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COLIMA

Contrapesos en el arte

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Autor: Sergio Escareño.

No se puede ocultar el sol con un dedo. ¿Qué pensaría la presidenta Claudia Sheinbaum si se enterara de que, aquí en Colima, en varias secretarías existe nepotismo y amiguismo? Un ejemplo claro es la Subsecretaría de Cultura, donde es bien sabido que personajes clave ocupan puestos importantes sin experiencia en gestión pública y cultural, o, en algunos casos, con personas de dudosa honorabilidad y respetabilidad.

Desde su degradación de Secretaría a Subsecretaría, Cultura ha estado marcada por el desconocimiento y la improvisación. Por ejemplo, el Instituto de Radio perdió su independencia y quedó supeditado a Cultura. También se extinguió el Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología, y el museo dedicado al xoloitzcuintle, que promovía la difusión científica y tecnológica, fue eliminado.

Los primeros en llegar al equipo de Emiliano Zizumbo —sin rumbo alguno— fueron Javier Ramírez, quien se presentaba como un joven con experiencia administrativa en una cadena de tiendas, lo que, curiosamente, le bastó para ser secretario particular de Emiliano. Luego llegó Miguel Olmedo, un personaje sacado del archivo del Congreso del Estado, apasionado de las letras y partícipe en la creación de la Ley del Archivo en Colima, pero sin relación alguna con la gestión cultural. Hoy, está completamente sometido a los caprichos de su jefe.

A esta lista se sumaron los amigos de Emiliano: Miguel (IVRTV), Rafael Ceja (secretario técnico), Rafael Miranda (director jurídico), y Claudia Espíndola, junto con su equipo. En este último caso, se trata de personas formadas en una institución privada, completamente ajenas a la administración pública y sin vocación de servicio.

El deterioro de la Subsecretaría de Cultura también pasa por personajes como Lionel Maciel, señalado en múltiples ocasiones por desaparecer dinero de las entradas del museo en tiempos de Rubén Pérez. Sin embargo, esta administración lo rescató y, como si fuera poco, su esposa Julieta Colina ahora es titular de Semilleros Creativos.

José Emiliano Zizumbo Quintanilla, alias “Emi”, llegó a la Subsecretaría sin conocer la dependencia, sin revisarla y, sobre todo, sin intención de aprender sobre sus responsabilidades. Entre sus allegados se encuentra Andrés Chocotero, amigo y trabajador del padre de Emiliano, quien funge como jefe de mantenimiento de los bienes de Cultura, aunque las instalaciones están en pésimas condiciones. ¿No hay presupuesto?

Otras personas llegaron enviadas por bloques de Morena que no lograron acomodo en otros sitios. Uno de ellos fue Carlos Augusto, un joven egresado de los movimientos territoriales de Morena que trabajó arduamente en campaña y “se ganó su lugar”. También se integró Antonio, quien fue colocado en el ICRTV como coordinador de control interno, a pesar de no tener ninguna experiencia.

La historia no termina ahí. Otros personajes que ingresaron fueron Horacio Archundia y Juan José Munguía, cuyo principal mérito fue su amistad con Arnoldo Vizcaíno. También se sumaron Ambrosio “Bocho” y su amigo Andrés, quien ahora está en el departamento de Información Editorial. Dafne Zedillo tomó un puesto en la edición de libros, pero en lugar de producir material, se ha dedicado a experimentar con redes sociales. Por cierto, tiene a su esposo trabajando como secretario.

Casos como los de Tadeo Quintero y Edison Figueroa, responsables de los fondos de Culturas Populares y del PECDA, respectivamente, generan más dudas que certezas. En los primeros meses de esta administración, llegó la maestra Marta Pérez, quien, tras presentarse como representante de los grupos de la Secretaría de Educación, terminó instalada como directora. Lo primero que hizo fue llamar a su amigo Ignacio para dirigir los talleres, un área con ingresos propios que, según se sabe, no se reportan a la administración estatal. Antes, estos ingresos ascendían a $300,000 semestrales y servían como caja chica de directores y secretarios.

Otro puesto polémico fue el de Recursos Humanos, donde la prima de Javier obtuvo un cargo del que no tiene idea de cómo desempeñarse, a pesar de sus estudios. La primera encomienda de Emiliano —revisar la Subsecretaría— quedó opacada por su cacería personal contra el licenciado Felipe Delgado, a quien intentó imputar la pérdida de diversas obras. Al final, todo fue un juego para ganar notoriedad en redes sociales.

Hablar del deterioro de la Subsecretaría también implica mencionar la simulación de eventos públicos y la exclusión de maestros y artistas que buscan apoyo para difundir su trabajo, mientras se contrata a familiares para realizar talleres y actividades.

¿Dónde están las reparaciones de las butacas del Mexiac? ¿Por qué falta apoyo económico para la Fábrica de Innovaciones, cuyo director, David Dávila, tiene que poner dinero de su bolsillo? Casos como el del ingeniero Francisco Javier López Pintos, que sigue organizando la Semana de la Ciencia con sus propios recursos, muestran la indiferencia de esta administración.

Mientras tanto, anuncian la recuperación de un museo privado de la sal, pero cierran museos como el Jorge Chávez Carrillo y el Griselda Álvarez, que antes eran un orgullo para Colima.

Todo lo que aquí se menciona tiene pruebas. Aunque intenten descalificarlo como “fake news”, es un secreto a voces. Emiliano Zúñiga quedará en la historia como un ejemplo de cómo los códigos de ética, la moral y las reglas pueden ser torcidas y aprovechadas… incluso para ir en auto oficial de fiesta en fiesta.

Es cuanto.

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