La esperada Sesión Solemne de Toma de Protesta del Gobierno Municipal de Manzanillo 2024-2027, que debía ser un evento de solemnidad y unidad, fue opacada por evidentes muestras de desdén entre la presidenta entrante, Rosa María Bayardo Cabrera, y la saliente, Griselda Martínez Martínez. El acto, que inició con el protocolo acostumbrado, se transformó en una exhibición pública de las tensiones políticas y personales que han marcado la relación entre ambas figuras.
La pugna entre los dos grupos políticos, liderados por Martínez y Bayardo, no es nueva. Durante todo el proceso electoral, la contienda fue intensa, y este día, las diferencias no se quedaron en el ámbito privado. Desde el momento en que Bayardo se acercó al presídium para realizar el juramento de ley, quedó claro que no habría cortesía entre ambas. Con paso firme, Bayardo se colocó frente al cabildo, pero evitó cualquier gesto de conciliación con Martínez, quien encabezaba la mesa de honor. No hubo saludo de manos, ni un cruce de miradas que mostrara disposición al diálogo o, al menos, una tregua simbólica.
El protocolo transcurrió sin mayores incidentes hasta el punto seis de la orden del día, donde se procedió a la toma de protesta de Bayardo. La nueva presidenta municipal, tras jurar el cargo, optó por retirarse de la escena, colocándose en una esquina del salón, a la espera de que el cabildo saliente abandonara el lugar. No hubo un agradecimiento o reconocimiento formal hacia su predecesora, lo que dejó un amargo sabor entre los presentes.
Lo más incómodo del evento llegó cuando Martha María Zepeda del Toro, secretaria del Ayuntamiento, pidió al cabildo entrante tomar posesión. En ese momento, algunos de los asistentes, afines a la nueva presidenta, comenzaron a gritar “¡fuera, fuera!”, en claro desprecio a la alcaldesa saliente. El acto, que parecía haber sido coreografiado para evitar mayores roces, terminó por convertirse en una escena de evidente hostilidad.
Las dos mujeres, Martínez y Bayardo, jamás intercambiaron una palabra o un gesto que aludiera a una transición política civilizada. La frialdad entre ambas era palpable, y dejó entrever que las diferencias políticas se han transformado en un distanciamiento personal irreconciliable.
Con esta tensa toma de protesta, la administración de Rosa María Bayardo Cabrera parece haber iniciado con el pie izquierdo, dejando claro que los conflictos internos dentro del gobierno municipal de Manzanillo serán una constante en los próximos años.