Colima, México, Avanzada (01/06/2025).- Durante los últimos trece días, del 19 de mayo al 1 de junio, Colima ha sido escenario de una ola imparable de violencia desatada por los cárteles delincuenciales. En este breve lapso, se registraron al menos 20 homicidios, cinco automóviles y tres inmuebles incendiados, además de la colocación de una narcomanta, en una muestra escalofriante del poder criminal que se extiende sin control sobre el estado.
Los hechos delictivos ocurrieron en diversos puntos de Colima: ejecuciones a plena luz del día, restos humanos esparcidos, cuerpos flotando en ríos, y vehículos y viviendas reducidos a cenizas. Del 19 al 31 de mayo, cada jornada sumó sangre y fuego a la ya lacerada seguridad de los colimenses, mientras la respuesta oficial fue prácticamente nula.
El 19 de mayo, un hombre fue ejecutado en El Ejido de Marabasco, en los límites con Jalisco. Al día siguiente, dos personas fueron asesinadas en Manzanillo y otra apareció flotando en un río de Cuauhtémoc. A lo largo de estos días, los crímenes se multiplicaron: en Villa de Álvarez, Colima capital, Tecomán, Armería, y Manzanillo, dejando un saldo devastador de víctimas, sin que las autoridades lograran frenar la violencia.
En medio de esta crisis de seguridad que mantiene a Colima como el estado con la mayor tasa de homicidios dolosos del país, la gobernadora Indira Vizcaíno Silva optó por volcar su atención a la jornada electoral. Mientras las balas retumbaban en las calles y las llamas consumían vehículos e inmuebles, la mandataria compartía mensajes entusiastas en redes sociales, celebrando lo que describió como una jornada “histórica y pacífica”, marcada por la instalación permanente de la Mesa de Coordinación para la Construcción de Paz y Seguridad, con un enfoque en el proceso electoral.
“Hoy estamos viviendo un momento histórico, nuestra democracia se fortalece”, publicó Vizcaíno Silva, invitando a la ciudadanía a participar con entusiasmo y responsabilidad en las votaciones.
La disparidad entre el discurso oficial y la realidad ha dejado a la población colimense en un estado de zozobra e incredulidad. Para muchos, las prioridades del gobierno estatal parecen estar más enfocadas en aplaudir la supuesta “histórica participación democrática” que en enfrentar la crisis de seguridad que golpea sin cesar.
Así, mientras la mandataria celebra lo que considera un avance democrático, las calles de Colima siguen manchadas de sangre, con un saldo de 20 muertos en menos de dos semanas y el clamor de una sociedad que exige respuestas ante la impunidad de los grupos criminales.