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La congruencia en la lucha social de izquierda

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Colima, México, Avanzada (12/02/2025).- Este miércoles se cumplen 41 años de la muerte de Julio Cortázar, un escritor que además de la producción de una trascendental obra literaria realizó importantes aportaciones a la lucha social y a la defensa de los derechos humanos.

Nacido en 1914 en Bruselas, Bélgica, donde su padre era agregado comercial en la embajada argentina, y fallecido en París, Francia, en 1984, Cortázar fue un hombre con profundas convicciones de izquierda e ideas socialistas, que se consolidaron tras el triunfo de la Revolución Cubana y posteriormente la llegada de Salvador Allende al gobierno en Chile y el arribo al poder de la Revolución Sandinista en Nicaragua.

Sin embargo, el autor de la novela Rayuela nunca se afilió a ningún partido político ni perdió su libertad personal para el ejercicio de la crítica. Siempre fue congruente con sus ideas y no se dejó seducir por el poder. Su vida podría servir de testimonio y ejemplo para muchos activistas que cuando eran independientes luchaban por los derechos humanos y al llegar al poder transformaron notablemente su postura.

En uno de sus últimos artículos, publicado en octubre de 1983, cuatro meses antes de su muerte, Julio Cortázar resumió la que fue su posición política a lo largo de su vida:

“Sólo creo en el socialismo como posibilidad humana; pero ese socialismo debe ser un fénix permanente, dejarse atrás a sí mismo en un proceso de renovación y de invención constantes; y eso sólo puede lograrse a través de su propia crítica”.

Consecuente con esta visión, el escritor no dejó de reprobar los errores y abusos cometidos por regímenes socialistas.

Tras ejemplificar con algunos casos de aquella época como el de Polonia y Afganistán, Cortázar se refirió a “los atropellos a la dignidad y a los derechos humanos que se repiten ominosamente en muchos regímenes socialistas”, bajo la consideración de que “a cada reiteración de esos atropellos esos regímenes se alejan del socialismo en vez de afirmarlo”.

LAS CRÍTICAS NECESARIAS

Para el escritor argentino, “hay dos críticas igualmente necesarias: la que hagamos del Moloch norteamericano como exponente imperial de la dominación capitalista, y la que hagamos del socialismo cuando creemos que yerra el camino”.

En su lucha por los derechos humanos, en 1974 Cortázar formó parte, junto con Gabriel García Márquez y otros intelectuales, del Tribunal Internacional Russell II, que dio cuenta de violaciones a los derechos humanos en América Latina, donde se expandían las dictaduras militares con apoyo de Estados Unidos.

Este Tribunal internacional fue creado en 1966 para investigar la intervención de Estados Unidos en Vietnam y entre 1974 y 1976 el Tribunal se reunió nuevamente, para investigar los crímenes cometidos por los gobiernos dictatoriales en América Latina.

A pesar de que casi la mitad de su vida residió en París, Cortázar siempre tuvo presente a Argentina, país al que viajó cada que le fue posible, en los momentos en que no se encontraba vetado por los regímenes militares.

En 1970, viajó a Chile en solidaridad con el gobierno de Salvador Allende y al año siguiente, junto a Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, se opuso a la persecución y arresto del autor Heberto Padilla, en Cuba.

En 1974 recibió el premio Médicis étranger por su “Libro de Manuel”, y donó el dinero recibido al Frente Unificado de la resistencia chilena.

Durante ese mismo año, se unió a otros escritores como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Octavio Paz, para exigir la liberación del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, detenido por las fuerzas militares.

El 6 de marzo de 1981, hace ya 43 años, se realizó en Madrid, España, un acto de repudio a la dictadura genocida argentina, al que asistieron muchos exiliados y familiares de personas desaparecidas.

EL LENGUAJE DE LOS DERECHOS HUMANOS

En ese evento, convocado por la Comisión Argentina de Derechos Humanos, Cortázar pronunció un notable y extenso discurso en el que realizó una profunda reflexión ética, en la que expuso de manera muy clara su concepción sobre el sentido y el uso de las palabras que definen aspectos fundamentales de la lucha por los derechos humanos.

Inició su discurso de la siguiente manera: “Si algo sabemos los escritores es que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, como se cansan y se enferman los hombres o los caballos. Hay palabras que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad. En vez de brotar de las bocas o de la escritura como lo que fueron alguna vez, flechas de la comunicación, pájaros del pensamiento y de la sensibilidad, las vemos o las oímos caer como piedras opacas, empezamos a no recibir de lleno su mensaje o a percibir solamente una faceta de su contenido, a sentirlas como monedas gastadas, a perderlas cada vez más como signos vivos y a servirnos de ellas como pañuelos de bolsillo, como zapatos usados”.

Añadió: “Hay palabras-clave, palabras-cumbre que condensan nuestras ideas, nuestras esperanzas y nuestras decisiones, y que deberían brillar como estrellas mentales cada vez que se las pronuncia. Sabemos muy bien cuáles son esas palabras en las que se centran tantas obligaciones y tantos deseos: libertad, dignidad, derechos humanos, pueblo, justicia social, democracia, entre muchas otras”.

A manera de ejemplo de lo anterior, Julio Cortázar explicó en esa ocasión:

“Digo: libertad, digo democracia, y de pronto siento que he dicho esas palabras sin haberme planteado una vez más su sentido más hondo, su mensaje más agudo, y siento también que muchos de los que las escuchan las están recibiendo a su vez como algo que amenaza convertirse en un estereotipo, en un clisé sobre el cual todo el mundo está de acuerdo porque esa es la naturaleza misma del clisé y del estereotipo: anteponer un lugar común a una vivencia, una convención a una reflexión, una piedra opaca a un pájaro vivo”.

Advirtió que poco a poco esas palabras se viciaron, se enfermaron a fuerza de ser violadas por las peores demagogias del lenguaje dominante. “Y nosotros, que las amamos porque en ellas alienta nuestra verdad, nuestra esperanza y nuestra lucha, seguimos diciéndolas porque las necesitamos, porque son las que deben expresar y transmitir nuestros valores positivos, nuestras normas de vida y nuestras consignas de combate”.

El escritor hizo notar que detrás de cada palabra está presente el ser humano como historia y como conciencia, por lo que es en la naturaleza del ser humano donde se hace necesario ahondar a la hora de asumir, de exponer y de defender nuestra concepción de la democracia y de la justicia social.

Julio Cortázar hizo entonces un llamado a los luchadores sociales a la autocrítica, a la revisión minuciosa de las contradicciones que podrían existir entre lo que se dice y lo que se hace en el contexto de la lucha por los derechos humanos:

“Ese hombre que pronuncia tales palabras, ¿está bien seguro de que cuando habla de democracia abarca el conjunto de sus semejantes sin la mejor restricción de tipo étnico, religioso o idiomático? Ese hombre que habla de libertad, ¿está seguro de que en su vida privada, en el terreno del matrimonio, de la sexualidad, de la paternidad o la maternidad, está dispuesto a vivir sin privilegios atávicos, sin autoridad despótica, sin machismo y sin feminismo entendidos como recíproca sumisión de los sexos? Ese hombre que habla de derechos humanos, ¿está seguro de que sus derechos no se benefician cómodamente de una cierta situación, social o económica frente a otros hombres que carecen de los medios o la educación necesarios para tener conciencia de ellos y hacerlos valer?”

Enfatizó la necesidad de la congruencia y la coherencia entre las palabras y los actos.

“Una crítica profunda de nuestra naturaleza, de nuestra manera de pensar, de sentir y de vivir, es la única posibilidad que tenemos de devolverle al habla su sentido más alto, limpiar esas palabras que tanto usamos sin acaso vivirlas desde adentro, sin practicarlas auténticamente desde adentro, sin ser responsables de cada una de ellas desde lo más hondo de nuestro ser. Sólo así esos términos alcanzarán la fuerza que exigimos en ellos, sólo así serán nuestros y solamente nuestros”.

Sin duda, estas reflexiones de Julio Cortázar sobre los discursos y las palabras utilizadas en las luchas sociales fueron válidas en su momento y continúan siéndolas hasta la actualidad.

En 1983, poco antes de su muerte por leucemia, Julio Cortázar tuvo oportunidad de volver por última vez a Argentina, ya con la democracia restituida, recibiendo allí el abrazo de multitudes de admiradores.

  • Este texto, que permanecía inédito, fue presentado por el autor en la Feria del Libro Manzanillo 2024, evento en el que fue homenajeado Julio Cortázar en el aniversario 40 de su muerte. Para su publicación en Avanzada se le realizaron algunas pequeñas modificaciones y actualizaciones.

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