Connect with us

COLIMA

Lo hicimos: John nos peló los dientes 

Published

on

Compartir:

Columna

El Puercoespín 

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Esel verso número 22 de los 32 de que se compone el «Poema XX» escrito por el poeta chileno Pablo Neruda. Esta línea evoca la noción de cambio y la inevitabilidad de la transformación personal a lo largo del tiempo. La frase sugiere que las personas evolucionan y que, a pesar de ser identificables en esencia, ya no son exactamente las mismas que en el pasado.

Eso lo demostramos el pasado 27 de septiembre la generación 1968-1974 egresada de la escuela primara profesor Gregorio Torres Quintero. Estuvimos, exactamente 27, para actualizar la foto 50 años después.

Los maestros Enrique Pacheco Aguilar, Salvador Dávila Esquivel, Josefina Larios Martínez e Irma Dávila Esquivel estuvieron allí con nosotros como cada tarde a pasar lista. Su presencia fue todo un homenaje a todos los maestros y maestras que ya no pudieron estar porque ya murieron o porque fue imposible localizarlos; sin embargo, su presencia nos hizo sentir orgullosos de todo el personal docente que en algo contribuyó en hacer de nosotros hombres de bien, como diría el clásico.

Las aguas del ciclón John que, todo el día estuvo cayendo del cielo, fueron incapaces de inhibir nuestra presencia en nuestra amada escuela.

Esta escuela, la de entonces, ya no es la misma. En su pórtico desapareció el mural de piedras policromáticas, en su lugar, hoy está una imagen idéntica pintada en acrílico; la Dirección que fue el terror para los más malditos ya no está donde mismo; el cubo de las escales que, en 1973 estuvo a punto de colapsar, donde solo recuerdo una fina lluvia de polvo de cal y arena, ya no está más; la pila de la parte oriente desapareció, así como su fosa de arena que estuviera ubicada hacia la parte sur junto a su acceso trasero del edificio; el busto de Gregorio Torres Quinto con su indeleble frase en mayúsculas AMO A MEXICO, no está donde mismo, ahora ocupa el centro del graderío de la cancha principal de basquetbol.  

La escuela está rejuvenecida con el típico estilo del Comité Administrador del Programa Federal para la Construcción de Escuelas, Capfce. Moderna y Funcional.

Nosotros y ella, los de entonces, ya no somos los mismos.

Llegamos a la cita a las 6 en punto de la tarde y fluyó la primera foto con toda la carga de recuerdos, previamente, los abrazos tronados, al mismo tiempo que nuestros apodos volvieron a tener eco en aquel histórico vestíbulo: Peter, la Calaca, el Mele, el Berna, el cheko, el Peque, se volvieron a oír como antes, pero hoy húmedos de nostalgia, 50 años de recuerdos rebotaban en cada abrazo y en el choque de nuestras manos con las espaldas.

Después vino la misa en catedral donde todos bien uniformados con nuestra camisa blanca y nuestro popular pantalón de mezclilla volvimos a ser una clase, la única diferencia eran nuestros cuerpos cansados y el pelo completamente cano de la mayoría.

Inmediatamente hicimos un brindis en el quiosco del jardín de La Libertad donde cada uno habló de sus sueños hechos realidad, de algunos fracasos, de la distancia recorrida para estar allí y cómo casi la mayoría nos habíamos convertido en inmortales porque nuestros nietos habían llegado a nuestras vidas a darnos esa esperanza de vencer a la muerte.

Alberto Trejo nos insistió en que nos hagamos la prueba de antígeno protático especifico, creo que deberíamos, nosotros los desidiosos, indolentes e irresponsables escucharle, su campaña quedó muy gravada en mi mente. Escuchar a Alberto es un imperativo.  

Ingenieros, doctores, maestros, soldadores, comerciantes, entre otras vías, de cómo habías logrado la felicidad o casi haber logrado la felicidad.

Allí estuvimos rumiando nuestros logros, nuestros fracasos y celebrando la oportunidad que nos dio la vida para poder compartirlo.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Pero tuvimos la osadía y la valentía 27 individuos de volvernos a ver para cantarnos nuestros recuerdos.

Los maestros, intuyo yo, deben de estar muy orgullosos de nosotros porque nosotros de ellos lo estamos, su sola presencia allí era ya un homenaje a los maestros de la escuela primaria Torres Quintero, incluso para los maestros que ya no están con nosotros. La escuela colapsó, pero se volvió a levantar. Nosotros los de entonces estamos padeciendo los estragos del paso de 50 años, pero nuestros nietos ahí están para relevarnos y la vida siga.

Gran parte de la culpa de esta reunión fue la consistencia de Oscar Sánchez Cuevas, la generosidad de René Santos y Peter Murguía, así como la idea original de Oscar Tejeda, así como la valentía de los 27 que derrotamos a la indiferencia.

Abrazarnos, saludarnos, platicar después de 50 años poco lo hacen, entre esos, estamos inscritos nosotros los de la Torres Quintero generación 1968-1974.

Lo logramos el 27 de septiembre, nos reunimos 27 tránsfugas de la muerte. La muerte por el momento puede esperar. Ya van 50 años y no ha podido con nosotros, pues los compañeros que ya han partido siguen habitando nuestro recuerdo y allí siguen tercamente vivos.

Vamos por 50 años más. Ya hicimos historia. Vamos por más: uno, dos… los que sean. Tenemos que seguir siendo tercos.

Gracias a los 27 que reunimos el día 27, algo tendrán que decir los números porque en esta vida nada es coincidencia. 

Somos de esas generaciones que nunca colapsarán, porque nosotros, los de entonces ya no somos los mismos.

En el fondo todos estuvimos presentes, todos, porque la muerte nos pela los dientes. 

 

Compartir:
Continue Reading

UNIVERSIDAD DE COLIMA

Más leidas

Copyright © www.diarioavanzada.com.mx

Discover more from Diario Avanzada

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading