Columna
El puercoespín
A los conservadores no les importan los 38 migrantes fallecidos en la Estación Migratoria de Ciudad Juárez; mucho menos les importan los niños muertos de la Guardería ABC, a ellos les importaba proteger a la dueña que es pariente de Margarita Zavala y su criminal marido Felipe Calderón; los 43 estudiantes asesinados en Ayotzinapa no les importan, pues a los asesinos los han protegido a ultranza. Su discusión y sus reclamos no son por justicia y buscando la verdad, sus gritos son vulgares defensas de la corrupción y la impunidad.
Los neoliberales hicieron negocio de todo. Uno de esos negocios fueron las cárceles y las Estaciones de Migratorias, entre otros, donde los “empresarios” recibieron concesiones para manejar reclusorios a totalidad y en otros casos su manejo es parcial.
En caso de las Estaciones de Migratorias, que eran verdaderos espacios de reclusión, la seguridad y los alimentos eran concesionados a empresas privadas. Son negocios redondos, pues tienen los espacios y los “clientes” seguros para hacer negocios completos a costillas del Estado.
Desde 2016 el flujo migratorio de Centroamérica y Sudamérica ha venido creciendo enormemente con la excepción de 2017 que el flujo migratorio bajo un poco.
La seguridad de las Estaciones Migratorias tienen, en su mayoría, la seguridad concesionada a empresas privadas.
Los priistas y panistas conducidos por sus políticas neoliberales concesionaron la seguridad a empresas privadas para hacer grandes negocios. Hoy se dan golpes de pecho y piden justicia y esclarecimiento de los hechos. Sus políticas pasadas todavía tienen efectos.
El actual gobierno de Morena tiene responsabilidad porque debió denunciar o haber hecho públicas estas condiciones -aun cuando hemos visto la feroz resistencia de los corruptos y sus partidarios- para que, en llegando este tipo de hechos, supiéramos el origen de estos sucesos.
La empresa privada debe ser investigada y castigada con todo rigor, el Instituto Nacional de Migración debe ser investigado y judicializarse las carpetas de los funcionarios que resulten responsables.
No debe haber impunidad. No hay espacio para ella en nuestros tiempos.
Si el alcalde, ex panista y hoy converso al morenismo de Ciudad Juárez, fue el responsable de la detención de los migrantes debe ser castigado.
La semana pasada declaró públicamente “No vamos a tolerar que se esté acosando a las mujeres en los cruceros (por parte de migrantes)”, dijo.
En relación a la toma del puente Santa Fe el alcalde expresó “El incidente forma parte de la serie de problemas derivados del arribo de miles de migrantes latinoamericanos que en los últimos meses han llegado a esta ciudad fronteriza.”
El alcalde señaló, además, que “se están tomando medidas para que los migrantes tengan opciones de trabajo, y aseguró que ese tipo de cierres, que fue encabezado principalmente por migrantes venezolanos, afectan a la sociedad y economía de Juárez.”
Si el alcalde incitó a la violencia y demandó al delegado del INM en Ciudad Juárez o a cualquier otra autoridad de Gobernación o de Relaciones Exteriores, todos deben ser investigados y sancionados. Debe aplicarse la ley, pues lo que hicieron ofende a la sociedad mexicana y a toda la humanidad.
Si miembros del INM son, como es evidente que lo son, responsables o culpables de los homicidios dolosos debe castigarse a quienes resulten responsables, pues sus actos no deben de ser encubiertos. Con los neoliberales la impunidad era su esencia.
El presidente tiene una gran oportunidad para demostrar que efectivamente es diferente a Peña Nieto y Felipe Calderón.
Si la fiscalía judicializa la investigación y el Poder Judicial decide dejárlos en libertad, como hasta ahora lo está haciendo, ya será responsabilidad de ese poder político, pues poco a poco se está documentando que la magistrada presidenta de la SCJN, Norma Piña, es la cabeza de un conjunto de funcionarios peñistas y el calderonistas que tienen tomado el Poder Judicial. Pero el Gobierno de México tiene que hacer su tarea y si los corruptos de la mafia del poder siguen trabajando para los corruptos y asesinos la sociedad se los demandará, así vociferen día y noche y en todos los tonos y volúmenes.
La sociedad los juzgará y de ese proceso no podrán escapar.
Cuando alguien tiene verdadera indignación no distingue la ideología ni la raza ni el sexo ni la condición social de las víctimas, la indignación nace de lo profundamente humano.
La derecha hoy está haciendo política y está en libertad de actuar según su conciencia porque la historia a todos nos juzgará, pero no a todos nos absolverá.
La indignación de los conservadores es coyuntura y propagandista solo buscan confirmar que ellos fueron corruptos y están buscando a sus pares para justificar sus conductas del pasado y de hoy.
Su indignación es falsa, coyuntural, propagandista y de bajo valor humano. Su indignación solo llega a las salas de cabildeo de las oficinas públicas y a los pasillos del poder político.