Columna
El puercoespín
El trabajo es la esencia del hombre: conclusión toral de Carlos Marx. Por ello todos los miembros militantes de izquierda valoran los productos derivados del trabajo. Un vestido artesanal tiene, no solo un valor estético, ni económico, sino también espiritual y humano.
B. Traven en su cuento de las Canastitas en Serie expone maravillosamente el valor histórico, sentimental, cultural, humano, económico y social del trabajo.
Por eso cuando vemos un trabajo hecho con las manos y si esas manos son de personas originarias que han trabajado sin herramientas, sin maquinas, se valorará aún más el producto porque tiene una cercanía más intima con su creador.
El gobierno de Indira es la casa del jabonero, sí, ese lugar donde el que no cae resbala. Toda su administración un día cae y al otro día resbala.
Indira el año pasado uso un vestido carísimo y sus matraqueros amigos matraquearon, muy fuerte, para tapar la crítica. La crítica les demostró el desastre en el que naufraga su gobierno y terminaron pidiendo hablar del vestido y cerrar los ojos frente al desastre financiero, de seguridad y de economía.
Este año no hubo vestido caro -bueno, todavía no se sabe cuánto costó el que uso este año-. Lo cierto es que el resbalón lo dio en otros rubros.
Resulta que a Indira le importan muy poco los símbolos que aprecia López Obrador. Me refiero a la lucha frontal contra la monarquía española que históricamente ofendió, masacró y sigue sin disculparse con los actuales mexicanos; sin embargo, lo primero que hace la pueril gobernadora es contratar una cantante ordinaria de origen español. Cantantes como ella hay cientos en México.
Eso, por un lado, pero por otro, resulta que fue un fiasco la cena de la Noche del Grito.
Resulta que la cena que se sirvió en Palacio de Gobierno consistente en los siguientes platillos: chiles en nogada, pozole seco y esquites de elote, todos preparados por un chef extranjero para darle más caché -por aquello que caché, en el ámbito del espectáculo se refiere a la cotización de un artista o profesional que actúa en público-. Se cuenta, entre los pasillos de palacio, que uno de los platillos contenía oro -literalmente-. Los platillos del extranjero chef resultaron un fiasco y los comensales optaron por no ingerirlos por lo malo de los platillos. A tal grado fue lo pésimo de los platillos que ella -la gobernadora aprendiz de maga- optó por mandar comprar una hamburguesa a la hamburguesería de la esquina y, en terminándose su fast food, decidió retirarse. Es importante agregar que algunos consejeros le sugirieron mandar por una torta a La Polar, para estar más ad hoc con el evento.
No es una buena idea contratar a un chef extranjero para hacer comida mexicana. Gastar en cosas fallidas no es muy aconsejable, pero si el dinero es de otros, tal vez despilfarrar el dinero de los colimenses no le importe mucho.
Lo paradójico y verdaderamente absurdo, pero muy congruente con su pueril forma de ser, es que haya invitado para la noche a una artista extranjera para el espectáculo y para la elaboración de los platillos mexicanos a un chef foráneo.
Los sopes de la Villa siempre los harán mejor las cenadurías de la Villa, difícilmente un chef alemán o gringo las superará.
Este año su vestido no fue de diseñador de alta costura sino -aparentemente- de un artesano de la localidad, un producto artesanal regional, con bordado de punto de cruz y, todo eso, propio de las tierras colimotas que como bien lo ilustra B. Traven en su cuento Canastitas en Seria. Una persona que no hace un trabajo enajenado ni enajenante vive feliz consigo mismo y los demás. El norteamericano fiel a sus principios capitalistas veía ante todo el negocio y la ganancia y, por lo tanto, quería aprovecharse del indio al querer explotar el producto produciéndolo en masa y; sin embargo, el indio solo veía sus canastitas como obras de arte, hechas con amor y mucha paciencia que le permitía a obtener una ganancia básica, y aunque no hacia muchas, en poco tiempo, era porque el indio ponía en su trabajo algo de sí mismo, cosa que difícilmente un gringo puede entender.
Eso es lo que se valora en las piezas artesanales mexicanas, antes que el glamur, el costo y lo exótico.
Pero, nuevamente estamos hablando de todo, menos de políticas públicas. Será porque Indira vive en la casa del jabonero y su puerilidad es muy superior a su capacidad de gobernar.
Chef y artistas extranjeros hacen del gobierno de Indira un gobierno de humor negro involuntario, donde se antepone la puerilidad.
En la casa del jabonero, el año pasado, Indira se cayó con su vestido caro, verde, de arbolito de Navidad y este año se resbaló con los platillos con oro, de pésimo sabor, según las versiones de los comensales invitados.