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COLIMA

Y lo descubrieron: el partido Morena no existe

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Columna

El Puercoespín

En Morena, cuando se dio el proceso interno de la selección de candidaturas, se dijo que los gobernadores eran quienes harían las planillas en los estados y a nivel nacional Mario Delgado -el personero del presidente- procedería a hacer lo mismo. Pidieron unidad y que la discusión se daría después de las elecciones, en el momento adecuado.

Pasaron las elecciones y resultaron electos gobernadores, diputados, senadores y presidentes municipales vinculados al crimen organizados, postularon ladrones, miembros del enemigo y toda clase de fauna impresentable. Y los que se dicen intelectuales y “fabricadores de los consensos” en la izquierda dijeron a sus votantes: ¡Cállense estúpidos!

Los denominados momentos oportuno o adecuados o como les llamen nunca llegan.

Federico Bonasso lo sintetiza así: “La izquierda cae otra vez en el verticalismo de la vanguardia iluminada. Si se dice democrática debe serlo en sus procesos internos. Si se apela a una revolución de las conciencias no pueden compartimentar luego esa conciencia y querer restringirla solo a ciertos temas. Si busca politizar y dar poder a la ciudadanía no puede descalificar luego esa politización o cuestionar ese poder. La misma crítica que se le hace a la élite nacional se debe hacer a la élite morenista: no le tengan miedo al pueblo ni a las bases. Escuchen su voz.”

John M. Ackerman le recomienda al Fisgón lo siguiente: a ti nadie te votó y mucho menos te dieron el poder para callar y ningunear a la militancia. Los puros y los duros son ustedes que no aceptan la crítica, sino que prefieren imponer el pensamiento único.

Serénense. La pluralidad y el debate fortalece al movimiento. Amor y paz, concluye diciendo en su cuenta de tuiter.

El problema de haber impuesto a Sergio Mayer como diputado por la vía plurinominal no es un asunto coyuntural ni particular de una imposición de Mario Delgado por situaciones y circunstancias inconfesables, no. El problema es estructural. Como estructural es el problema de Gerardo Fernández Noroña al que le negaron el cumplimiento de un acuerdo político. Aunque los analistas políticos lo podrían enfocar desde la perspectiva palaciega.

El problema de Morena es que sus elecciones primarias no fueron tales. La candidatura a la Presidencia fue una misión encomendada a los gobernadores y, hecho el trabajo, se les pagó con base en ese acuerdo; por tanto, ellos asumieron las jefaturas del partido en sus localidades y consecuentemente elaboraron las planillas locales en las pasadas elecciones. El presidente fue el gran jefe de la orquesta.

Mario Delgado fue la correa de transmisión a las órdenes del presidente y tuvo derecho de colocar a ciertos miembros o cercanos a él o a sus aliados por los servicios prestados. El resultado es un amplio consenso nacional prendido con alfileres.

A todos los simpatizantes de la Cuarta Transformación se les pidió disciplina con base en un gran proyecto nacional, el denominado Plan C, para continuar con el programa del gran movimiento de izquierda que late en el contexto nacional.

El asunto del pacto incumplido con Noroña y el repudio a Sergio Mayer son la expresión en redes, de ese sentimiento que late en la gente de izquierda. Los votantes de izquierda no aceptan ni aceptarán al hatajo de delincuentes que postuló directamente Morena y sus aliados, particularmente el partido de delincuentes asociados en el partido Verde.

La gente de México votó masivamente porque no regresen al poder los delincuentes organizados en el Prian, pero ello no significa que hayan votado por los delincuentes postulados por Morena y sus aliados lo que nos plantea una paradoja abiertamente. La gente de México también votó masivamente por un programa de bienestar social.

La gente simpatizante con la izquierda no cuenta con una organización partidista donde gestionen sus candidaturas, carencia que comparten con los simpatizantes de la derecha que sus partidos tampoco los dejan involucrarse en los procesos internos. La sociedad política mexicana tiene un consenso no le gusta que la gente se involucre en política, para ellos son masa, borregos, votantes. Solo un día valen, el resto son marginados.

¿Y Morena?

Morena como partido de izquierda se disolvió cuando llego al poder y en su momento no pareció importarle a la mayoría de la gente, aunque todos lo vimos. La disolución de Morena fue sustituida por la boyante y veloz burocracia nacional y local que fue ocupando los puestos burocráticos sustituyendo a la vieja burocracia prianista derrotada en las urnas.

Morena y el Gobierno de México pronto fueron absorbiendo e integrando a la vieja burocracia en sus filas bajo una supuesta conversión a las posiciones progresistas. Coloquialmente a este proceso se le llamó el surgimiento del Primor. Algo similar a la conformación del Prian. El PRI no se pierde ni se crea, solo se transforma.

Lo anecdótico

Rafael Barajas, el Fisgón, no está cometiendo un pecado de soberbia simplemente está expresando la opinión de una élite que se siente la constructora de una transformación revolucionaria sin precedentes y la gente, los votantes no cuentan, son simples peones que están para obedecer. La revolución de las conciencias es para los dirigentes un concepto propagandístico.

La derecha en México, desde que perdió la elección en 2018, cometió un pecado capital, optó por asumir la posverdad como doctrina programática, como plan de acción y como método de acción política. El resultado fue su desastre electoral.

En los seis años del gobierno de la 4T no se cansaron de insultar, vejar, humillar a los ciudadanos mexicanos olvidando que son los votantes. Pendejos, estúpidos, enajenados, chairos, pejezombies les dijeron.

El Fisgón está iniciando el camino de recorrió la derecha, despreciar y defenestrar a los ciudadanos. El Fisgón fue testigo del destino de la derecha, pero él piensa, como buen soberbio, que a ellos no les sucederá. El Fisgón representa el pensamiento de los inquilinos de Palacio.

La gente de izquierda en las redes y en los espacios sociales donde debate la vida nacional está pidiendo un espacio para debatir este tipo de asuntos dentro del partido Morena, pero con sorpresa ha redescubierto que el partido Morena no existe, existe una élite de burócratas que se sienten ungidos como los nuevos iluminados.

Morena no existe. Nuevos espacios se van a crear para la gente que sí cree y ejerce su criterio. La revolución de las conciencias creará sus propios espacios.

El presidente no se retirará, él será, para los morenistas, el dirigente de facto del partido ante la disolución del partido formal y en los hechos.

Morena transitará a partir del primero de octubre por dos carriles, por un lado, el de la burocracia en el poder y, por otro lado, el empuje de un movimiento social que se mantendrá crítico al gobierno y lo obligará a incluir el pensamiento y el programa de los ciudadanos en la vida pública.

Las élites de derecha y las burocráticas no tienen futuro inmediato.

Nuevas formas e instrumentos de participación política se anuncian para los próximos seis años.

Y lo descubrieron, ya era hora, que el partido Morena no existe.

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