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OPINIÓN

Con los ojos en la cara. Religiosidad popular rural Miguel Arcángel

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Escrito por: Ramiro Cisneros García.

Este escrito sencillo, es un homenaje a la fe del pueblo de Tepames y al Patrón San Miguel Arcángel. Tanto al Patrón como al pueblo los llevo en mi corazón y siento hacia ambos una infinita gratitud. Feliz año nuevo.

Era un septiembre reseco allá por los días de fiesta en honor del Santo Patrón. Las milpas estaban en banderilla y a punto de espigar, pero tristes. Había un problema que amenazaba con que no hubiera cosecha. De pronto las lluvias se habían retirado. No se trataba de un asunto menor.

Justo por esos días, fueron a visitarme un grupo de campesinos y manifestaron su preocupación: no llueve, dijeron y si así sigue, todos perderemos, pero, además perderemos todo, no habrá cosecha. Uno de ellos se adelantó y dijo: “préstenos al Patrón, lo queremos llevar a pasear por la carretera para que vea como están las milpas y lo que está haciendo falta el agua.”. El Patrón no es mío, es de ustedes, ¿Cuándo lo quieren llevar? Mañana mismo, así habíamos pensado. Está bien y espero poder acompañarlos. Tenía interés de ir con ellas y ellos y mi interés era genuino, pero no mayor que su fe. Eso debe quedar claro.

Ese día de la salida para hacer el recorrido, el sol brillaba con toda su fuerza, hacía mucho calor y allá arriba no había ninguna nube, nada que nos hiciera pensar en agua o en lluvia. Se iba reuniendo la gente y cada vez llegaban más. En eso, llegó un amigo muy amigo y me dijo: “vengo a ayudarte toda la tarde, tú busca qué hacer o vete a los toros.” Le dije, no amigo vamos a sacar al Patrón porque no ha llovido y hace mucha falta que llueva, la gente ya está muy preocupada.

Aprovechando que no había personas cerca, me dijo en voz baja: “amigo, para la siguiente vez, consulta al meteorólogo y dependiendo de eso lo sacan a dar la vuelta…Ve el cielo, está limpio, ni una nube. “Vamos a ir” ”dije. Sonrió incrédulo como diciendo, te lo estoy advirtiendo. Luego llegaron un grupo de hombres en un camión sin redilas para cargar la venerada y hermosa escultura del Patrón. Subieron dos que se iban a encargar de que no se cayera cuando el camión se pusiera en movimiento. Iban orgullosos por el privilegio de ir uno a su derecha y el otro a su izquierda. Luego le colocaron sobre los hombros una “china”, especie de protección para que no se mojara. Sobre la cabeza, un sombrero para protegerlo del sol y de la lluvia. Nos dirigimos a la carretera para hacer el recorrido de casi ocho kilómetros. 

Conforme avanzábamos, llegaba más gente de todas las edades. Mi amigo me miró alejarme junto con la comunidad detrás del camión y del Patrón. Entre las mujeres, iban las mejores rezanderas quienes sacaron los rosarios y comenzaron a guiar el rosario. No se cuántas veces lo rezamos, pero lo íbamos haciendo con mucha devoción, fe y esperanza en que el Patrón intercediera por nosotros. No era tráfico de influencias.

Sin embargo, hay algo que deseo destacar y que quede claro, no me invitaron, solamente solicitaron llevarse al Patrón y la razón era muy sencilla: una característica de esa religiosidad tan profunda es que se trata de autogestión laica, es decir, nace del pueblo ante una necesidad, una urgencia y por eso, la iniciativa y la organización es de ellas y ellos; nada oficializado ni burocrático.

Habrá quienes digan que es una religiosidad marginal y yo considero que puede ser cierto, pero no en sentido peyorativo y mucho menos de menosprecio, sino en el sentido de que no es institucional y por tanto, no depende de la voluntad de los miembros de ninguna jerarquía.

Otros dirán que es espontánea y yo pienso que es posible que tengan razón, pero solo en el sentido de que es libre y creativa; de que no permite ni imposiciones ni intromisiones porque nace de la comunidad. Y se cohesiona en una sola voluntad, en una sola fe, en una sola intención: que el bien sea para todos, que llueva para todos sin importar ninguna diferencia, sin que haya exclusión.

También hay quienes dicen que es emergente y alejada de lo ritual y en este caso también creo que es razonable porque fluye de la fe del “carbonero” y no de los “cultos”, de los “preparados” o de los teólogos. En ese momento en que aparecen las manifestaciones de los “incultos” hay una autentica relación o “religación” con el Ser en quien confían como en nadie porque el Patrón, comoquiera que se llame, es de fiar y no sabe de traiciones. Así ha sido siempre y así será.

La Religiosidad Popular se definiría por su relativa autonomía con respecto a la institución eclesial, sus normas y su sistema central pastoral. M. Marzal, antropólogo peruano dijo: “es la religión de las mayorías que se contrapone a la religión de las minorías tanto oficiales como no oficiales”.

Todo lo anterior, hace que se le pueda considerar como una desviación y hasta pareciera que hay razón, porque se sale del camino trazado, de la norma, de los ritos, de lo repetitivo y de lo que oficialmente se propone como ortodoxo.

Hay quienes consideran esas manifestaciones como irracionales, alienantes porque “evaden la realidad” y sale a colación aquello del opio del pueblo y hasta parecería que muchos prefieren la dominación ideológica a través de la religión que manipula y se asocia a los poderes fácticos, económicos y políticos.

Comenzamos a caminar a un paso lento y las mujeres, al final de cada misterio, entonaban cantos y decían alabanzas que habían aprendido desde la niñez. Alternaban cantos viejos y nuevos: “tropas de María sigan la bandera, no desmaye nadie vamos a la guerra”; “ven con nosotros a caminar, Santa María ven”. “Ven, ven Señor no tardes, ven, ven que te esperamos, ven pronto Señor”. Era tan grande la fe, que más de alguno veía que el Patrón estaba a punto de sudar y que sonreía.

Llegamos al lugar predeterminado, bebimos agua y los líderes, no yo, dijeron que regresáramos.

El cielo seguía limpio y emprendimos el regreso. Nadie manifestaba cansancio ni fatiga ni desánimo. A la mitad del recorrido, vimos como aparecían algunas nubes blancas y de vez en cuando veíamos al cielo todavía azul. Cuando ya solo nos faltaban dos kilómetros, el cielo ya no era azul a nuestra vista…se estaba cubriendo todo de nubes. Comenzamos a apresurar los pasos y ya cuando nos faltaban 400 metros para llegar a la entrada del pueblo las nubes eran de un color gris oscuro. Toda la gente sonreía como diciendo, “no que no”.

Apresuramos las pisadas y al Patrón le cerraron la “china” y le acomodaron el sombrero. A solo dos cuadras comenzaron a caer unas gotas grandes, pero cada vez más tupidas. Rápido llegaron más voluntarios y entre todos, pero con mucho cuidado bajaron al Patrón y lo pusieron bajo techo, en su lugar. Le quitaron la china y el sombrero. Resplandecía y sonreía.

Mi amigo que allí estaba y yo, cruzamos una mirada de asombro y ya cerca de él me dijo: “lo creo porque lo veo”.

Le dije al cohetero, “señor, quémenle dos baterías o cámaras a la hora de la Consagración porque al padre le gusta mucho el ruido y el olor a pólvora”.  Él me había dicho que no quería pólvora ni ruido ala hora de la consagración y menos en el momento de la “elevación del  caliz”. Se llevó un buen susto y yo pensé, “para que se te quite lo incrédulo.”

Yo no se que pasó, pero pasó. La fe en Dios y en los Patrones aumenta cuando hay una cratofanía, es decir, una manifestación de poder por insignificante que parezca. El Patrón da cohesión al pueblo, también lo protege. Aprendí que las manifestaciones de fe realizadas con sencillez y con tanta seriedad tienen una fuerza que no conocemos y puede, ya está dicho: mover montañas.

Ahora, acabamos de celebrar a la Patrona de México, Nuestra Señora de Guadalupe, la única capaz de dar cohesión a un país con muchos enfrentamientos y con muchos problemas a causa de la búsqueda del poder y todo lo que eso trae como consecuencia y ganancia.

Allá en el pueblo, San Miguel de la Unión, hubo ese año buena cosecha y bienestar, por eso, cuando van a ver al Patrón lo ven con respeto y embeleso. Lo miran como lo que representa y es para ellos…mientras tanto, yo me lleno de envidia no porque sepan más teología que yo sino porque no soy capaz de manifestarme como ellos, porque no soy sencillo, porque racionalizo un don que no tengo.

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