Colima, México, Avanzada (22/10/2026).— La infraestructura carretera y ferroviaria, junto con los cambios de uso del suelo asociados a ella, constituye el principal factor de fragmentación de los ecosistemas de Colima, advierte el Proyecto del Programa Estatal de Ordenamiento Territorial Sustentable y Desarrollo Urbano (PEOTSDUC).
El documento, disponible para consulta pública hasta el 13 de noviembre en la página de la Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad (Seidum), identifica la mayor ruptura ecológica entre los sistemas montañosos del poniente y del oriente del estado.
De un lado se encuentran la Sierra de Manantlán y su corredor hacia la zona de Canoas; del otro, las montañas que se extienden por Ixtlahuacán y el sur del municipio de Colima. Entre ambos sistemas se encuentran el valle del río Armería, campos agrícolas, la vía ferroviaria y la autopista, que forman dos líneas de fragmentación de norte a sur.
En la página 124, el proyecto señala que los ecosistemas frágiles, las especies en riesgo y el estado de conservación del entorno deben determinar dónde es viable urbanizar, construir infraestructura o desarrollar actividades productivas. Ignorar esos límites puede provocar conflictos ecológicos y sociales, además de afectar la disponibilidad de agua, la regulación del clima y el control de riesgos.
Con estimaciones que atribuye a la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), correspondientes a 2020, el documento indica que 152 mil hectáreas se destinan a la agricultura intensiva y 158 mil a pastizales o ganadería. En conjunto, representan alrededor del 55 por ciento de la superficie continental del estado. Otras 197 mil hectáreas, equivalentes al 35 por ciento, mantienen cobertura forestal o vegetación secundaria.
El diagnóstico señala que el pastoreo libre en zonas forestales contribuye a la deforestación, compactación y erosión del suelo. También relaciona la práctica de roza, tumba y quema con la degradación ambiental y la pérdida de biodiversidad, además de advertir sobre las implicaciones de la actividad minera en las cuencas y fuentes de agua.
El propio proyecto reconoce que muchos usos del territorio no han sido planeados conforme a la capacidad del entorno. Frente a ese rezago, propone delimitar áreas prioritarias de conservación, establecer usos compatibles con los ecosistemas y regular la expansión urbana en zonas de riesgo.
El documento permanece en consulta pública, por lo que sus recomendaciones aún deben traducirse en reglas y decisiones concretas sobre el uso y aprovechamiento del territorio colimense.
*Imagen ilustrativa, tomada de la red social del Gobierno del Estado de Colima.