 grados para 2060, es decir en apenas 35 años, cuando a nivel mundial se pronostica ese incremento a lo largo de todo un siglo.
Para lo que resta del siglo, el panorama más drástico de las instituciones que elaboraron el Diagnóstico Climático del Estado de Colima, contempla un incremento de la temperatura de hasta 4.6 grados centígrados, lo que significaría un profundo impacto para la vida en el territorio estatal.
En el tema de las lluvias la situación no es más favorable para Colima, pues se proyecta que para el fin de este siglo, las precipitaciones pluviales hayan disminuido hasta un 15 por ciento.
Incluso en los escenarios más favorables, coinciden la Semarnat y el INECC, las variaciones tendrán un impacto considerable en los ecosistemas locales, las dinámicas sociodemográficas y las actividades productivas, pues sobre todo las últimas dependen del frágil equilibrio con la naturaleza.
Las previsiones exigen una estrategia integral de mitigación del impacto del cambio climático operada desde el gobierno estatal; es indispensable la elaboración de un conjunto de acciones que incluyan la participación y el compromiso de todos los sectores sociales.
Los efectos del deterioro ambiental ya forman parte de la cotidianidad colimense; el aumento de la temperatura, la ausencia de lluvias y la sequía son fenómenos que no harán más que intensificarse en los próximos años, por lo tanto es urgente un paquete de medidas que prepare a los colimenses para enfrentarse a escenarios adversos.