Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.
Malas Compañías
La degradación de la política colimense es un proceso que se ha gestado durante años, no se trata de un fenómeno reciente pero sí encuentra su cima en el actual régimen gubernamental, con una casta en el poder insensible y omisa a los grandes problemas actuales.
Los diputados integrantes del Congreso del Estado representan a la perfección los altos niveles de descomposición que prevalecen en la gobernanza local. El Poder Legislativo es una grotesca caricatura, alejada años luz del verdadero espíritu de una representación popular.
Si acaso, los legisladores representan con fidelidad sus propias ambiciones políticas y económicas, las de la cúpula gobernante y ya con mucho esfuerzo al partido que los llevó al cargo; ni hablar de identificación con sus votantes o con las causas que hipócritamente afirman respaldar, como la justicia social, la defensa de los derechos o la democracia.
Los diputados, en su mayoría improvisados que se encaramaron al movimiento lopezobradorista cuando este ya se encontraba en plena etapa de éxito, han demostrado una dolosa ruptura con la realidad y prefieren refugiarse en ridículas estrategias como la invención de premios y reconocimientos que por lo demás, es una labor que no les corresponde y tampoco justifica los más de 100 mil pesos mensuales que perciben.
En lo que va de este mes de mayo, los diputados únicamente han realizado apariciones públicas para: emitir la convocatoria al premio por el cuidado del medio ambiente; la convocatoria para el premio a periodistas; entregaron reconocimientos a enfermeros; también a algunos docentes por años de antigüedad; anunciaron actividades por el día de la abeja y otorgaron reconocimientos a salineros.
Por supuesto que todos los grupos anteriores merecen distinciones e incentivos, pero no corresponde a los diputados esa tarea, en cambio, la asumen con particular interés para ocultar su negligencia y desinterés, su absoluto desdén a temas relevantes que tendrían que ser debatidos en la máxima tribuna de la entidad.
Mientras que un día sí y otro también anuncian nuevas fechas conmemorativas y se inventan premios, en la congeladora legislativa permanecen temas trascendentales como los juicios políticos al exgobernador Ignacio Peralta Sánchez y su tesorero, Carlos Noriega García, responsables confesos de desvíos de recursos por millones de pesos.
Al tiempo que posan sonrientes para las fotos en homenajes y ceremonias, los tribunos se niegan a solidarizarse siquiera con madres buscadoras y familiares de víctimas de asesinatos, o pronunciarse en temas de fondo que atañen a la colectividad. El silencio cómplice en torno a las problemáticas del estado es lo que prevalece en el Congreso del Estado.
En lo que va de la presente legislatura se han presentado 115 iniciativas. De ese total, solo el 28.6 por ciento fueron elaboradas por los diputados, el resto corresponden al trabajo realizado por los ayuntamientos, el gobierno estatal o se trata de minutas que llegan desde la Ciudad de México.
Mientras que la bancada oficialista que integran Morena, PT, PVEM y Nueva Alianza, apenas ha presentado el 19.1 por ciento del total de iniciativas que llegaron al Poder Legislativo; es decir que dos de cada 10 propuestas son de los legisladores afines al régimen, una productividad vergonzosa para los privilegios que les otorga el erario.
El Congreso no fiscaliza, ni legisla y muchos menos representa al pueblo. Los diputados perdieron toda su legitimidad y vínculo con la realidad para convertirse en meros esbirros del régimen morenista, en peones al servicio de un sistema político obsoleto que ya no responde a las necesidades sociales.
Cómodos en un injusto esquema de privilegios, los diputados locales protegen el feudo de la nómina gubernamental a costa de lo que sea, sacrificando principios, prestigio y dignidad, pero más grave aún, traicionando la voluntad del pueblo al que dicen representar.
En ese confort, los legisladores dejaron de servir hace mucho a los colimenses, son una figura decorativa y por lo tanto, en la próxima reforma electoral su número tendría que reducirse por lo menos a la mitad; actualmente son muchos para no hacer prácticamente nada.