Columna
El puercoespín
La Operación Colima está siendo plenamente documentada. El uso de recursos públicos para las campañas políticas es una realidad y, en Colima, todos los colimenses hemos visto y vivido como lo hacen. En el resto del país los gobernadores han actuado en forma idéntica.
Lo novedoso, a partir del 10 de septiembre, después del Consejo Nacional de Morena, oficialmente los gobernadores estarán operando para la campaña de Claudia, sin pudor alguno.
Creación de consensos
Todos los periodistas y analistas proclives de Morena han centrado sus análisis en el proceso final de las encuestas y han olvidado, muy convenientemente, la forma en que se instruyó a los actuales gobernadores para operar a favor de Claudia, desde que fueron nombrados superdelegados plenipotenciarios de la Secretaría del Bienestar (no olvidemos que, ellos, desde entonces concentraban todo el poder del Gobierno de México en los estados).
Así como operaron los gobernadores, así operaba el IFE, y ahora el INE, las elecciones constitucionales hasta 2018. Lo único que los contuvo, finalmente, y volvió su trabajo en pro del fraude inútil, fueron las votaciones masivas de los ciudadanos.
1988 la Comisión Nacional Electoral (dependiente de Gobernación) fue rebasada por el voto masivo para Cuauhtémoc Cárdenas, se cayó el sistema, dijeron entonces; en el 2006 el PAN y el PRI optaron por el Fraude Patriótico ante la votación a favor de Amlo, pero que no fue suficiente porque Calderón fue impuesto con el manipuleo en las mesas de votación; 2012 fue el paradigma del antes, durante y el después de operar el fraude. El antes, operó el Monex Gate; durante se usó dinero masivamente con los medios tradicionales de comunicación; el después, se operó los tradicionales rellenos de urna, ratón loco, etc.
El INE se escuda presentando las elecciones como modelo señalando que las casillas eran organizadas y manejadas por ciudadanos de manera aleatoria. En todos los fraudes, ellos lo sabían perfectamente, el fraude se operaba desde antes con la compraba de votos y con el manejo corporativo de los sindicatos y los empleados de los gobiernos federal, local y municipal. Esto tronó cuando se demostró como se ordeñaba a Pemex y, desde allí, se financiaba las campañas de Estado, el Pemex Gate fue la documentación del fraude de Estado y así siguieron impunemente haciendo fraude; después vino el fraude con los Amigos de Fox que también fue descubierto y documentado y finalmente el Monex Gate fue la última operación previa que se documentó, pero nunca se castigó.
En el proceso de Morena los gobernadores actuaron instruidos desde Palacio Nacional. Se usaron los recursos materiales, financieros y humanos de los gobiernos de los estados y de las delegaciones de la Secretaría del Bienestar. El ejemplo más público y documentado es el del estado de Colima donde Javier Pinto fue enviado a Jalisco envidos por la desvergonzada de Indira Vizcaíno.
Epigmenio Ibarra tuiteó: “Las y los gobernadores de Morena expresan públicamente su respaldo al proceso de consulta de Morena.” No podía ser de otra manera, pues ellos fueron los artífices de la operación del manipuleo del proceso. Bonitos se verían descalificando su propio trabajo.
Sabina Berman, la respetable dramaturga, dijo que ganó Claudia porque a diferencia de Ebrard ella sí había tejido fino.
Álvaro Delgado, Alejandro Páez Varela y Hernán Gómez Bruera. Todos, invariablemente, reconocen que en las encuestas se encuentran inconsistencias, pero finalmente sostienen: “Aun así, es preciso reconocer que la cantidad de trampas difícilmente justificaría anular todo el proceso, como planteó el ex canciller.” Y obviamente no tocan ni por error el uso del poder de los gobernadores y los recursos de cada uno de los estados de la República, en la etapa previa al proceso.
Recodemos, el INE siempre justificó los triunfos de la derecha presentando los resultados finales y solo reconocía algunas inconsistencias que no daban cabida a la anulación general porque no modificaban la voluntad popular, argumentaban.
Extrañas coincidencias de los artífices de los fraudes de ayer con los nuevos inquilinos de Palacio Nacional y sus apoyadores que argumentan exactamente lo mismo.
En finalizando el proceso, tanto en el partido, como en los medios afines a Morena, e incluso, no afines han iniciado el análisis y la crítica a partir de los resultados y no del manipuleo previo que se hizo. El tracking de las encuestas nunca varió desde el inicio hasta el final. Salvo en el caso de Noroña que sorprendió a muchos, nada vario desde el inicio.
La no variación tiene su origen en el trabajo, de los delegado y luego gobernadores, desde inicio del gobierno hasta la fecha de la aplicación de la encuesta y a la no confrontación de ideas de las corcholatas ni la programación de debates. Fue como un tour político sobre para cubrir el expediente.
Quizá algo que les falló fue el desplazamiento de Adán López Hernández al cuarto lugar lo que descalificó para convertirse en el eventual legitimador de los resultados y en su posterior trabajo del negociador de las posiciones que vienen para la campaña (diputaciones, senadurías y gubernaturas).
Conservar el poder perder la causa
Con las trampas similares de los corruptos de ayer (Prian), Morena ahora, pretende conservar el poder y ya puso en marcha su maquinaria para conservarse en el poder.
A cualquier precio y usando los métodos necesarios se enfilan a conservar el poder. Y es, casi seguro, que lo logren, el problema es que lo hacen a un costo enorme. Continuarán en el poder, pero perderán el consenso de la base popular, pero lo peor es que están dando armas a la derecha para volver, en el mediano plazo, y tendrá entonces todas las armas para desmantelar el Estado de bienestar y Morena y la izquierda, en su momento, carecerá de bases morales para defender los logros legítimos de la izquierda revolucionaria que, dicho sea de paso, tanto trabajo y sacrificio le han costado al pueblo.
En su momento, Castillo Peraza les advirtió a sus correligionarios, antes de morir en la soledad de un cuarto de hotel en Alemania, que el PAN no debía ganar el poder y perder al partido. Él estaba hablando de que no valía la pena ganar el gobierno si se perdía el instrumento que aglutinaba las causas por las que estaban luchando. A la postre el PAN perdió del poder y el partido terminó desdibujado en mano de vulgares ambiciosos, narcos y miembros del crimen organizado.
Hoy Morena enfrenta un dilema muy similar. Morena, por sus acciones, se ve que está dispuesto a conserva el poder, a cualquier precio, y ese precio es perder la causa por la que lucharon y por la que llegaron al poder con la esperanza de instalar en Palacio Nacional la causa de los pobres.
Morena, ha iniciado la perdida de los consensos, pues quiere conservar el poder, aun acosta de perder la causa de los pobres.