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COLIMA

Su presencia o ausencia da lo mismo

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Columna

El puercoespín 

En la vida nadie es indispensable, pues todos somos prescindibles. Pero también es cierto que nuestra eficacia y eficiencia nos vuelve personas imprescindibles.

El que esté o no esté la gobernadora en Colima da lo mismo. El gobierno de Indi Vizcaíno es tan ineficaz que la ausencia o presencia de la titular del Ejecutivo resulta intrascendente.

Cuando un padre de familia se ausenta del seno familiar termina por dejar de pertenecer a la familia y no se trata de que lo expulsen o lo dejen de querer, su esposa o sus hijos, sino que la ausencia lo convierte de un ser ajeno. Deja de pertenecer a la familia, el vínculo de amor u odio  se desconecta, no se es más miembro de la familia, la distancia los volvió ajenos.

Así le pasó a Indi, la inútil, sus ausencias del estado terminaron por convertirla en alguien ajeno a la sociedad colimense.

Comenzó sus periplos como un chiste, como una divertida manera de una infante que se va de la casa a dar la vuelta a la plaza, sabiendo que va preocupar a sus padres. Fueron unas travesuras sus primeras escapadas a la CDMX.

Continuó con sus travesuras como un berrinche. Se sabía en el poder y experimentaba las novedades de su condición inédita, se sintió poderosa y por encima de los ciudadanos colimenses. Era la niña con el juguete nuevo.

Su ausencia y su bisoña condición de gobernadora fueron tejiendo la urdimbre que puso al estado en peligro, un riesgo que se concretó. Llegó el 25 de enero y la masacre de los presos en el Cereso marcaron las condiciones de inseguridad que vive el estado y la incapacidad del secretariado de Seguridad Pública que, desde entonces, no ha podido aplicar una estrategia local que pusiera en coordinación y sincronía a las fuerzas federales de la Marina Armada de México, Defensa Nacional y Guardia Nacional con la Secretaria de Seguridad Ciudadana y las policías municipales. Desde entonces la descoordinación y la incapacidad fueron poniéndose cada vez más en evidencia sin que hubiera una reacción de parte del Ejecutivo estatal.

Al principio las ausencias parecían coincidir con las muertes de 5 o 10 colimenses; sin embargo, poco a poco nos dimos cuenta que no era tal coincidencia, entre ausencias de la gobernadora y el incremento de la violencia, no. Lo que pasaba era que la violencia era constante así estuviera aquí la góber o ausente. Lo que pasaba es que la ausencia combinadas con las muertes, balaceras y atentados incendiarios hacían más fuertes los reclamos de su indolencia y sus prácticas políticas desafortunadas. Cuando se dio cuenta que el reclamo de los colimenses era válido y que ante la incapacidad de contener la violencia los ciudadanos reclamábamos empatía y que ella y equipo corrieran la misma suerte, es decir, acompañarnos aunque no hubiera  paz ni victorias sobre los violentos.

La gobernadora nunca lo entendió.

Se le llamó la atención de sus altos sueldos y ante el llamado tan fuerte de la sociedad su gobierno tuvo que recular, pero sin ofrecer disculpas convincentes.

Intentó correr la misma suerte de los colimenses y le bajo una rayita a los viajes, pero al primer descuido de la sociedad la infanta volvió a sus fatuos juegos infantiles regresó a sus travesuras de ausentarse del estado.

El presidente no fue a la cumbre climática en Egipto porque la verdad es puro turismo político  cuando sí lo hicieron políticos de oposición y, donde por cierto, nunca se logran resultados concretos y pactos firmemente honrados. El presidente mandó una representación formal y de esa manera estuvo presente, pero el continúa atendiendo los asuntos nacionales porque él sabe que son prioritarios.

El presidente no fue a la reunión del G20, y tuvo razón al no ir, pues los países asistentes se dedicaron –antes que tratar los asuntos económicos que le da razón de ser al grupo– a tratar los asuntos de la guerra. Hablaron y discutieron de la guerra entre Ucrania y Rusia porque para ellos esa es su prioridad. Para México lo prioritario es su economía, que dicho sea de paso, está muy bien y amenaza con estar mejor en el 2023 gracias al talento intuitivo y olfato político del presidente y del genio de las finanzas Rogelio Ramírez de la O.

México mandó su representación al G20 y el presidente permaneció en el país sin desvincularse del mundo, pero cada quien atiende y comparte su suerte con los que siente más empatía. Para el presidente lo más importante son los mexicanos y a ellos se dedica.

La infanta nuevamente se escapó a la CDMX a un evento del IMSS, donde bien puedo haber mandado una representación, pero no lo hizo, prefirió salir del estado para hacer turismo político e irresponsablemente dedicarse a la politiquería.

Los colimenses ya nos dimos cuenta –ya era hora– que es una infanta que esté o no en Colima es sustancialmente intrascendente, pues esa pueril gobernante es perfectamente prescindible. No varían las cosas si está o no está, las decisiones, si se toman o no se toman, suceden igual con su presencia o en su ausencia. La inercia del gobierno es la misma. 

El problema es que la infanta es gobernadora y ya destruyó al Poder Legislativo y al Poder Judicial, el Ejecutivo que ella encabeza es obvio que es un desastre.

Los resultados de un año de gobierno son fácil de verlos. Sus ausencias son iguales a sus presencias. Indi logró convencernos que ella no es indispensables que es perfectamente prescindible.

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