Escrito por Saul Martínez González.
El fenómeno económico de la inflación, no es un acontecimiento nuevo, dese hace más de cinco siglos, cuando el célebre economista inglés Adam Smith, fundador de la ciencia económica y promotor del liberalismo mundial, con su teoría de las ventajas comparativas del comercio en el siglo XV, ya existía la inflación; aunque era atribuida al exceso de oro en el mercado mundial, proveniente del saqueo de España a México, Perú y otros países de América Latina.
Desde entonces la ciencia económica se ha dedicado al estudio de este fenómeno, inherente al sistema capitalista y a las crisis periódicas y cíclicas que genera la propia dinámica de la ganancia. La macroeconomía, como ciencia, que surge con John Maynard Keynes, después de la crisis de 1929 en los Estados Unidos, ha sido uno de los fenómenos mas estudiados.
Desde el punto de vista de la macroeconomía, la inflación se genera en términos generales y sin entrar en detalles, por un incremento de la demanda de bienes y servicios que no es satisfecho por la oferta en un momento del tiempo, provocando el alza de los precios. La otra fuente de inflación es la insuficiencia de oferta de bienes y servicios, que no alcanza a cubrir la demanda, provocando también elevación del nivel general de precios. Una de la medidas mas comunes para frenar la inflación es la política monetaria restrictiva, es decir, aumentar la tasa de interés en espera que se reduzca el consumo y la inversión, cuyos recursos se orientan al ahorro en los bancos por lo atractivo de los réditos.
Todos los economistas, coinciden que la inflación mundial actual, es resultado fundamentalmente, no únicamente, por la pandemia del COVIT 19 desde el 31 de diciembre de 2019 en China. Esta enfermedad que se convirtió en pandemia, condujo a que muchas empresas dejaran de trabajar, disminuyeran sus jornadas de trabajo, se redujo la demanda de productos y servicios por el desempleo generado y finalmente se interrumpieran las cadenas de suministro global o mundial entre países. Un problema de insuficiencia de oferta.
La segunda causa fundamental de la inflación actual, es la guerra entre Rusia y Ucrania, no sólo porque estos dos países son potencia ( causa del conflicto) en la producción mundial de energéticos, petróleo y gas para generar electricidad, que han limitado el comercio habitual o flujo comercial de granos básicos y combustibles. Una escasez de combustibles, que transportan todo tipo de mercancías y personas, provoca incremento de sus precios; mientras que una detención (bloqueo) del comercio de granos, ocasiona una alza en el precio de los alimentos, inevitablemente, cuando estos países son de los mayores exportadores mundiales. La producción de ganado, ya sea bovino, porcino o aves de corral y huevo, se alimentan y compiten con el humano por granos como maíz.
México no esta aislado de lo que pasa en el mundo y sus efectos se han dejado sentir, al tener un escaso crecimiento económico en los últimos tres años, incluso con crecimiento negativo en 2021. México ha mantenido una política económica acertada y reconocida mundialmente en el manejo de la crisis de 2020 y una inflación baja, con respecto al resto del mundo, pero tienen fuertes presiones y puntos vulnerables.
Uno de los puntos más vulnerables es que durante décadas del modelo neoliberal fue despreciar la autosuficiencia alimentaria en aras del libre comercio, es decir, comprar alimentos mas baratos y subsidiados, dejando de producirlos internamente. Esta fue una decisión equivocada, porque los alimentos se han utilizado históricamente, como arma política por parte de las potencias, para someter a muchos países y vulnerar su soberanía.
La decisión reciente del presidente de Andrés Manual López Obrador de permitir la importación a los grandes monopolios que controlan el mercado de alimentos en México, es una decisión correcta porque someterá a los grandes empresas y productores de alimentos mexicanos a una libre competencia, que obligará a bajar los precios para el consumidor, pero que además beneficia a los mexicanos de menores ingresos, los asalariados y los más pobres, porque permite un descenso general de los precios de los alimentos. Por supuesto que existe resistencia de los grandes empresas y productores, porque ahora o se igualan en el precio y calidad o no venden y reducen sus cuantiosas ganancias, pero su propósito final de esta medida es proteger el poder de compra del salario.
Algunos conservadores y defensores de estos grandes empresarios argumentan que la apertura de las importaciones de alimentos a estos 15 monopolios, sin el permiso fitosanitario o de inocuidad de los alimentos es un peligro para la salud. Eso es lo que está detrás de la reducción de las ganancias, porque muchos de los alimentos importados reciben un minucioso y drástico control de calidad en los países de origen. Alguien que ha estado en fábricas o empacadoras de alimentos de los Estados Unidos saben el estricto control de calidad que tienen los productos para exportación, que además son estándares internacionales a los cuales el propio México se sometió cuando firmó el Tratado de Libre Comercio (TLCAN-TEMEC)
Así que no debemos espantarnos con “el petate del muerto”, nada ocurrirá al consumir carne de Argentina, Canadá o Estados Unidos. En todo caso, los principales preocupados por la importación de alimentos deben ser los países que exportan, porque estos quince grandes monopolios mexicanos, serán tales sus ganancias que estarán muy atentos a lo que compran. “Entre gitanos no se leen las manos”. Adelante con las importaciones de alimentos para que nuestro salario rinda más y tener en nuestra mesa alimentos de calidad.