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AMLO frente a su espejo

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La consulta sobre revocación de mandato de este domingo 10 de abril fue impulsada por el propio presidente, Andrés Manuel López Obrador, con el argumento de que se trata de un “ejercicio democrático” que permitiría a la población expresar si desea que quien ocupa la titularidad del Poder Ejecutivo Federal concluya el sexenio o se vaya antes de tiempo.

No se puede negar la importancia que implica para un sistema democrático el hecho de que exista la figura de la revocación de mandato, pues representa un valioso instrumento que empodera a la ciudadanía para retirar su confianza y destituir a un gobernante cuando éste no ha respondido las expectativas de la población.

Sin embargo, la consulta de este domingo no cumple las características necesarias para ser considerada un verdadero ejercicio democrático. En realidad, significa una estrategia urdida desde la cúpula gubernamental para la consolidación de AMLO en el poder y fortalecerse rumbo al proceso electoral de 2024, así como para satisfacer el egocentrismo y el culto a la personalidad de López Obrador, entre otras probables intenciones ocultas.

Desde varias perspectivas, se ha discutido y podría seguirse discutiendo el hecho de que esta consulta además de innecesaria, carente de legitimidad y hasta de legalidad, en realidad no constituirá un aporte democrático.

El artículo 5 de la Ley Federal de Revocación de Mandato define: “El proceso de revocación de mandato es el instrumento de participación solicitado por la ciudadanía para determinar la conclusión anticipada en el desempeño del cargo de la persona titular de la Presidencia de la República, a partir de la pérdida de la confianza”.

Por la manera como se fraguó esta consulta, se viola el espíritu de este artículo porque no fue un ejercicio surgido ni solicitado desde la ciudadanía “para determinar la conclusión anticipada en el desempeño del cargo… a partir de la pérdida de la confianza”, sino un mecanismo impuesto desde el poder, obviamente no con la intención de que se revoque el mandato presidencial, sino que se le ratifique. Si se tratara de un cuento de príncipes encantados, seguramente esta consulta equivaldría a observar en una escena al presidente preguntándole al espejo si él sigue siendo el más hermoso del reino.

Además, la figura de revocación de mandato se incluyó en la Constitución General de la República cuando el presidente ya se encontraba en el poder y la Ley Federal de Revocación de Mandato se aprobó apenas en septiembre de 2021, por lo que tendría que analizarse si es viable jurídicamente y se le debería aplicar retroactivamente al actual mandatario, que fue electo para un periodo de seis años.

Una consulta como la de este domingo no era necesaria porque no hay sectores significativos de la sociedad pidiendo la revocación del mandato. Por el contrario, los índices de popularidad del presidente siguen siendo altos. Por lo anterior, resulta surrealista que, después de la instrucción de AMLO, los principales promotores de la consulta de revocación y de la recolección de las firmas para entregarlas al Instituto Nacional Electoral, hayan sido los seguidores y simpatizantes del presidente.

Y ante el cuestionamiento de que esta consulta no era necesaria porque no había sectores importantes de la población pidiendo que se revocara el mandato a AMLO, algunos de sus seguidores han argumentado que servirá como un ejercicio para que la población aprenda que si después le toca al país un “mal presidente” (o sea, si regresa el PRIANRD) puede organizarse para hacer que se vaya antes de concluir el sexenio.

No obstante, por la manera como se organizó esta consulta, desde el poder, no parece que vaya a dejar un buen aprendizaje de autoorganización en la sociedad, pues en los hechos el mensaje enviado a la ciudadanía es que una consulta de revocación de mandato surge desde el gobierno, no desde el pueblo.

Respecto de este tema, resulta muy esclarecedor el punto de vista que expresa el investigador David Altman en una entrevista que le realizó el periodista José Gil Olmos para la edición de la revista Proceso que circula este 10 de abril.

Dijo el especialista que este primer ejercicio en México de consulta de revocación de mandato presidencial no es un acto de participación democrática directa que tiende a la anulación del encargo, pues parece más un plebiscito de ratificación porque tiene un uso táctico político muy claro, pues a su juicio lo que hará este domingo 10 el presidente López Obrador será una confirmación de su poder, como lo hicieron en su momento Evo Morales en Bolivia y Hugo Chávez en Venezuela.

Y abundó: “Es algo muy raro, se trata de un hombre (Andrés Manuel López Obrador) que cae bien a la ciudadanía y no creo que se quiera ir de la Presidencia; es evidente que tiene un objetivo político distinto. Lo que vamos a ver en México no es lo que en la literatura política se considera un revocatorio de mandato, lo que vamos a ver es más un plebiscito ratificatorio”.

Según Altman, el caso mexicano “es rarísimo porque la persona que sería sujeto de la revocación, pone a todo su aparato para juntar firmas”. Consideró que al provenir de un gobierno o de una autoridad, el ejercicio de revocación de mandato se desvirtúa en su esencia y origen, que es un derecho ciudadano.

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