Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.
Malas Compañías
La desaparición de personas es una de las más trágicas expresiones de la violencia y la inseguridad que vive Colima, pero también un testimonio brutal de la indolencia con que las autoridades abordan, o en este caso ignoran, los temas fundamentales y de verdadera trascendencia para los colimenses.
De acuerdo con los datos oficiales, son 1 mil 462 las personas que se encuentran en calidad de desaparecidas en la entidad, y a las que actualmente solo buscan sus madres o familiares más cercanos, pues está claro que el régimen y sus principales cabezas no tiene interés en destinar recursos a esa lúgubre tarea que no les reporta ningún beneficio.
Cada vez resulta más evidente que el actual es un gobierno de apariencias, proclive a regodearse en los asuntos superficiales mientras que evade las temáticas complejas y para las cuales no tiene una solución. Así, las autoridades pretenden desaparecer de la discusión pública temas como la corrupción, la inseguridad y por supuesto, el doloroso tema de los desaparecidos.
En esa lógica, la administración de Indira Vizcaíno destina abundantes recursos y esfuerzos a programas que ofrecen réditos político-electorales, pero casi nada al rubro de la desaparición de personas, no obstante que se trata de una labor humanitaria que debería corresponder al Estado.
La indiferencia oficial se ha convertido ya en política pública, así lo demuestran hechos como la tardanza de un nombramiento oficial al frente de la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de Colima o la asignación de solo 8 agentes ministeriales para investigar los casos de desaparición de personas.
El más reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre desapariciones en México, revela que las autoridades no asumen un compromiso real para garantizar los derechos de las víctimas y sus familiares, lo que genera una responsabilidad directa del Estado.
Tal premisa se cumple fielmente en Colima, donde las instituciones son completamente omisas en el tema, tanto que la gobernadora Indira Vizcaíno Silva únicamente se reunió una vez, al inicio de su mandato y todavía en plan de prometer todo, con las madres buscadoras.
En tanto que el Poder Legislativo, controlado por la mayoría de diputados de Morena, recientemente se negó a considerar la integración de un grupo de trabajo interinstitucional que busque soluciones a la problemática. Peor todavía, el bloque oficialista ni siquiera discutió la propuesta.
Para los integrantes de la casta gobernante colimense hay prioridades: el reparto indiscriminado de recursos públicos a través de programas de dudosa efectividad, el posicionamiento de imágenes construidas desde la banalidad y por supuesto, todas aquellas acciones que garanticen la conservación del poder, ya sean legales o no.
En esa forma tan pueril de ejercer la gobernanza, los asesinatos de alto impacto, la criminalidad de todos los días y la desaparición de personas buscan invisibilizarse, como si no existieran al no ser nombrados, porque en el fondo y lo saben los gobernantes, son asuntos serios que exigen respuestas que no tienen los que gobiernan Colima.
Para un gobierno estandupero como el colimense, siempre es preferible esa realidad casi perfecta que solo existe en el discurso oficial. Las desapariciones, los homicidios, las extorsiones forman parte de una realidad que, está claro, el régimen considera inexistente y por lo tanto fuera de su ámbito de obligaciones.
A fin de cuentas, una transformación como la que se promociona desde el oficialismo será imposible si persisten los mismos problemas que enfrentaban los colimenses hace cinco, diez o quince años. La clase política y los encumbrados sí son otros, las desgracias y las tragedias son las mismas.
BREVE HISTORIA PARA CAMILA. La princesa cumplió 20 años esta semana, el mismo tiempo que desde este espacio le he dedicado unas líneas. Qué fugaz y caprichoso el paso del tiempo; cuánto han cambiado las cosas y qué afortunados de seguir en esta historia. Felicidades para la princesa y que en la búsqueda de su camino se tope con la felicidad. Tal como lo supuse siempre, dentro de ella existía un invencible verano que ahora, se manifiesta esplendoroso.