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La lectura profunda en retroceso: la desigualdad digital amplía brechas educativas

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La “obesidad cognitiva” causada por el consumo digital amenaza con ampliar la desigualdad social y política en las próximas generaciones.

Ciudad de México, Avanzada (28/08/2025).- Un reportaje de The New York Times advierte sobre un fenómeno inquietante: la capacidad de concentración y comprensión lectora, que durante décadas mostraba avances en países desarrollados, ha comenzado a deteriorarse en los últimos años. El retroceso afecta con mayor fuerza a niños y jóvenes de bajos recursos, donde el tiempo frente a pantallas está reemplazando a la lectura tradicional.

El llamado “efecto Flynn”, que describía el crecimiento constante de los niveles de razonamiento e inteligencia, parece haber entrado en declive. En las comunidades más pobres, los indicadores de comprensión lectora muestran descensos notables. De acuerdo con el análisis, este cambio coincide con el auge de la cultura digital basada en videos cortos, memes y plataformas como TikTok o YouTube Shorts, las cuales desplazan los textos largos y exigen un tipo de atención más fragmentada.

Expertos citados por el medio comparan este fenómeno con la alimentación ultraprocesada: productos accesibles, atractivos y difíciles de resistir, pero con consecuencias negativas a largo plazo. En este caso, se trata de una “obesidad cognitiva”, donde la distracción constante reduce la memoria, el pensamiento crítico y las habilidades lingüísticas.

Un estudio encabezado por la especialista en alfabetización Maryanne Wolf muestra que los niños de familias con ingresos menores a 35 mil dólares al año pasan, en promedio, dos horas más frente a dispositivos que aquellos de familias con mayor poder adquisitivo. Esa diferencia, señala, se traduce en desventajas cognitivas desde la infancia y amplía la brecha social.

El problema no solo radica en el tiempo de exposición a las pantallas. Investigaciones recientes indican que la pobreza también limita el acceso al capital cultural: habilidades, códigos y conocimientos necesarios para desenvolverse en la vida social. En entrevistas realizadas en la región Laja Bajío, Guanajuato, personas de bajos ingresos relataron experiencias de discriminación y exclusión por no dominar lectoescritura, trámites digitales o el uso de computadoras, lo que refuerza un círculo de desigualdad.

Mientras tanto, las élites parecen tomar un rumbo distinto. Según The New York Times, figuras como Bill Gates o Evan Spiegel han restringido estrictamente el uso de dispositivos a sus hijos. En Estados Unidos, incluso han surgido escuelas privadas con colegiaturas de hasta 34 mil dólares al año que promueven la lectura de clásicos y prohíben celulares en las aulas. En contraste, en la educación pública resulta mucho más difícil aplicar medidas de desconexión digital.

El riesgo, advierte el diario, es que las nuevas generaciones crezcan sin haber desarrollado la capacidad de lectura profunda. De consolidarse esta tendencia, el efecto no solo sería educativo, sino también político: un electorado más vulnerable a la manipulación, menos crítico y más proclive a la desinformación y las teorías conspirativas.

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