Aun cuando cambiaron la fecha para rendir el informe correspondiente, sabemos que el primer día de noviembre se cumplió un año en funciones de este nuevo gobierno, del gobierno de la autollamada 4ª Transformación de México y de cada estado que gobierna Morena, a decir de sus militantes.
¿Qué podrá informar la gobernadora, Indira Vizcaíno Silva, en su primer año al frente del gobierno colimense? No hay grandes expectativas, porque no se observan obras ni acciones más allá del reparto de recursos en los programas sociales, tanto federales como estatales, y no creemos que la transparencia se le dé a la primer mandataria para informarnos con veracidad sobre la inseguridad que sigue rampante.
Ha sido muy notoria la indiferencia de Indira a los hechos violentos que un día sí y otro también vienen sufriendo los colimenses, delega completamente la responsabilidad en sus funcionarios y en la coordinación que éstos puedan tener con las áreas respectivas del gobierno federal y no se inmuta ante las noticias de los hechos violentos que cada día incrementan las estadísticas que están haciendo de nuestro estado, el que encabece la lista nacional con el mayor número de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, según los registros de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Hace unas semanas que llegó un nuevo director o secretario de seguridad pública que de inmediato cuestionó la confiabilidad de la estrategia que se había estado siguiendo, misma que después, palabras más o menos, declaró que retomaría y aseguró que se seguiría trabajando en la prevención de los delitos. Sin embargo, hasta el mes de agosto pasado, los registros del gobierno federal señalan más de 800 asesinatos ocurridos en Colima desde el mes de enero del presente año. Y esto fue confirmado por el vocero de la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz y la Seguridad formada en el estado. Incluso, esta cifra se incrementa si le sumamos la estadística de los dos primeros meses de gobierno del año pasado.
Hace unos días, ante la evidencia mostrada por una investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, la Fiscalía General del Estado de Colima tuvo que reclasificar 16 casos de mujeres víctimas de homicidio doloso, como feminicidio. Y es que a principios del mes de octubre – gracias a un trabajo serio y profesional de periodismo – fue evidente que la entidad falseaba las estadísticas al ser la única en todo el país que reportaba en cero este delito.
La investigación periodística señala que “después de analizar 70 carpetas de investigación, la dependencia estatal reconoció que se había acreditado al menos una de las razones de género que establece la ley para considerar la muerte de una mujer como feminicidio”, por lo que procedió a reclasificar los delitos y encontrar en ellos 16 feminicidios.
Con estas revelaciones, así como con los detalles del caso de Viridiana Tapia, cuyos restos permanecen en una fosa común mientras sus familiares la han buscado desesperadamente, sin saber que había sido víctima de la violencia por parte de su pareja, podemos concluir que el hecho de que una mujer gobierne el estado no ha sido suficiente para que la sensibilidad y empatías femeninas se traduzcan en políticas públicas de apoyo a la mujer y ni siquiera, en la accesibilidad para atender los reclamos familiares.
¿Cuál es entonces la ventaja de que una mujer gobierne Colima y de que el cambio haya llegado a nuestro estado? Hasta el momento no hay ninguna, las formas y modos de gobernar de la antigua hegemonía priístas siguen vigentes, endeudando al estado sin realizar obra pública de importancia alguna – creo que ni obras con la importancia mínima – y haciendo caso omiso de la ola de inseguridad que sigue campeando en el territorio colimense.
Sí, se ha cumplido un año de gobierno, pero lo diferentes no se les nota. Se rotan funcionarios de una dependencia a otra como si fueran todólogos, se incorporan viejos priístas al gabinete gubernamental, se regalan computadoras con la pública sospecha de adquisición a sobreprecios, y hasta se le cambia el título de Reina de la Feria de Colima a la ganadora del certamen para dejarla en una Embajadora de la Feria, ahora que después de dos años de no organizarla por motivos de la pandemia, se ha retomado con una mujer gobernadora.