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La vulgaridad y el desprecio: marcas en la administración pública en México

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Escrito por Lily Campos.

Recuerdo haber visto en algún momento videos virales de Barack Obama, cuando fue presidente de Estados Unidos, en donde se destacaban actos de humildad y amabilidad de su parte. Solo Obama y su círculo cercano, saben si dichos actos eran auténticos o politiqueros; sin embargo, lo que si quisiera destacar es lo siguiente: aún siendo simulados, se necesitan urgentemente más servidores públicos que apelen a dicha conducta motivada por estos valores: humildad, amabilidad y respeto.

Cuando inicia una administración y se integra un equipo de trabajo, la vida privada de los miembros que la conforman puede ser poco o nada conocida; pero definitivamente lo que se desconocerá por completo, es el tipo de Educación que hayan recibido en casa y en sus respectivas academias. “La educación se mama”, tal vez habrán escuchado esa frase, porque definitivamente, nuestra verdadera educacción es aquella que mamamos de nuestros núcleos más íntimos y cercanos, no la que nos otorga un recién nombrado cargo público.

Hoy en día, contar con un título universitario no es sinónimo de educación, sino la manera en como tratamos a nuestros compañeros de trabajo, la forma en cómo nos comunicamos con ellos, y la intención de nuestras acciones. Bien es sabido que trabajar en puestos de gobierno- del nivel que sea- puede derivar en un problema de Ego. Si alguna vez alguien ha leído El Príncipe de Maquiavelo, o Las 48 Leyes del Poder, sabe que la política no está hecha de amabilidad y buenas intenciones, sino todo lo contrario.

El reto está en que el humanismo adentro de las instituciones públicas, sea lo que conduzca su política exterior hacia la construcción de la sociedad que queremos. No hay buenos líderes con un equipo déspota o soberbio, simplemente no los hay.

Hace un tiempo recordaba lo aprendido en la Universidad ITESO, universidad jesuita de Guadalajara donde realicé mi posgrado y uno de los temas que siempre recordaré con sumo cariño, fue el despertar de consciencia sobre el liderazgo con valores. Este término, amable lector, o lectora, tal vez no lo haya escuchado; pero déjeme decirle que no todo líder ejerce su función con una motivación basada en valores, ni buscando el bien común. Más bien, son la excepción y difícilmente se entiende la diferencia entre unos y otros.

El liderazgo con valores entiende que las personas actuamos con base a nuestro sistema de valores; por lo tanto, lo que mueve a las personas en su actuar, o la toma de decisiones que realiza, es el conjunto de sus valores y su sistema de creencias. Por lo tanto, si para mí como servidor público, la amabilidad, humildad o respeto, no son valores importantes en mi formación y sistema de creencias, por ende, al momento de relacionarme no sabré como expresarlos ni gestionarlos adecuadamente.

Aunado a lo anterior, si estoy en un cargo medio o con algo de mando, haré que todo mi equipo y subordinados actúen de la misma manera que yo: vulgar y grosero, es decir, los corromperé. Es así. No hay de otra. Por eso es bien sabido que removiendo cabezas se transforman conductas en las jerarquías piramidales. La cultura organizacional, lo intangible de cómo opera un sistema, son los valores con los que se rige el mando a cargo.

Este tipo de educación no te la dan en las escuelas públicas y es una verdadera pena, más que una pena, una desgracia. Seguimos sin entender que el que grita más fuerte no es el que más impone, sino el que más desesperado y débil se siente. Por eso grita, para hacerse oír, porque sabe que de otra manera nadie lo mira.

La administración pública de todos los niveles de gobierno en México, necesita urgentemente aplicar capacitaciones de desarrollo humano y comunicación efectiva entre sus miembros y efectivos. Les piden mucho a los militares, y se habla todo el tiempo sobre derechos humanos, pero déjenme decirles que en materia de respeto, eficiencia, eficacia y buen trato, la milicia es la primera en tener una mejor formación en este tema. Prueba de ello, es el capitán de navío Fernando Winfield, director general de seguridad pública de Manzanillo y todo su equipo, con quien he trabajado y puedo dar fe de la excelente calidad humana que tiene. Excelente. Así como su equipo. Y es militar. Sin embargo, lamentablemente no puedo decir lo mismo de otros servidores públicos, por supuesto con menor cargo y rango, que simplemente dan pena ajena con su comportamiento soberbio y majadero. Otra área que también debo reconocer, es el área de Desarrollo Humano del Ayuntamiento de Manzanillo, a cargo de Jorge Vargas. No sé si todo el personal a su cargo, pero si al menos todos con los que yo he trabajado, tiene un trato 10/10. Excelente. Y se lo he dicho a él mismo. Porque es así, la cabeza o mandos medios con influencia, ejercen un modelo a seguir sobre el trato entre compañeros y en general hacia la población a quienes se deben.

Finalmente, no me queda más que recordarles lo siguiente: los cargos son pasajeros, pero cómo hiciste sentir a las personas, perdurará toda la vida.

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